portada del disco 3

Tras el primer par de discos, “3” (WEA, 1995) enfrenta el reto de dar claras muestras de evolución. Sin dejar de lado el perfil baladista de Alejandro Sanz, en “3” se confía en Emanuele Ruffinengo, colaborador de Celso Valli, para darle una orientación más madura al trabajo. El disco se grabó en Venecia con todo un equipo de técnicos italianos -no olvidemos que hay una gran tradición de cantantes de corte romántico; en esos días, sin ir más lejos, Eros Ramazzotti o Laura Pausini- y se editaron también ediciones en italiano y portugués de este álbum para penetrar en sus respectivos mercados.

El disco se abre con “La fuerza del corazón”, que es, directamente, la mejor canción que había firmado Sanz hasta entonces. Curiosamente -tal como se relata en “Alejandro Sanz. Por derecho” (Juan Carlos de la Iglesia, 2000)- esta canción surgió de una segunda tanda de composiciones para el álbum después de que desde Warner se le sugiriera que entre las primeras no había ninguna digna de ser sencillo.

El disco lo deja todo a punto de caramelo para “Más” (WEA, 1997) porque no acaba de romper, pero ya tenemos ante nosotros a un compositor solvente que es capaz de ofrecer algo realmente personal. Ahí tenemos “¿Lo ves?” o “Mi soledad y yo”, canciones en las que se distingue la fuerza de la madurez del pretérito ardor adolescente. En España alcanzó los 700.000 ejemplares vendidos. En lo más alto.

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