DE LAS TETAS DE MI NOVIA Y AHORCADOS EMPALMADOS

discos-webLlegados de Vigo, Siniestro Total fueron una auténtica explosión en los primeros 80. «¿Cuándo Se Come Aquí?» (DRO, 1982), plagado de chochos voladores, ahorcados que mueren empalmados, ayatolahs, mártires de Uganda, jipies en las Cíes y tetas con cáncer de mama, vino a escandalizar a unos y a otros. A las cabezas biempensantes por su vocabulario, sus ganas de provocar y el estrépito musical de las quince canciones que lo componían. ¿Es que ése era el futuro al que estaba abocado el rock español? ¿A dónde irían a parar pues todos los esfuerzos de los rockeros de siempre y sus noches de verano? Pero hubo quienes mostraron su repulsa por igual ante tanta insustancialidad y disparate ¿Cómo demonios casaba eso con el punk comprometido y radical que se hacía en otras latitudes? Y a pesar de todo a día de hoy pocos negarán el efecto regenerador y refrescante que supusieron para el punk aquellos primeros discos de los gallegos.

Sobrevivieron a la marcha de Germán Coppini, ocupado entonces de poner en funcionamiento Golpes Bajos, y fueron capaces no sólo de superar su ausencia y la falta de aquel tono de voz incomparable y personal, sino de gestar nuevas entregas de punk gamberro e irracional con igual capacidad de provocación. Tanto «Siniestro Total II (El Regreso)» (DRO, 1983) como «Menos Mal Que Nos Queda Portugal» (DRO, 1984) son ya clásicos, piezas claves de aquella década y ejemplos de que el género tiene en su vertiente irreverente un filón que muchos supieron explotar después.

Tozudos como solemos ser a la hora de documentarnos sobre el punk primigenio, en esta ocasión hemos conseguido que Julián Hernández y Miguel Costas -que abandonó la banda tras el «Made in Japan» (BMG, 1993)-, escurridizos ante cualquier ejercicio excesivo de nostalgia, nos respondan sobre aquellos primeros momentos de la banda.

¿Cómo descubrís el punk? ¿Es el tipo de música que os lleva a montar un grupo?
JULIÁN: El punk, entendido como el movimiento musical de la segunda mitad de los 70 en Londres y Nueva York, llegó a España vía Disco Express y Vibraciones. Teníamos 16 o 17 tiernos añitos y sólo podíamos ver las fotos de aquellos tipos extrañísimos. No estoy seguro, pero creo que lo primero que escuché fue el single de «God Save The Queen» (Virgin, 1977) ¡en El Corte Inglés de Vigo! Aún había unos chintófonos a modo de teléfonos para escuchar discos, ¡je! Y sí, fue una revelación. Pero el grupo no se montó sólo por eso. El blues, o gente como Dr. Feelgood o los Kinks, también andaban por ahí. Tocábamos en las casas en las que nos dejaban meter ruido, principalmente la de los padres de Xabier Soto y la de los míos, y grabábamos como podíamos. Siniestro Total nació después del accidente de agosto del 81 y fue a raíz de la invitación de Antón Reixa para tocar en el festival Nadal Rock de las Navidades de ese año. En ese momento nos vimos obligados a distribuirnos los instrumentos: todos tocábamos la guitarra y no era cuestión de montar un grupo de bandurrias, claro.

MIGUEL: Creo que era el estilo más divertido para tocar con los amigos, así que a pesar de los géneros en general, generalmente generábamos ruido.

¿Qué es el punk: provocación, protesta o irreverencia?
JULIÁN: La frase “no sé lo que quiero, pero sé cómo conseguirlo: quiero destruir” de los Sex Pistols sigue siendo una maravillosa proclama iconoclasta que me parece totalmente vigente porque va más allá de lo que es el rock en sí. El punk yo lo entiendo de manera mucho más amplia: es la intervención en los medios y el “hazlo tú mismo”, aparte de una idea gráfica de inmediatez, recortes y fotocopias. Además hay hilos conductores, raíces y ramificaciones por todas partes: Alfred Jarry, Dadá, el situacionismo, Fluxus-Zaj… En lo musical y las letras se me ocurren el Frank Zappa de las Mothers Of Invention, los New York Dolls y hasta los Residentes, mira tú. Quizá haya un afán de provocación, no lo niego, pero supongo que responde a un cableado cerebral disfuncional que no puedes evitar hagas lo que hagas.

MIGUEL: Es la única forma de bailar el pogo.

Si se escribiera una historia del punk, ¿en qué capítulo quedaría incluido Siniestro Total? ¿Con qué bandas estaríais emparejados?
JULIÁN: Como te decía, había más cosas que el punk. No es difícil rastrear a los Cure o los Jam en el primer álbum de Siniestro Total. Siempre fuimos fans antes que músicos; y fans de muchas cosas. Como decía Picasso, si hay algo que robar, se roba. Pero si hay que emparejarse con alguien obligatoriamente, casi sería antes con los Dead Kennedys que con los Ramones, por ejemplo.

MIGUEL: Como en todas las familias lo peor son los parientes, la música hoy abunda en ello parientes desemparentados imitando unos a otros.

Yo creo que no es una exageración decir que “¿Cuándo Se Come Aquí?” terminó por convertirse en un disco de referencia que ha creado escuela. ¿Os sentís de alguna manera pioneros o responsables de eso que se ha denominado punk mongoloide?
JULIÁN: Yo considero más monger al rock sinfónico, por ejemplo. Pero no: no somos ni una referencia ni nos sentimos responsables de nada. ¡Faltaría más! Otra cosa es llegar en el momento justo y en el sitio adecuado. Si llegamos a salir un año antes o un año después, las cosas no hubieran sido igual de ninguna de las maneras.

MIGUEL: La culpa seria de DEVO entonces, habría que preguntarle a ellos.

¿Qué importancia le concedíais a las letras? ¿Cómo las componiais? Creo haber leído en algún sitio acerca de la sorpresa que os suscita a toro pasado lo bien que funcionaron algunas de las letras más sencillas que teníais.
JULIÁN: La misma importancia que ahora, me temo. Frank Zappa decía que las letras están ahí para colarle la música a la gente; y Mick Jagger que están como disculpa para que el cantante tenga algo que cantar. Pero una disculpa tiene que ser buena o no cuela. La letra de una canción es un eslogan: para dar con uno bueno no hay manual de instrucciones. Luego puedes tener recursos y referencias que te ayuden a desarrollar lo que quieres contar. En lo que no creo en absoluto es en la inspiración: se trata de trabajar. Puede haber letras más colectivas (escritas en la servilleta de un bar, por ejemplo), pero alguien se tiene que sentar a organizarlas incluso en ese caso. Que una cosa funcione ya es imprevisible. Unas veces comunicas y otras veces no. Si supiéramos cuándo va a pasar esto, seríamos millonarios. La complejidad o la sencillez (que a veces es más difícil) poco tienen que ver.

MIGUEL: Más que las letras en conjunto era una frase de la cual partía todo; luego usábamos la rima tetastrofomonorítmica.

¿Qué reacciones suscitó en su momento el disco y las canciones de vuestra primera etapa? ¿Teneis constancia de aquella queja de Miguel Ríos acerca de hacia dónde iba el rock español con cosas como “Me pica un huevo”? ¿Alguna otra anécdota al respecto de vuestras canciones?
JULIÁN: Creo que Miguel Ríos, que es un tipo estupendo, citaba «Las tetas de mi novia», pero da igual; no nos ponía a nosotros solos como culpables: ya en la canción «El neón de color rosa» repartía collejas a todo lo nuevo en general. Yo entiendo que es normal: suele pasar en los cambios generacionales. Por otra parte, gente como Moncho Alpuente sí que entendió mejor la jugada. Las reacciones al disco tampoco fueron más ruidosas que las que tenía cualquier disco a principios de los 80. Fue un éxito dentro de las cifras que las discográficas independientes manejaban, pero ni de lejos llegó a niveles mainstream. Para las anécdotas necesitaríamos mucho tiempo y espacio, especialmente a partir de la distribución en sitios más allá de las tiendas de discos especializadas, como El Corte Inglés (y ya van dos veces que lo cito, ¡mierda!), por ejemplo. La cantidad de padres que compraron «¿Cuándo Se Come Aquí?» a sus hijos por la portada de los Dalton fue mucha. Me hubiera encantado ver por el ojo de la cerradura las devoluciones indignadas…

MIGUEL: Quizás Miguel Ríos fue un visionario. El rock español es cosa extraña ahora mismo, pero no creo que sea nuestra culpa, quizás más de Derribos Arias.

¿Cuál fue vuestra relación con otros grupos de punk del momento? ¿Tocasteis alguna vez en Euskadi, con algún grupo del Rock Radikal Vasco?
JULIÁN: Bueno, pues la misma relación que con otros grupos teóricamente menos punk. Ya digo que entiendo el punk en un sentido amplio: El Aviador Dro (que tenían una versión de «Anarchy in the UK»), Derribos Arias o Glutamato Ye-yé a mí me parecían -me parecen- muy punks. A Euskadi llegamos por primera vez ya en el 83 y tocamos con gente como Kortatu y demás. El RRV fue una etiqueta muy buena pero, como pasa con todas las etiquetas, no servía para homogeneizar todo aquello.

MIGUEL: Muchas, de hecho en una ocasión me tiré al público en la prueba de sonido con catastróficas consecuencias, como es de suponer.

¿Alguna vez recibisteis críticas sugiriendo que lo que hacíais vosotros no era punk de verdad?
JULIÁN: ¡Jé! ¿Qué es el “punk de verdad”? Un “punk ortodoxo” es una contradicción en los términos, algo así como “teología marxista”. Pero sí que desde algún fanzine hubo algún ataque, curiosamente por la misma portada de Óscar Mariné con los Dalton que engañó a bienintencionados padres de familia: ¡era un sacrilegio abandonar la estética y la grafía de «Never Mind The Bollocks» que se había convertido en un estereotipo! Salvando las distancias siderales, más tarde a los Beastie Boys también les pasó algo parecido: no eran un grupo de “hip-hop de verdad”. O a Jello Biafra por hacer un disco de country con Mojo Nixon. Todo esto nos resbala bastante, la verdad; salvo que te peguen en la calle como a Jello Biafra, claro.

MIGUEL: Las críticas buenas o malas es mejor dejarlas para que las lean los críticos. Ahora se llama punk a un cocinero o a un presentador de «La Voz».

Sospecho que la salida de Germán Coppini del grupo tuvo que ser un momento crítico. ¿Se plantea en algún momento la disolución de Siniestro Total? ¿Cómo se decide la reestructuración del grupo? ¿En qué cambia vuestra forma de tocar, vuestro sonido?
JULIÁN: Ya llevamos muchos momentos críticos, pero ese fue el primero, sí. Lo que pasó es que cuando Germán se fue ya estaban escritas muchas de las canciones para el segundo álbum: algunas, de hecho, ya las había ensayado él. Decidimos seguir sin sustituirle, entre otras cosas porque era insustituible. Miguel ya había cantado un par de canciones en la maqueta de Mari Cruz Soriano y Los Que Afinan Su Piano (tenía un brazo escayolado por el accidente que nos puso nombre y no podía hacer otra cosa), así que fue la mejor solución. El sonido y la forma de tocar no cambiaron de la noche a la mañana. Esos son procesos lentos y, además, inconscientes, creo. Por lo menos, y en nuestro caso, sin ninguna intencionalidad.

MIGUEL: No recuerdo que se planteara ninguna disolución; ya lo veíamos venir por su implicación en Golpes Bajos. Sobre reestructuraciones prefiero no comentar.

Dadas las circunstancias, “Siniestro Total II: El Regreso” vino a ser algo parecido a un segundo debut. Sorprende que vuestra respuesta a la contrariedad de tener que empezar de nuevo sea un disco que contiene tal variedad de temas, sonidos… como si quisierais atacar por diferentes frentes a la vez. ¿Cómo se preparó el disco? ¿Se compone siguiendo algún plan concreto?
JULIÁN: Dispusimos de bastante más tiempo en los dos estudios en los que grabamos, Doublewtronics y Trak, y la oportunidad de enredar no la podíamos desaprovechar. La producción de Paco Trinidad también fue determinante. Entrábamos en los estudios como elefantes en una cacharrería: los técnicos no daban crédito ante tanta aberración. Las canciones estaban todas bien curradas porque las maquetamos en Vigo con Paco. Luego en el estudio pues ya tal. ¿Que se nos ocurría un ritmo con el sonido de las cremalleras de los pantalones subiendo y bajando? Pues se hacía. (Fue una suerte que nadie llevara botones.) Y quizá Dios tenga un plan, pero nosotros jamás tuvimos nada parecido a la hora de componer.

MIGUEL: El plan era grabar todas las canciones que teníamos.

Por cuestiones personales concretas (me pasé un mes oyéndolo sin parar en un campamento al que fui con 13 años, en el radiocassete de algunos de los mayores) “Menos Mal Que Nos Queda Portugal” es el disco de Siniestro Total que más me impactó o que más me caló. ¿Es a vuestro juicio uno de los mejores (al menos) de vuestra primera discografía?
JULIÁN: Es más pop que los dos anteriores. Supongo que no está mal y que hay algunas canciones que llegaron para quedarse, pero con el tiempo veo con mejores ojos las aberraciones de «El Regreso», aunque objetivamente en este las canciones fuesen peores. De todas formas, siempre nos ha resultado imposible establecer una jerarquía de discos mejores y peores. Cualquier disco de cualquier grupo es el resultado del trabajo de una serie de gente en un tiempo y un espacio determinados.

MIGUEL: No sabría decirte, quizás para mi el más difícil fue «El Regreso», por eso de tener que cantar y por ser el que más canciones tenía. Quizás es mi favorito.

No quiero dejar pasar la oportunidad de preguntar por las versiones que hacíais. En algunos casos heristeis de muerte a las originales; personalmente me cuesta trabajo no pensar en vuestras versiones cuando escucho “Sweet home Alabama” o “Moon over Marin”. ¿Cómo las elegíais? ¿Cómo afrontabais la composición de las versiones?
JULIÁN: Ya te decía que antes que músicos somos fans. A partir de ahí, cada versión llega por motivos distintos. «Sweet Home Alabama», por ejemplo, la montamos para tocar en Rock-Ola, un sitio donde la modernidad imperante detestaba los años 70 y a esos grupos de barbudos y melenudos sureños. Como buenos punks, decidimos molestar lo más posible y adaptamos una canción decididamente reaccionaria para convertirla en una especie de postal turística de Galicia. El problema, para nuestra sorpresa, es que a la gente le encantó. Qué le vamos a hacer: ¡nuestro gozo en un pozo! Ya que lo preguntas, estamos planeando un libro con las letras y el origen de cada versión. Puede ser, cuando menos, curioso.

MIGUEL: Esto fue el desencadenante de los grupos tributo ¡Cachis la mar! Mala idea desde luego.

¿Con “Bailaré Sobre Tu Tumba” (DRO, 1985) se acabó el estricto punk en Siniestro Total? ¿Qué os lleva a cambiar de rumbo? ¿Cansancio, ganas de explorar nuevas vías?
JULIÁN: Con esto no estoy de acuerdo exactamente: «Menos Mal Que Nos Queda Portugal» ya había cambiado bastante de dirección. Y la cara B de «Bailaré Sobre Tu Tumba» es una selección de grabaciones en directo más parecidas a lo que hicimos en «El Regreso». No hubo ni cansancio ni ganas de explorar nuevas vías, como dices. Y ya no sé si es que siempre exploramos o nunca lo hacemos. Al no tener un plan, las cosas salen como salen.

MIGUEL: Sesuda reflexión. De exploradores salimos en el programa «Plastic» de TV3, quizás fue por eso.

¿Qué recuerdos os traen aquellos primeros discos después de todos estos años?
JULIÁN: Esto suena a nostalgia, ¡y eso sí que no! Lo decimos siempre: es un sentimiento reaccionario y paralizante. Evidentemente no podemos ignorar todo lo acontecido. Ni tampoco renegar, aunque haya canciones que ahora nos resulten más difícil de defender. Hemos luchado a brazo partido por cuidar todo el catálogo de Siniestro Total y evitar reediciones o recopilaciones mierder hechas sin criterio y sin nuestra aprobación. Algo hemos conseguido, pero la industria discográfica española siempre fue muy cegata y descuidada con sus archivos y sus masters. El desmantelamiento al que asistimos ahora puede ser muy bueno: quizá haya llegado la hora de cerrar los chiringuitos y empezar de nuevo con gente más entusiasta y celosa de lo que edita y reedita.

MIGUEL: Haría falta una edición especial de la enciclopedia Espasa para poder mencionarlos todos y algún reconstituyente mental.

¿Habéis reconocido en algún grupo gallego reciente algo de las maneras con las que empezasteis vosotros? Posibles sugerencias que se me ocurren: Novedades Carminha, Lee Van Cleef, Jiménez los Santos
JULIÁN: No, para nada. Ya te lo decía antes: no podemos sentirnos referentes de nada. Los tres grupos que citas (joder, parezco Rajoy hablando de Bárcenas: ¡era por resumir!) tienen modos y maneras que en nada se parecen a Siniestro Total. Quizá también (y esto no es algo de lo que sentirse orgulloso) porque somos lo suficientemente eclécticos como para no tener un patrón “imitable”. Podemos, eso sí, reconocernos en gente que huye de la cursilería y la solemnidad como de la peste. Pero esa era también la actitud de un Javier Krahe, por ejemplo. Puede que este sea el único código a respetar en Siniestro Total: la cursilería, la solemnidad y la ñoñería quedan terminantemente prohibidas. Valga el pareado.

MIGUEL: Todos empezamos sin apoyos. Son grupos, no productos, y con ganas de hacer canciones divertidas primero para ellos, como nos sucedió a nosotros. Luego si a la gente le gustan mejor. A Jiménez los Santos no los conozco, ¡voy a escucharlos ahora mismo! A mi me gustan mucho The GachisesF.A.N.T.A. y los Psycho Loosers.

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