Celebrando 40 Años sin Descanso: La Polla Records en Concierto

concierto-la-polla-records-madrid-2019«Perdona, pero creo que los asientos que estais ocupando son los nuestros«, nos decía una chica vestida con una camiseta blanca y un peto vaquero de marca. Efectivamente las entradas que llevaba en la mano mostraban bien a las claras que aquel sector, pasillo, fila y finalmente asientos sobre los que nos apoyábamos correspondían a los tres sitios que les habían asignado en taquilla a ella y a sus dos compañeros, igualmente vestidos de forma impecable. Miré a la pareja que había a mi lado, a la que también se había dirigido el trío recién llegado y bastó una sonrisa cómplice para sellar el atisbo de comunicación que habíamos amagado hacía escasamente veinte minutos, cuando me pidieron que les hiciera una foto a ellos y a la cuadrilla que les acompañaba. Camisetas de grupos punks, cazadoras de cuero, pelos largos y litros de calimocho…, así salieron en la foto que hice con uno de sus móviles con El Drogas a sus espaldas despidiéndose tras acabar su actuación. Estoy seguro que pensaban lo mismo que yo: ¡Nunca hubiéramos imaginado que coincidiríamos con quienes ahora nos reclamaban con toda justicia sus asientos en ningún evento musical, y menos para ver a La Polla Records!

Arreglada la situación (desocupamos el sitio y me reubiqué en un pasillo cercano), me dio por pensar en cómo esta inesperada reunión de uno de los grupos más representativos del punk vasco de los 80 transcurría en pabellones con localidades numeradas y propiciando una mezcla variopinta en el público. Aquellos tres chavales que nos reclamaron los sitios no fueron los únicos casos que llamaron mi atención. En el mismo sector de la grada lateral del Wizink Center cercana al escenario en el que había decidido situarme también vi una pareja algo mayor que yo a la que le supuse pocos conciertos previos de los vascos. Está claro que la vuelta de la banda ha movilizado a muchos más que sus seguidores de siempre.

No olvidemos que no es la primera vez que el punk se trae a pabellones y grandes recintos, y que era del todo imposible pensar que una banda como La Polla Records pudiera tocar a estas alturas en otro tipo de superficies. Es verdad que en tiempos se les pudo ver en sitios más pequeños; yo recuerdo haber ido a verles cuando presentaban su disco de portada negra, «La Polla Records» (Oihuka, 1992), en la sala Argentina (creo recordar), allá por San Blas, sin demasiadas apreturas de público, pero ya desde antes habían tocado en velódromos, pabellones, fiestas de San Isidro, festivales Euskal Rock de grupos vascos en Cataluña… En su etapa final justo antes de despedirse eran habituales en festivales tan multitudinarios como los del Viñarock (véase su disco y DVD «Vamos Entrando» (Maldito Records, 2004) como ejemplo). No ha de extrañar pues que tuvieran que doblar actuación en todas las localidades en las que anunciaron la gira (Valencia, Madrid, Bilbao y Barcelona) y que agotaran las entradas en todas ellas.

El Drogas

No llegué a tiempo a ver a El Drogas desde el principio. Esperar a que parara la tormenta que se desató ese sábado justo antes del concierto en Madrid y conseguir mi entrada de la taquilla fue suficiente como para que me perdiera el comienzo de su concierto. Nunca fuí un seguidor incondicional de Barricada, y ha sido, muchos años después de haberlos oido por vez primera que hice un pequeño esfuerzo por hacerme con algunos de sus discos. Sin embargo, reconozco haberme sobrecogido escuchando de nuevo en directo temas como «Blanco y negro» o «Balas blancas«. O como el «Todos mirando«, una canción que me atrapó desde siempre a pesar de lo vanal de la letra, por el aire chulesco con el que la cantaban en su tiempo y por aquello de conocer la zona de San Juan en Pamplona.

Aparte de estos guiños a la mítica banda de la Chantrea pamplonica, los que realmente acompañaban a Enrique Villarreal -El Drogas- en el escenario fueron sus compinches de Txarrena, con los que no tuvo problema alguno para, por ejemplo, interpretar su versión de «Frío«, el tema de Manolo Tena. Movido siempre por la libertad de hacer sólo aquello que le apetece y motiva, se le vió disfrutar abriendo las hostilidades para La Polla Records en esta nueva aventura. Probablemente no haya sido fortuito el emparejamiento, y se esté recordando aquellas veces en los 80 en las que los alaveses y Barricada oficiaban de embajadores de lo que desde su sello Soñua etiquetaron como Rock Radikal Vasco.

 

El Drogas

Enorme gestor a la hora de manejar los tiempos y lo que ocurre encima del escenario se encargó de repetir lo a gusto que estaba tocando en Madrid: «Como en casa, como siempre«. Igualmente señaló y saludó a quien portaba una pancarta en favor de los encausados por el suceso de Altsasua.

La Polla Records

No creo que hubiera mucha gente que saliese decepcionada del concierto que dio La Polla Records. Afotunadamente fueron generosos con sus tres primeros discos «Salve» (Soñua, 1984), y «Revolución» (Soñua, 1985)«No Somos Nada» (Txata, 1987) a la hora de seleccionar el repertorio que interpretaron. De hecho, el trabajo que han editado al calor de la gira «Ni Descanso ni Paz» (Cultura Rock, 2019) se centra en esta primerísima producción.

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Siendo como es la suya una discografía bien amplia, hay de sobra donde elegir. Confieso una soberana pereza por reescuchar aquello que vaya más allá del arriba mencionado disco negro del 1992, y que del disco que le siguió, «Hoy es el Futuro» (Oihuka, 1993), sólo me quedo con la historia del bastardo que pilotaba un bombardero norteamericano («Johnny«) y de «Radio crimen«. Pero sobre gustos no hay nada escrito y la inmensa mayoría de los allí reunidos dieron muestras bien palpables de disfrutar prácticamente con todo lo que se oyó. Hubo momentos especialmente emotivos, como por ejemplo cuando el pabellón se llenó de brazos apuntando hacia el escenario durante el estribillo de «No somos nada«. La Polla Records dio en el blanco con muchas de las letras de aquellas canciones que escupían lo que toda una generación desencantada entendió como verdades como un templo. Pasan las décadas y siguen siendo coreadas por la masa, en un ritual que pone la carne de gallina.

 

Disfruté cuando tocaron «Ciervos, corzos y gacelas» de «Donde se Habla» (Oihuka, 1988), o los momentos del «Ellos Dicen Mierda Nosotros Amén» (Oihuka, 1990) y cuando recuperaron «Iván«, ese tema de «Los Jubilados» (Oihuka, 1990) que compusieron con inspiración comunista.

Empezó la actuación con imágenes en las pantallas de una cruz de madera quemándose, reproduciendo lo que hacían en tiempos de verdad en sus conciertos, y música de monjes entonando en gregoriano la salve. Distribuyeron su repertorio intercalando descansos que decían tomarse por necesidad dada su edad, y los comentarios de Evaristo informando de que se quedaría con todas las camisetas que les tiraban desde las primeras filas y bromeando con quien le había arrojado una tela con el lema de acercamiento de los presos a las cárceles vascas. Y efectivamente se le nota al cantante el paso de los años pero sigue conservando esas ganas inagotables de recorrerse de punta a punta el escenario moviéndose con los espasmos y gestos de siempre a mtida de camino entre Johnny Rotten (Sex Pistols) y Charlie Harper (UK Subs).

Fui a ver a La Polla Records por su paso por Madrid el 12 de octubre de 2019, y me volví a casa con una sonrisa de oreja a oreja..

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