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“ANDRÉS DO BARRO: POP, SAUDADE E MEMORIA. UNHA OLLADA DENDE FERROLTERRA”

Desde el 26 de marzo y hasta el 26 de mayo podremos visitar en el Centro Torrente Ballester de Ferrol la exposición «Andrés do Barro: Pop, Saudade e Memoria. Unha Ollada en Ferrolterra». Exposición comisionada por Andrea Lapique, hija de Andrés, y Fernando Fernández Rego, autor de la biografía del cantante ferrolano editada por esta casa, «Andrés do Barro. Saudade» (LaFonoteca, 2015).

Un repaso por la vida de Andrés a partir de manuscritos, revistas, cartas personales, carteles de cine, fotografías, discos, abundante material procedente de las colecciones personales de los comisionados e e incluso uno de sus contratos para hacer una gira por la Unión Soviética.

 

 

Se trata de una exposición con un espíritu muy vivo, ya que los asistentes serán agasajados con un libro-CD tributo en el que 15 formaciones de Ferrolterra interpretan las canciones de Andrés. Una producción de Ferror Records que cuenta con la participación de Los Eternos, Bang 74, Devalo, Quant, Todo el Largo Verano, Amparo Arias, Faltriqueira, Os Peregrinos, NinhodaguiaAñade este contenido, Feed the PetAñade este contenido, Willie & Winnie, The Harriers, Jacobo & Alberto y Lume.

La podemos visitar de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00 horas de martes a sábado, y solo por las mañanas domingos y festivos.

“CONTRAGOLPES. DÍAS DE LUZ. DÍAS DE CRAVOS”

JOSÉ LAMEIRAS

(LONXITUDE DE ONDA,2019)

 

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«Hicimos lo que teníamos que hacer, por eso no sobrevivimos«

John Lydon

José Lameiras fue responsable responsable de una de las formaciones más interesantes en Galicia dentro de la escena underground de finales de los 80: Los Cambiantes. Una banda con influencias de los 60 y de grupos de la new wave como The Sound, Television, The Dream Syndicate o Echo & The Bunnymen. Tras la disolución de la banda, continuaría activando la escena de Ourense con otras formaciones como El Pararrayos, Magritte, Best Life Under Your Seat o Factoría de Subsistencia.

En los últimos años ha iniciado una carrera literaria centrada en la poesía. Tras las entregas de «Reverberación: Micropoemas & Otras Canciones» (2017)«Gire en la Rotonda: Poemas Escocidos y Otras Criaturas» (2017) y «Entrega & Demolición» (2018), llega un nuevo poemario. Una edición realmente cuidada en la que José Lameiras deja patente su excelente trabajo como diseñador gráfico.

Aunque el intimismo marca la obra poética de José Lameiras, este quizás sea su trabajo más íntimo y personal. Hay partes de desnudo emocional, pero la sinceridad y el orgullo del que sabe encajar los golpes de la vida protagonizan muchos de los versos. Ya en «Persoas«, nos deja una pista clara: «As persoas que admiro son as que camiñan pola vida coas feridas abertas e a cabeza ben alta«.

Instrucciones de uso para la vida, el manual perfecto para transitar por la vida minimizando riesgo… evitando dejar heridos. Costumbrismo del día a día en el que es inevitable no verse reconocido en muchas ocasiones.

“FERREÑAS & ROCK AND ROLL. ANECDOTARIO SOBRE MÚSICAS GALEGAS. CRÓNICA ILUSTRADA DAS NOSAS MÚSICAS MÁIS SENLLEIRAS” (BAÍA EDICIÓNS, 2019).

LAURA ROMERO / IRIA PEDREIRA

 

 

 

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Una muy buena noticia la edición de este libro. Al igual que el «Mujeres Punks: Las Pioneras de Nuestra Escena» (Uterzine, 2019) de Maritxu Alonso y Helen Sotillo, o «Neskatxa Maite. 25 Mujeres que la Música Vasca no Debería Olvidar» (Aianai, 2015) de Elena López Aguirre. Libros que ayudan a visibilizar a mujeres pioneras dentro de nuestra escena musical, muchas de ellas olvidadas tanto por el público como por la historia.

Laura Romero (bajo en Zënzar / Licenciada en Bellas Artes) lleva ya unos cuantos años haciendo una maravillosa labor con Música Galegas Ilustradas, dibujando a mujeres de la escena de la música gallega con el objetivo de visibilizar y promocionar su trabajo. Asociada con Iria Pedreira pone en marcha este libro que por un lado recoge muchas de estas ilustraciones, acompañadas por textos que nos permiten conocer vida y obra de estas mujeres.

 

Música ilustrada con nome de muller

 

El libro lo podemos considerar un paso adelante dentro de ese proyecto nacido en 2017, llamado Músicas Galegas Ilustradas. Un proyecto que sigue creciendo y expandiéndose cada día que pasa. Algo que pone de manifiesto que la presencia de mujeres en la escena musical gallega es cada vez más amplia y los géneros en los que se engloban cada vez más diversos.

En el libro nos encontramos con auténticas pioneras de la música tradicional. Mujeres como María Doval (pontevedresa del siglo XIX que viajó por toda Europa acompañada de su zanfona), Áurea Rodríguez (ourensana considerada la reina de la gaita gallega) o Maruxa das Cortellas (la última gran tocadora del pandeiro cuadrado). Pero también nos encontramos con auténticas divas como Finita Gay ‘A Martela’, que en los años 40 reinaba en la canción melódica en A Coruña, o mujeres incombustibles que merecen letras mayúsculas en la historia de la música gallega como Ana Kiro.

También nos encontramos con grupos totalmente compuestos por mujeres en aquel Vigo ye-yé de los 60 como The Sink’s y Las Musas; grandes artistas como María Manuela, pioneras del punk en Galicia como Voces de UltratumbaAñade este contenido o riot grrrls auténticas como Pili Dios (Desvirgheitors) o Ángeles Lago (Crazy CabuxaAñade este contenido).

Un libro indispensable y altamente recomendable que sirve para divulgar y visibilizar a las mujeres de la escena musical gallega.

Codillo / Schwarz
Codillo / Schwarz

No es el repollo el producto de cocina con más glamur que nos podamos encontrar en un plato. No puede tenerse mucha fe en una verdura que parece llevar enaguas, saya, refajo y paletó. Si tuviera pies, iría con calcetines y sandalias. Su solo nombre suele rebajar las expectativas de los comensales más finos. Además, por tierras mediterráneas no somos muy dados a concederle demasiadas variantes culinarias; las más de las veces lo consumimos hervido y rehogado, y su ubicación más frecuente según los GPS gastronómicos es junto a un cocido. En Centroeuropa, por aquello del frío, algo que este vegetal adora, el repollo abunda y es un habitual de sus mesas. A falta de un huerto variado, reinventan con lo que tienen, así que le dan más vueltas a cómo preparar estos cogollos. En Rumanía, por ejemplo, se entretienen rellenando sus hojas con carne y haciendo rollitos, los sarmales. En Holanda es típico en ensalada, la coleslaw (el chiste se hace solo). Y ya se sabe lo dados que son los alemanes a meterlo en salmuera para que resulte el chucrut.

El repollo es tan alemanote que hasta sirvió para bautizar a un género musical teutón por excelencia, lo que el mundo conoce como krautrock, una sucesión de notas sostenidas e intensos ritmos reiterados que actualmente goza de una reputación reputadísima. Sin embargo, en sus inicios aquel tapiz de dibujo entrelazado y repetitivo surgido de las influencias del rock progresivo, las vanguardias y el free jazz fue burla y hazmerreír de la cultura canónica de la época, de ahí que lo llamasen krautrock, o sea, ‘repollo-rock’. Hoy día invocar a Can, Faust, Neu!, Cluster, Kraftwerk… y cuanto vino y ha venido después, es un acto se diría cuasi-sagrado.

Todo ello tiró después hacia el space rock, la música drone y un alto contenido en psicodelia y experimentaciones sonoras. Spacemen 3 o Stereolab, por poner un par de ejemplos, cada uno en lo suyo, con sus vibrantes ritmos narcóticos y texturas electrónicas, probablemente no habrían existido. O al menos, de haber existido de todas formas, no habrían sonado como sonaron. El punto de partida era repollo-rock a saco, sin ambages. En España también se le rinde pleitesía al género con muchísima calidad, bandas que le dan al rock por buclerías como LügerLüger, David Rodríguez (Beef, La Estrella de David) o Schwarz.

Alfonso Alfonso (hasta el nombre es repetición) provenía del indie patrio de los 90, aquel que, ay, le dio por hacer letras en inglés. Y así comenzó con sus Schwarz (‘negro’ en alemán, para que no hubiese duda) en la atemperada huerta murciana. Una década después se pasó al castellano, como tantos otros, pero la verdad es que ya no fue igual. «Arty Party» (Astro Discos, 2004)Añade este contenido es su obra pletórica. Partiendo de su devoción por Spacemen 3 y las estructuras concéntricas, el resultado fue una sinfonía de moogs y theremin, propulsada por una batería en modo reactor de Chernóbyl, un chorro sónico que da vueltas sobre sí mismo y que a su vez envuelve al oyente, hipnotizándolo. En ocasiones estos tirabuzones sonoros dan vueltas como quien busca aparcamiento un sábado por la noche en el centro de la ciudad; otras, montan un muro sónico impenetrable como hormigón armado. Te vuela tanto la cabeza que, como te metas en la cocina a preparar algo, sales de ella con un codillo y ni sabes cómo ha sucedido.

Twitter: @goghumo

«LOS CHEYENES. EL RITMO DEL GARAJE» (E-LENA DESIGN, 2019). JOSÉ MIGUEL GALA

 

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El libro de José Miguel Gala al que hace alusión el título de este artículo acaba de publicarse en E-Lena Design Editores. Se trata de una breve historia de las andanzas del conjunto catalán, Los Cheyenes, que publicó varios discos entre 1965 y 1967 para desaparecer poco después.

Los Cheyenes fueron el grupo más rompedor y provocador de su época. Germen del rock garajero urbano y una apuesta ética y estética muy alejada de los cánones de su tiempo. Más recordados por sus melenas (las más largas de la época con longitudes capilares de más de 35 cm.) que por su música.

Este libro está basado en una serie de conversaciones con Joselín Vercher, el único miembro que cumplió todo el periplo del grupo, y por una ardua investigación en publicaciones de la época, no todas ellas musicales: Fans, Fonorama, Dígame, etc. Recorremos la formación del grupo, los problemas y anécdotas de todo tipo que los largos cabellos acarrearon a sus componentes, la relación con conjuntos contemporáneos suyos, especialmente con Los Salvajes, con quienes compartirían estilo y local de ensayo, el en ocasiones hilarante veto a que se vieron sometidos y el papel jugado por Pedro Heredia, su manager tartamudo y quinto cheyene por derecho propio.

En lo estrictamente musical hay que buscar una estrecha relación con The Kinks, también liderado por dos hermanos, como Los Cheyenes. Sin olvidarse de los grupos ingleses más provocadores del momento: Small Faces, Pretty Things…

Los Cheyenes, queda claro en el libro, fueron los primeros punks españoles. El propio Joselín escribe “Tampoco en aquella Cataluña , la del nacionalismo de sardana y barretina era fácil llevar el pelo largo. En el metro, la gente se apartaba cuando subías al vagón o te miraban mal. En un bar de las Ramblas me niegan un café, aduciendo el derecho de admisión, me saco el cinturón y con el broche rompo uno de los escaparates del local. Cuando apareció el punk, pensé: Hombre, pero si yo he sido un punk antes que estos chavales”.

Agradezco al autor la mención expresa a lafonoteca y al que esto suscribe: “A los interesados en investigar sobre este espacio-tiempo (se refiere a los años 1962-64) recomiendo especialmente un libro: Batería, Guitarra y Twist” de Julián Molero, el responsable(*) de la obligatoria web de Lafonoteca”.

Mucho queda por investigar y publicar sobre la música española de los 60 y primeros 70 y siempre es muy de agradecer toda publicación que, como este libro, indague con seriedad en aquellos años, del que todos se permiten hablar y de los que no abundan los verdaderos conocedores.

(*)NOTA: Uno de los administradores

«ESPECTROS DE LA MOVIDA.

POR QUÉ ODIAR LOS AÑOS 80″

VÍCTOR LENORE

AKAL (2018)

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Liquidada ya la generación indie con su anterior “Indies, Hipsters y Gafapastas (Crónica de Una Dominación Cultural)” (Capitán Swing, 2014), Lenore dirige ahora su brigada de demolición hacia La Movida y a la década de los 80. «Nunca diez años habían resultado tan corrosivos para los vínculos sociales, a todos los niveles imaginables» declara al comienzo de una de las secciones en las que divide su ensayo el autor. Eso sí, lo hace tras haber amagado un pretendido paso atrás al confesar que «Resulta infantil el intento de demonizar una época determinada«. Pero no es más que eso, una finta antes de poner de manifiesto lo perjudicial y dañino de una década que, efectivamente es objeto de continuas revisiones, estudios y mitificaciones.

Vaya por delante que los principales damnificados de esta revisión a cuchillo, aparte de la (nutrida) lista de aludidos directos, serán, más que nada, todos aquellos instalados en la nostalgia personal de sus años de juventud. Lenore se recrea en el repaso por la cara B de toda aquella pretendida explosión de creatividad y luminosidad cultural acontecida con la transición a la Democracia. Se apoya para ello en la parte más sórdida de testimonios de primera mano o de una amplia bibliografía escrita por protagonistas que vivieron todo aquello. Bucea igualmente tanto por estudios y tratados sociológicos como por obra literaria de la que sonsacar el retrato más oscuro de la época.

Dice el autor que los 80 fueron el tiempo de la apuesta hedonista como amnesia política. La despreocupación de La Movida por todas las cuestiones socio-políticas hicieron que la clase obrera quedara eliminada de los papeles protagonistas de películas de cine y novelas; facilitó asimismo el desmoronamiento de lo logrado por el Partido Comunista en la lucha antifranquista quedando relegado a un trasnochado segundo plano por el boato socialista financiando la cultura y el arte para reservarse así la imagen de la modernez y progresía.

Por contra, el libro incide en la perpetuación de las opciones neoliberales de la sociedad de consumo y de una prolongación de maneras instauradas durante la dictadura de Franco para gestionar instituciones y censuras. Se describe así Prado del Rey como un ecosistema en el que conviven cuadros del antiguo régimen junto a los recién llegados socialistas. Según concluye en su análisis Lenore, no es que muchos de los protagonistas de La Movida hayan derivado en su madurez hacia posiciones conservadoras o reaccionarias, sino que siempre estuvieron en realidad emplazados en una ubicación a donde ha podido llegar la derecha tan pronto se percató del rédito que aquellos jovencitos despreocupados podrían darles. No en vano, señala el autor, han sido consistorios presididos por el Partido Popular los que no han tenido problema alguno, muchas décadas después, en organizar homenajes y celebraciones conmemorando La Movida.

Señalados nombres propios como Loquillo, Alaska, Nacho Canut o Mario Vaquerizo, y diseccionadas sus conductas propias de la despreocupación típica del momento para cualquier tipo de concienciación social que pudiera molestar el estricto bienestar personal, el análisis, en lo que a cuestiones políticas se refiere, se extiende a, por ejemplo, Los Nikis, otro exponente de «pop-rock ochentero de clase media» cuyas canciones parecían «himnos pensados para animar fiestas juveniles de un partido de ultraderecha«. El autor no ve en el manual escrito por Joaquín Rodríguez, su bajista, «NPI de Música» (Ediciones Chelsea, 2015), argumentos concluyentes que permitan dilucidar si el grupo efectivamente se mantenía al margen de disquisiciones políticas de ningún tipo. Por otro lado, los contraejemplos con «simpatías izquierdistas» como Pedro Almodóvar son ajusticiados tajantemente, recordando sus problemas con el fisco, siguiendo la máxima de la incompatibilidad de la ética de izquierdas con el fraude a la hora de pagar impuestos. Una búsqueda más exhaustiva por el elenco de nombres propios de La Movida hubiera debido incluir quizás a personajes como Germán Coppini, al que el reciente «Golpes Bajos. Escenas Olvidadas» (Efe Eme, 2018) de Xavier Valiño, retrata precisamente con una honda preocupación personal por cuestiones sociales, por mucho que no quedaran éstas reflejadas en las letras de Golpes Bajos.

Incurre igualmente Lenore en cierta relajación a la hora de definir con claridad el objetivo de sus exacervadas críticas: ¿Queremos derrumbar sólo La Movida o toda la década de los 80? En mucho de su análisis se adivinan las ganas de que la demolición se lleve por delante al periodo temporal por completo más allá de la simple escena artístico musical. La cuestión no es baladí, porque igualmente que en el libro se indica que las películas de Almodóvar terminaban circunscribiéndose a un sector bien concreto y delimitado de la población que no permitía una descripción completa de lo que era, por ejemplo, Madrid en ese momento (en acertada analogía al habitat cerrado de clase alta de Manhattan que poblaba las películas de Woody Allen), tampoco La Movida genera la fotografía completa de lo que fue la década. En su argumentación hace uso de aportaciones traídas de fuera de su estricto ámbito (Vulpess o La Banda Trapera del Río no son ciertamente «punk movidero») lo que complica de algún modo la distinción entre ambos ámbitos. De igual manera la existencia de otras opciones que él mismo señala como el rock urbano, la rumba de los barrios marginados o el «punk populachero y anarcoide» del rock radikal vasco muestra posibilidades que no se vieron afectadas por todas las carencias y deficiencias que el libro denuncia. Si como digo el objetivo son los 80 en general se estaría obviando todo lo que trajo consigo por ejemplo el punk en el País Vasco, en Barcelona o en el propio Madrid a la sombra de la corriente oficial. Títulos como «Que Pagui Pujol! Una Crónica Punk de la Barcelona de los 80» (La Ciutat Invisible, 2011) de Joni D o «Tropikales y Radikales. Experiencias Alternativas y Luchas Autónomas en Euskal Herriak (1985-1990)» (Gaztaka Gunea, 2007) de Jtxo Estebaranz, por citar sólo un par de libros, dan buena cuenta de dinámicas socio-políticas de la época ortogonales a la corriente neoliberal que, según Lenore, traban, desde los 80 todo vínculo social.

Más allá de las ejecuciones sumarias de famosos, con el grado de polémica y morbo que determinado sector del público sin duda celebrará, y de las opiniones personales a la hora de valorar a unos y otros grupos musicales, «Espectros de la Movida. Por Qué Odiar los Años 80» se lee bien, del tirón prácticamente. La nutrida aportación de textos y fragmentos de otras obras, lejos de aburrir, permite al autor exponer de forma estructural y elaborada sus argumentos, lo que sin duda, resulta todo un acierto. Polémico y ácido, el título se añade a la cada vez mayor y abultada bibliografía demonizando La Movida.

En este nuevo Artista Revelación repasamos algunas de las novedades mas interesantes de estas últimas semanas como Kokoshca, Rata Negra, Terrier, Santo Maltés, El Palacio de Linares, Neleonard o Aliment; estrenamos ‘Celia’, un tema del disco que están a punto de sacar Autoescuela; en la sección ‘Notas de voz entrevistamos a Señalada a propósito del disco que ha sacado con Discos de Kirlian y Lolo de Hazte Lapón nos disecciona la letra de un tema de Vainica Doble en su sección «Avant la lettre»

Aquí puedes escuchar directamente la sección ‘Notas de voz’ en la que Señalada responde a nuestro cuestionario

Aquí puedes escuchar directamente la sección ‘Avant la lettre’ dedicada en esta ocasión a la letra de ‘Darío el gigante’ de Vainica doble:

Puedes escuchar todos los programas también en Spotify

“HEREDEIROS DA CRUS. CUADRILLA DE PEPA A LOBA”

ANTONIO DÍAZ AGEITOS

XERAIS (2018)

 

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Heredeiros da Crus fueron el grupo de la vida de muchas personas. Un grupo con una trayectoria de más de veinticinco años a sus espaldas que ha ido ganando adeptos para la causa hasta llegar a una legión de fieles seguidores con los que establecen una intensa conexión. «Son seguidores fieles y están pasando a sus hijos esa pasión por HDC, por lo que ya es posible ver en el público a los que empezaron con ellos en los primeros noventa y ahora también su descendencia. Entre HDC y sus seguidores hay un vínculo poderoso, incluso sentimental / nostálgico con los que vivieron los primeros años, la primera generación Xabarín (TVG). Y el largo paréntesis de ocho años en los que parecía que ya no volveríamos a ver a Heredeiros no hizo más que reforzar ese vínculo» apunta el autor de su biografía, Antonio Díaz Ageitos.

Un fenómeno intergeneracional que pronto se convierte a Heredeiros en másivo… «Heredeiros son el primer grupo de rock en gallego de éxito masivo. Fueron un torbellino que arrasaba por donde pasaban, algo de lo que da cuenta la velocidad en que alcanzaron el éxito: pasaron en apenas dos años de nacer a ser considerados por la prensa especializada como mejor grupo del año de Galicia. Para el panorama musical gallego de los 90, fueron la revolución que mejor supo enganchar con el público. Y aún hoy saben mantener esa conexión«. Y es que Heredeiros nacieron a principios de los 90 en Riveira (A Coruña), llegando rápidamente al gran público gracias a sus composiciones para el «Xabarín» de la TVG. Canciones como «¡Qué jallo é!» o «Iscalle lura» atronaban cada tarde en el programa infantil de la televisión gallega para convertirse en auténticos himnos para muchos.

 

Discos como «A Cuadrilla de Pepa a Loba» (Xurelo Roxo / West, 1994), «¡¡Está que te Cajas!!» (BOA, 1996) «Des Minutos» (BOA, 1997) los mantienen en lo más alto del rock gallego. Pero el desgaste, los roces y el cariño hacen que en 2005 la banda se separe, centrándose sus componentes en otros proyectos como Jabón Blue o A Banda de Poi. Volviendo para quedarse en 2012 con motivo de la celebración del 20º aniversario de la banda.

Para Antonio, el secreto de su supervivencia no es otro que «aprender de los muchos errores cometidos a lo largo de todos estos años y saber sacar conclusiones de ellos; aparcar egos y establecer con claridad el papel de cada uno; comprender que lo que tienen entre manos es demasiado importante como para dejarlo morir. Y quererse, entre ellos y al propio grupo«.

Con respecto a la elaboración del libro, el autor afirma que «no fue especialmente difícil al garantizar la participación de todos ellos. Mantuve entrevistas periódicas con Heredeiros a lo largo de siete meses. Y prácticamente toda la gente contactada para entrevistar facilitó el trabajo y se mostró encantada de participar en el proyecto, salvo contadas excepciones, claro está. Mi idea era escapar de una versión oficial y poder ofrecer diferentes perspectivas de la historia también desde fuera del grupo. Lo más tedioso fue el trabajo de hemeroteca, pues apenas hay registros en Internet de la primera etapa del grupo«.

Heredeiros da Crus supusieron un soplo de aire fresco necesario en el rock gallego. Tirando de desinhibición, desenfreno y locura alcanzaron una de las cimas más altas del rock en gallego, por algo son conocidos como os «máis jrandes«. Antonio Díaz Ageitos presenta un análisis completo de los de Ribeira, en una edición muy cuidada en color repleta de fotografías, carteles de conciertos e imágenes que nos ayudan a empaparnos por completo en la historia de la banda. Una banda que hizo su propia interpretación del rock y del grunge, pasándolo por un filtro local que funcionó a la perfección.


Indomitos

       Chili de carne / Indómitos (El Beato Recordings, 2008)

Todo género artístico alcanza su madurez cuando en las obras que lo conforman se solidifican una serie de rasgos, de tópicos, que se comparten una vez tras otra. A mayor número de lugares comunes, un género queda más acotado y se hace más reconocible. Así, en el ámbito cinematográfico, si hay un género por excelencia, ese es el de los westerns.

Pónganse, por ejemplo, una diligencia de caballos, un indio con la cara pintada, un saloon —con una puerta de vaivén y vasos de whisky en la barra—, un sheriff con cartuchera en ristre y algunos cactus, y ya tenemos montada una película del Oeste. Sin duda, se dan otros muchos elementos identificativos en ellas (qué serían sin los sombreros de ala ancha y las botas camperas), pero hay uno más habitual de lo que parece a primera vista y en el que no suele repararse: una escudilla de alubias. Las alubias son a los westerns lo que una flor a la primavera. De ahí que quizá se trate de una de las comidas que más veces hemos visto en una pantalla.

Aquí sabemos mucho de alubias: los judiones de La Granja, las pintas, las verdinas, las de Tolosa, los chichos asturianos o feixón gallego, y pongamos un etcétera para que no se nos desborde el plato. Para cocinarlas a todas ellas, hay que armarse de paciencia; pese a su aspecto recio y su digestión implacable, requieren de tiempo y cuidados. Y ellas, a cambio, se dejan hacer con verduras, carnes o hasta marisco, frías en ensalada o calientes.

Este chili de carne está pensado para gente indómita, con ganas de atravesar bastas llanuras y enriscados desfiladeros con poco más que una cantimplora y una frazada echa un rulo. Como Daniel, Paula y Manu, tres gallegos inquietos y aventureros, que han movido sus horizontes hacia el norte —empezaron el grupo en Glasgow— y hacia el oeste —el siguiente proyecto musical, Selvática, se originó en Río de Janeiro—, con Paula Vilas como nexo en ambos.

Un puchero con una ración de estas alubias es oscuro y rasposo como la música de Indómitos. Juntos, rasca el gaznate y rasca la mente. Te llevas la cuchara a la boca mientras silban balazos cuando atacan los instrumentos, como en un duelo; si te da alguno, no hay que preocuparse, pues como se escucha en las primeras líneas del disco: «Tu herida dejará de sangrar / una vez que la deje de apretar».

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