portada del disco 2015

Si hace ahora un par de años, el primer disco de El Pardo salía a la calle cuando el ambiente en ésta estaba aún caliente tras las protestas indignadas de la población en las Puertas del Sol y plazas de las localidades españolas, esta segunda entrega llega apenas unas semanas antes de las Elecciones Generales a celebrar a final de año. El ajuste de las fechas responde en realidad al retraso acumulado en la salida de unos temas que llevan grabados desde mitad de mayo de 2014, cuando en dos sesiones la banda entró en los estudios DGR Sónica de Madrid. La pre-producción, mezclas y masterizado alargaron el proceso hasta final del verano, que es cuando el disco queda completado. Distintas vicisitudes hicieron que tras el avance de cuatro temas de "2014 EP" (Autoeditado, 2014), la totalidad de lo grabado tuviera que esperar hasta casi año y medio después, y en lo que me parece una de las noticias más desalentadoras de final de 2015, se decide no presentarlo en formato físico, sino simplemente a través de su bandcamp.

Aún y todo, a pesar de lo accidental de la coincidencia, lo cierto es que la música de El Pardo tiene precisamente su razón de ser en la denuncia directa a pie de calle, con temas de política cotidiana. Si las referencias a las urnas no están en las letras más que en el voto útil que decía practicar el protagonista de "Vergüenza", sí que las marca directamente la portada que les confeccionó Muerte Horrible. Los aspectos coyunturales más especificos se refieren a la tragedia del Madrid Arena y la aparente despreocupación de los responsables últimos, así como al atentado sufrido por una directiva en una Jefatura Provincial y la sensación de revancha satisfecha que eso puede llegar a generar en los explotados.

Pero los mordiscos más amargos y violentos siguen referidos hacia las castas dominantes perpetuadas en el ejercicio de asfixia hacia el ciudadano, que utilizan monstruos como la legalidad (que diríase va remarcándose en letras mayúsculas a medida que avanza la rabia con la que canta Raúl el tema "Ejecución") para forzar desahucios o que unos padres hipotecados llevados por la desesperación terminen por dejar huérfanos a sus hijos. "2015" es sobre todo una colección de descarnadas imágenes de la miseria ética y moral instalada en la relación entre individuo y Estado. Relación de verdades como puños al modo del punk de los 80 más radical, letras que duelen.

Ante proyectos de ley que amenazan con demonizar como terrorismo a todo aquello que suponga la crítica o reacción airada contra el Gobierno, El Pardo responde de forma decidida con la explosiva "Terroristas", una especie de entrega popular en un todos a una que tiene incluso aires de proclama en manifestación. Similar disidencia era la que proclamaban los también madrileños A.V.T.

Es mucha la variedad musical con la que orquestan la protesta político-social que es este "2015". Maneras de revivalismo añejo sesentero en la lograda "¡Hablan!" -que a mi me hizo recordar la sintonía con la que bailan las majorettes en la escena de baloncesto universitario de "American Beauty" (Sam Mendes, 1993)-, lecturas post-punk intensas y experimentales como las de Juventud Juché, referencias a The Fall o a Suicide (como la inmensa "Nestlé"), arquitecturas que van retroalimentándose en atmósferas opresivas e integrales como las de Velvet Underground de "Ejecución" o "Plasma" (una especie de "Sunday morning"), el spoken-word con aires New Order de "Somos Todas" o el punk de "Karkajada" hablan de una riqueza envidiable a la hora de la composición.

Ni grupo político (pero sí tenazmente interesados en el análisis y la crítica), ni grupo punk (pero mordaces a la hora de ver quiénes son los que se lo achacan), exploración para luchar y aprender, sentirse cada vez más acompañados para salvarse, cambiar el género del sujeto... "Somos todas" es en realidad toda una proclama de intenciones, un ideario animado.

"Nestlé", "Vergüenza" o "Ètsen" (punzante y fría como un cuchillo en la que colaboran Ágata Ahora y Beatriz Vaca, y que traspasa en su post-industrialismo la crítica más directa del resto) son grandísimos momentos de un disco que vuelve a dar en la tecla manteniendo la tensión en la complicadísima tarea que, junto a proyectos como Medievo, se han marcado El Pardo: la de ejercer de conciencia rabiosamente crítica en una era implacable y aterradoramente deshumanizante. No sé, pero a mi se me antoja como indispensable que alguien se encargue de dicha labor con la intensidad con la que lo hacen ellos.

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