Coprolitos

Lo más cerca que estuvieron Coprolitos de grabar un LP. Convencidos de que su formato ideal era el del sencillo, cuando se encontraron con los 8 temas que componen este trabajo, el grupo, a pesar de los costes adicionales que eso suponía, se decanta por un doble sencillo. Y eso que desde Blondes Must Die Records, el sello de Rivas Vaciamadrid que editase sus discos desde «Coprolitos» (Blondes Must Die, 2008), se les sugería un mini-LP.

Grabado de nuevo, como ya ocurriera con el sencillo anterior «Miss Melilla» (Blondes Must Die, 2009), en los estudios Tigruss de Gandía (Valencia). En esta ocasión durante los días 18-20 de octubre de 2010. Araceli Gilabert es la autora de las fotos del interior del cartón, con foto del grupo simulando un ritual en las catacumbas de la Gran Cueva, y de María, la cantante, maquillaje felino-gatuno en la cara, que hay en una de las dos hojas interiores. En la otra hoja, además de las letras, la foto de un ritual, esta vez con visos de mucha mayor veracidad que la simulada por el grupo. Ambientación pues, desde la misma portada, que tiene un grabado sacado de un tratado medieval en el que una bruja besa el trasero del macho cabrío (Satán vamos) y las galletas de los vinilos con conjuros, para situarnos en una atmósfera cripto-demoníaca.

Tonos tenebrosos para confirmar lo presagiado por María, a modo de broma entonces, de editar un álbum con portada negra y disolver el grupo tras ello. Y es que efectivamente así fue. Tras facturar el disco con mejor calidad de sonido, Coprolitos deciden parar.

Algo oscuros son ciertamente los temas, pero tanto Alberto (bajista) como Javi (guitarra) nos descartan que se tratase de un disco conceptual al uso. Lo cierto es que descartaron canciones y tomas que sonaban más pop y luminosas, pero que simplemente no funcionaban.

Lo que sí nos comenta el bajista es que probablemente «Ellos«, auténtica sorpresa en su sonido, daría la indicación de por dónde podrían haber ido los derroteros musicales del grupo. María no tiene que forzar su voz, toda una novedad en la apuesta casi continua que hasta entonces habían tenido por los gritos de su cantante. Algo de la Alaska oscura, de Ana Curra en su timbre. Aunque parece ser tónica general de todo el doble sencillo, es en este tema donde el relajo en este aspecto es mayor. La letra habla de los que terminan atrapando a la protagonista, víctima de una persecución sin esperanza alguna, salga o se quede en casa. Muy interesante.

De temática claramente oscurantista, existe un eje transversal que une la práctica totalidad del primer disco. El gran comienzo de «El ritual«, tiene una vigorosa continuación en «Tres trozos«. Bajo galopante, de marcada personalidad, como en el tema que lo abría. Coros con ecos de Alberto en un ligero toque del siniestrismo de los 80. Son tres efectivamente los trozos en los que quiere partir María el cuello de la víctima a sacrificar: tú.

Si mencionaba aires de los 80 y tenebrosos, resulta digno de remarcar los tonos cercanos a Décima Víctima que tiene el comienzo de «La pirámide«. El tema sin embargo evoluciona de forma bien interesante por muy variados vericuetos, con aceleración comedida aplicada cuando conviene.

Gran final del primer disco con «El alta«. Arranca con pegada y te envuelve en los desarreglos neuronales y de caos mental de la letra. Columna vertebral, la que da todo el armazón oscuro, apoyada en el bajo y que se ve arropada por arrancadas de marcada intensidad. Muy buena canción.

Para el segundo disco un comienzo que tiene algo de experimental. Aires casi de free jazz desde la sección rítmica sobre todo, que alcanza una credibilidad total con la tensión que adquiere el tema para llevar en volandas una estrofa rotunda: «Nunca voy a reconocer que desde que no estás, mi vida es una braga«. Me atrevería a decir que es uno de los tres cuartos de canción más apasionantes que he oído nunca.

Simpáticas excursiones en más capítulos de demencia y esquizofrenias, los de «El brazo de la calle Ministriles«, que sacrifica parte de su continuidad musical por dar peso a la historia, comunicado de noticiero incluido. Percibe uno la pasión de Alberto por las historias truculentas germinadas en la aparente normalidad de las casas vecinales.

La de «Las jeringuillas no se comparten» tiene un no se qué de frases de castigo a escribir mil veces. En una aparente olla de músicas posibles que parecen bullir en su interior, parece primar la de punk rock más o menos clásicos.

¿Quizás el mejor disco de Coprolitos? Pues probablemente sí, ¿por qué no?

Grupo:

La repentina decisión de su cantante de...

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Tracklist:

Disco 1

  1. El ritual
  2. Tres trozos
  3. La pirámide
  4. El alta

Disco 2

  1. Bebo sola
  2. El brazo de la calle Ministriles
  3. Las jeringuillas no se comparten
  4. Ellos

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