Un bombazo, el disco de debut con el que Alcalá Norte dan la campanada. Grabado con urgencia, la que daba el saber que, de no materializar en un disco las canciones que manejaban, el grupo se terminaba. Elaborado además por la implicación directa, cuando el proyecto distaba de estar claro en lo económico, de Carlos Elías, productor y responsable del estudio La Cafetera donde graban en la primavera de 2023, y a la postre, guitarra más del grupo. Y encontrando acomodo, casi por la puerta de atrás, en el catálogo de Balaunka, el único sello que creyó en lo que el grupo ofrecía. Gestado entre el core formado por Rivas (cantante), Juan Pablo (guitarra), el propio Carlos y su ayudante Pablo Fergus.
Delicioso galimatías en lo musical y en el contenido que las letras dan a las historias que se cantan. En lo que respecta el sonido, logran aunar con éxito electrónica de teclado y producción, maneras vigorosas de algo más fuerte que el rock, e incursiones casi por imposición de algunas gemas pop en las que se convertirán en títulos representativos del grupo. Pero además el batiburrillo resultante de las lecturas sesudas de Rivas, su cantante, y material propio de las bromas internas de la banda, cristaliza en un tufillo onírico y gamberro irresistible.
Diseño para la carpeta con abigarrada escena entre bíblica, mitológica y legendaria con el monolito del centro comercial en el que se inspira el nombre del grupo. Colaboraciones de Suneo (Chil Mafia), que aportó teclados desde el principio en «420N» y «Supermán», y la producción de Adrián de V.V.V [Trippin’ you] para «El guerrero marroquí».
Desde el mismo arranque casi de campanillas y catarata de sonido 4AD con «La sangre del pobre» se percibe que estamos ante una banda capaz de tejer sonidos muy especiales. Y como decíamos antes, la majestuosidad y pomposidad de la historia de comienzo queda pronto normalizada por las mucho más vulgares menciones al gusto por los milagros, la presunta torpeza de Marco Aurelio y la participación de Barbosa.
«Los chavales», «Westminster» (con letra y teclados que ponen pelos de punta) y «Langemarck» (sobre episodios de la 1ª Guerra Mundial y los hermanos Jünger) apabullan por su majestuosidad oscura, mientras que «La vida cañón» y «La calle Elfo» son dos preciosidades, las canciones que hacen que la llegada de Alcalá Norte sea mucho más profunda, llegando a un público mucho más numeroso que de haberse quedado en las tinieblas de otros cortes.
La letra de «420N» tiene de todo: mención a la historia que un amigo de Rivas llamado Mario, acerca de un fallecido por la explosión que provocó el gas utilizado para preparar BHO con hachís, la muerte del actor que hacía de Power Range verde un 20 de noviembre y el recordatorio de otros personajes muertos ese mismo día, hasta hacer un total de 4.
Al escuchar «No llores, Dr. G», inspirada en los diarios de Goebbels, me acuerdo de la atmósfera casi de terciopelo de alguna canción de Spandau Ballet.
Y para ejemplificar de qué son capaces Alcalá Norte propongo la escucha comparativa de «El rey de los judíos (un cosquilleo)» con el tema de La PalomaAñade este contenido en el que se inspiró. Impresionante, porque si el original apuntaba ciertamente posibilidades, la lectura de los de Ciudad Lineal es increíble.
Un disco del que costará despegarte porque querrás escucharlo una y otra vez sin parar. Ya lo verás.