portada del disco Chocolate per Tutti

Desde que una voz femenina, que dice ser la mamá de los Huapachá, presenta el disco al más puro estilo teatral hasta la máxima filosófica “Pedro ergo sum”, que cierra este LP tirando de la cadena del inodoro; Huapachá Combo desgrana su particular espectáculo trufado de música cabaretera y números que bien podrían formar parte de cualquier revista. La propuesta del grupo es la del cachondeo. Un cachondeo que no entiende de idiomas (catalán, castellano, italiano y lo que se tercie), ni entiende de estilos musicales (rock, bolero, folk, mambo, vals...). Esta vez sus abundantes guiños a la galería son más abundantes que nunca y en medio de cualquier tema, nos cuelan de matute una melodía de Glenn Miller, una canción infantil, música de circo, una diana militar o los más variados sonidos procedentes de cualquier animal de cuatro o dos patas. A veces se trata de guiños realmente graciosos, pero otras veces resultan algo superfluos.

La pieza que da título al álbum es un desparrame italiano, seguida casi sin respirar por una especie de trabalenguas malintencionado con envoltorio clásico: “Balada de Sansón y Dalila”. Después una peculiar canción amorosa italiana de ronca voz solista y amante con pocos miramientos, que revolvería las tripas a Richard Cocciante y toda su parentela. Un tema a lo Sinatra en la que la voz solista realmente lo borda con los puntos justos de bromas y veras. Para rematar por fin la cara A con otro desmadre en francés macarrónico con ritmos brasileiros tocando por las partes bajas.

La cara B se abre con una dedicatoria a las chicas que no se saben maquillar: “El baile del moflete” , uno de los cortes más pegadizos de toda la historia del grupo con una letra lúdica donde las haya que termina convertida en otro equívoco lingüístico. El número moderno (ellos dirían modelno) viene titulado “Quó come”, donde un rocker tragaldabas expone sus quejas hambrunas. Salsa catalana en “Eterna luna de miel”. Un bolero made in Machín en la que se expone por la vía de la crueldad física y mental la forma de conservar el amor: “Quizás”. Continúa el disco con el inevitable rock and roll que aparece puntualmente en todos los discos de Huapachá, esta vez dedicado al presidente de la comunidad con una problemática social real como la vida mismo. Cierra este disco-espectáculo una canción cantada en catalán a ritmo de Xavier Cugat, que también había nacido por esas tierras.

Un disco recomendable para días de cansancio y bajón con el que Huapachá le pone las pilas al más deprimido. Alterna algunos temas con bastante tirón como “El baile del moflete” o “Chocolate per tutti” con otros que desmerecen un tanto el resultado global.

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