portada del disco Accidente

El debut de Accidente fue todo un éxito, probablemente inesperado para la misma banda. Lo grabaron entre junio y octubre de 2011 en los estudios Musigrama, donde trabaja su guitarrista Pablo Martínez. Inicialmente fueron ellos mismos los que costearon la edición de un par de miles de copias en CD que distribuían de forma gratuita entre el público que se acercaba a verlos en sus conciertos, pero una vez agotada esta primera remesa fueron varios los sellos que les ofrecieron editarlo tanto en vinilo como en CD. Llegó a tener hasta distribución internacional por México y EE.UU.

El disco se grabó aprovechando que Pablo Martínez (uno de los dos guitarristas) trabaja en los estudios Musigrama de Madrid. Allí es donde, aprovechando huecos libres tanto en la agenda de los estudios como en las suyas, van dejando preparados entre junio y octubre de 2011, los 10 temas que tienen seleccionados. También sería allí donde se mezcla y masteriza.

El diseño gráfico incluía una portada con dibujo de coche de policía tras una colisión con un poste de la luz, un esqueleto en actitud de presentar la lista de canciones y un par de fotos intercaladas en la hoja interior que mostraban al grupo en multitudinario directo con Blanca, la cantante, inmersa entre el público o con la banda tocando toda junta, casi abrazada, dando muestra del estado de ánimo interno que parece moverles en su actividad.

Arranca el disco con el que quizás sea, pasado el tiempo, uno de los clásicos dentro del repertorio de Accidente: “Vendiste tu yo al poder”. La canción resume a la perfección la propuesta de la banda. Letras elaboradas con las que exponer reflexiones en las que se barajan los conceptos del “yo”, del “ser” y “tener” o de la propia libertad personal que nada tienen que ver con los exabruptos y escupitajos que se hubieran podido componer con los mismos argumentos. En lo musical además es exponente claro de lo que comúnmente se etiqueta como hardcore melódico en el que las guitarras y en especial la voz de Blanca, dulcifican sobremanera todo. “Nos espera una vida durísima” dice su cantante con una melodía preciosa a la hora de referirse al precio a pagar por salir de la masa, por saltar la valla en vez de ceder voluntariamente la libertad individual.

Con similar suavidad gestionan en “Espejismos” acerca del posible amortiguamiento de la rebeldía con el paso del tiempo. Ellos dicen preferir seguir sentirse vivos, con el frío constante en la cara antes que vivir un goce de esclavos. Accidente comunican todo su ideario y pensamiento en discursos compactos, próximos probablemente al panfleto para algunos: “Nuestro bienestar hunde sus raíces en la agonía de los ‘sin suerte’ y ni siquiera nuestra vida está llena porque se nutre de dominio y muerte”.

Ese mismo sentimiento de vida en el que se es consciente del riesgo que conlleva el perder o arriesgar que tiene cada decisión tomada en libertad es el desarrollado en “Sacrificio”, donde participan también coros masculinos.

Siendo como es su música cercana en ocasiones más a un vibrante pop-rock con fuerte ideario y compromiso detrás (como tuvieron en otras coordenadas, por ejemplo, Chumbawamba), hay momentos de mayor velocidad, como en “Estaban solos”, “Madrid 2011” o “Vuestra ley, vuestra trampa”.

Críticas internas para con la propia disidencia contracultural en la que felizmente se desenvuelve la banda para referirse tanto a quienes parecen orquestar la revolución tranquilamente tras la pantalla y teclado de un ordenador (“Valiente”) para con aquellos que apoyan sin problema corrientes en las que se eliminan disidentes en nombre de la lucha contra el capital (“Mentiras en la red”).

Parece la suya, a juzgar por la letra de “Cicatrices y recuerdos”, una actitud straight edge, en la que es posible llegar al éxtasis sin el uso de drogas. Abogan por el contrario por el sentir sin tener que desembocar en un morir joven tras una existencia intensa. Un rechazo a la química patente igualmente cuando relatan la claudicación ante la vida: “Hoy miles de pastillas acompañan tu derrota”.

Hipocresía de un sistema de leyes podridas y una ciudad en la que viven, Madrid, cuyo paisaje urbano ha cambiado, ya no hay sitio para el diferente y los chicos enseñan los dientes. Con toda la crudeza de los temas a los que se refieren, la actitud melódica y modélica resultado de una introspección individual razonada y no llevada por la ira y desesperación hace que se vislumbre siempre una salida emocional posible en el punk de Accidente.

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