Categoría: LA COMEDIA DEL DIVÁN

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Digitalización de las viñetas por HoffaMM
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Tras un año haciendo esta tira cómica (y no tan cómica, a pesar de que la comedia vaya en el título), llega el momento de despedirse, y Berlanga me ha ayudado a hacerlo. Me ha costado encontrar una canción para acercarme a él, que me parecía una parada obligada, pero al escuchar ésta lo vi claro, era perfecta para un cierre.

«Septiembre», aterciopelada y elegante, no es sino una oscura canción de despedida, una despedida que empieza en septiembre pero acaba en febrero. Te confronta con el último adiós, con el peso de un saber y con la determinación de un acto sin marcha atrás posible. Mes a mes, como ocurre en esta tira, el tiempo esparce un goteo de frases que cuentan cierta verdad velada sobre uno mismo. Eso hacen a veces las canciones, y a veces, también, apuntalan un final.

Ha sido un placer, pero ahora toca decir adiós. Adiós, o hasta otra.

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Intuyo que mi interpretación de esta canción será de las más polémicas. Me da igual. Para mí, esta deliciosa canción pop va sobre los primeros síntomas de una psicosis y lo defenderé hasta la muerte. Seguro que los Pletina, con la mordiente que gastan, saben bien que en esta canción han apostado fuerte por la locura, aunque sea desde el humor. Relacionar el malestar mundial con el padecer personal es tan delirante como suena, y a la vez, es un tema hasta cierto modo común. El enfoque es prácticamente el mismo que usé yo para «Sólido», que aparecía en el primer disco de Hazte Lapón, y muy similar al de «Hablan sobre mí», de Tigres Leones. Puede, por tanto, meterse en esa pequeña y extraña colección de canciones sobre los primeros fenómenos de una psicosis a punto de desencadenarse.

Vainica Doble

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En el psicoanalisis, con frecuencia, un mismo significante representa dos ideas distintas. Dos cadenas asociativas distintas convergen en una sola palabra, y el inconsciente, con un movimiento de prestidigitador, hurta el significado más conflictivo, mostrando otro que a priori carece de sentido. Así sucede en los sueños, en los que unas personas son sustituidas por otras, generando, en la vigila, un desconcierto ante lo aparentemente irracional; la clave sería hallar ese vínculo escamoteado que da sentido al sinsentido. Algo así me ha sucedido con esta entrega de «La Comedia del Diván». Ya tenía acabado el trabajo, que abordaba la monumental y misteriosa «El tigre del Guadarrama» cuando supe del fallecimiento de Gloria Van Aerssen. Y no fue hasta la muerte de ésta que caí en mi equívoco: nunca supe quién era Carmen Santonja y quién Gloria, y siempre invertí lo nombres, asumiendo, quizá por lo que yo reconocía como rasgos nórdicos, que Carmen era Gloria y Gloria era Carmen.

Durante todo el texto y el dibujo me despido de Carmen como en un sueño, mientras que es Gloria la que aparece dibujada. En este misterioso juego del inconsciente, que casi parece que adivinó una muerte por venir, me despido de las dos a la vez, fundiendo dos significantes en uno, doble: Vainica Doble. Adiós.

Golpes Bajos

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Es bastante recurrente pensar en la paranoia cuando uno escucha «No mires a los ojos de la gente» de Golpes bajos, porque dentro late la angustia persecutoria, la desconfianza ante la figura de cualquier extraño y la idea kafkiana del sujeto en permanente peligro y sin conocimiento de motivo alguno. Pero mi interés no es tanto el manido concepto de la manía persecutoria, sino el papel que juega el ojo, y su función, la mirada; ese astuto vigía ubicuo de significado tan incierto.

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«Arponera» es, probablemente, la mejor canción de Esclarecidos, quizá precisamente por su naturaleza enigmática. Todo enigma tiene múltiples soluciones y, a su vez, ninguna solución absoluta: siempre queda un resto, una duda. Aquí, nuestra llave maestra será simbólica, porque más allá de la obviedad de la comparación fálica del arpón, lo importante es su peso como símbolo, el arma como poder omnipotente, el objeto como objeto de deseo. Y la diferencia entre sexos, como el gran enigma de la humanidad.

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La neurosis obsesiva es un trastorno en el que el sujeto se ve invadido por ideas repetitivas y absurdas que, sin embargo, no puede quitarse de la cabeza. También se caracteriza por las compulsiones, que se definen como actos ritualizados o comprobaciones irracionales que uno no puede dejar de hacer aunque lo desee. Cualquiera se sentía cercano al paradigmático personaje que interpretaba Jack Nicholson en “Mejor Imposible” (James L. Brooks, 1997), porque cualquiera se ha visto alguna vez evitando pisar las líneas de las baldosas para mantener la cabeza distraída de ideas angustiosas.

Creo que algo de eso hay en la enigmática “La última” de Astrud, una duda obsesiva y un ritual de comprobación, donde el pensamiento se desplaza a lo aparentemente trivial, para quizá zafarse de una idea ominosa.

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De «Aviones plateados», la frase que siempre me cautivó es la que dice: “Barba de 15 días, no me levantaría”. Es esa frase de tintes depresivos la que reverberaba en mi cabeza cuando acudí a ver qué secretos escondía aquel alma penitente que miraba pasar los aviones por encima de la casa de su amor perdido. Quizá el gran secreto que asoma, cuando se mira de cerca, es que, como ocurre muchas veces, un amor perdido puede ser un amor que se dejó caer, un amor que el obsesivo se obligó a perder para pagar una penitencia eterna e (inconscientemente) voluntaria.

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No sé vosotros, pero yo en las canciones de desamor de Ana Fernández-Villaverde veo algo muy roto, muy oscuro. Tras su envoltura luminosa parece latir un dolor incurable. Antes de que toda esa tormenta de melancolía se desatara sin titubeos en “Premeditación, Nocturnidad y Alevosía” (Elefant, 2015), ya apuntó por esa vía en la engañosamente plácida «Hoy». «¿Qué será la muerte?», se preguntaba entonces Ana, y yo me pregunto aquí cuál es el origen de ese Thanatos, ese instinto de muerte, ese dolor que desgarra cuando uno se separa de su objeto de amor.

 

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La interpretación del deseo siempre es problemática. Sobre todo porque a veces el deseo se divide, y divide así al sujeto en dos, le parte por la mitad y cada una de esas mitades le lleva a un sitio distinto. ¿Amar o no amar? ¿Ser o no ser? ¿Qué es lo que nos impide contestar esas preguntas? La enigmática “Más mañanas”, de La Estrella de David, me sugiere a un Hamlet del Baix Llobregat, inmovilizado por su deseo y paralizado por la duda. Será en los sueños, como apuntaba Freud, donde encontraremos las pistas para interpretar los deseos reprimidos.

 

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The divan comedy - Chucho
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Fernando Alfaro ha escrito, al menos, dos de las mejores canciones que conozco sobre la paternidad. No sobre la figura del padre, que es una temática más recurrente, sino sobre el hecho de ser padre, con toda su complejidad. De hecho, “Chapoteosis de chiquillos en la bañera” tiene su secuela en la posterior, “Y minera”, donde podemos seguir el curso de los juegos de identificación, incorporando ya la palabra del hijo (la hija, en este caso).

En esta primera aproximación, sin embargo, el hijo aún no tiene palabra, pero aún siendo mudo, ya puede ser receptor de un mensaje. La imagen que abre la canción, un cenagal donde lo primero que encuentra el recién nacido es la cara estragada del padre, ya avisa de la oscura senda que se avecina. Pero es el personaje de la cigüeña, que en sus ambiguas intenciones llega a parecer un águila, donde me he querido detener, para entender los claroscuros de la figura paterna, esa que todos tenemos dentro y que en cualquier momento podemos ser llamados a encarnar.

Chucho, «Chapoteosis de chiquillos en la bañera», «Los Diarios de Petróleo» (Chewaka, 2002)