portada del disco Antònia Font

Un disco de debut puede ser indicativo, magistral, irrepetible… o sólo un primer paso para cosas mucho más ambiciosas y mejores. Estamos ante ese segundo caso. Si bien podríamos en "Antònia Font" (Discmedi, 1999) ver la semilla de lo que el grupo será capaz ofrecer hasta culminar su estilo en el maravilloso "Alegria" (Drac/Virgin, 2002), también es verdad que este disco palidece frente al resto de su obra. Pero es que hablamos de uno de los mejores grupos aparecidos en España en las dos últimas décadas.

No obstante, esto no quiere decir que el disco sea prescindible o poco interesante. Nada más lejos de la realidad. La recuperada de sus maquetas “Cibernauta Joan” abre fuego con sus aires caribeños y mediterráneos, que dominarán el disco. El ambiente festivo de la mayoría de los temas y su inclinación por la música con raíz popular hace que, en un principio, al grupo se le ponga más cerca de bandas como La Gran Orquesta Republicana o en la senda de Mano Negra que en el contexto del pop. O del rock como en “Hotel Occidente”, donde por momentos parecen Extremoduro. Y si bien es cierto que pueden tener una cierta conexión inicial con este tipo de bandas (y, sobre todo con su admiradísimo Kiko Veneno) estamos ante un grandísimo grupo de pop. Con un concepto abierto de este término, pero un grupo de alma pop. No en vano pop viene de popular, folk de pueblo.

Y aunque el disco desentone, por sonido e intenciones, de la evolución futura del grupo, es curioso como una de las canciones favoritas de sus seguidores es la tierna “Viure sense  tu”, con una letra mucho más directa y menos divagante y surrealista de lo que nos acostumbra ese geniecillo que se llama Joan Miquel Oliver.

La linealidad del disco es lo que limita más su impacto duradero. Y un sonido a veces demasiado espartano, con una irremplazable guitarra española que domina los sonidos, aunque no está exenta de arreglos imaginativos, como la también recuperada de la primeriza maqueta “L'Univers és una festa”.

El disco fue una pequeña sorpresa para su discográfica y un pequeño evento en las islas antes de su carrera en escalada para conquistar, con el siguiente disco, “A Rùssia” (Slurp, 2001), las zonas catalanoparlantes, y ya con "Alegría" conseguir el reconocimiento general en el resto de España. Nunca una progresión tan lógica, tan merecida.

El gran valor de este disco (o uno de sus grandes valores, no se reduce a eso) es que transmite unas ganas de vivir como pocos de los que tengo noticia. Sería recomendable como tratamiento antidepresivo. Todo será cuestión de proponerlo al ministerio correspondiente.

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