AUTENTICIDAD Y CONTRADICCIONES DEL RAP QUINQUI

Descubrí a Jarfaiter y El Coleta gracias al programa televisivo «Mapa Sonoro» (aquí el primero y aquí el segundo). En realidad, ya alguna vez antes habían aparecido en otros medios no vinculados a la escena rapera y social de los barrios madrileños –Tetuán y Moratalaz, respectivamente- que ha alumbrado a estos dos músicos. El caso es que, con sus respectivos nuevos álbumes disponibles en vuestros ordenadores, El Jarfa y El Coleta se han convertido en una de las sensaciones de la temporada, trascendiendo su propio ámbito y penetrando en el más hipster, indie o cultureta, siguiendo las acepciones utilizadas por Víctor Lenore en su comentadísimo libro.

Con el atrevimiento del recién llegado a esto, y con la perplejidad del que se ha enganchado y fascinado sin remedio con este fenómeno que calificaremos de rap quinqui (makarra, kañí o taleguero son otros de los términos que se están utilizando), voy a intentar expresar algunas ideas que me vienen a la cabeza.

1. – El rap quinqui vendría a ser nuestro equivalente al gangsta rap estadounidense. Habla de los mismos temas, pero adaptados a la realidad de aquí. Giran en torno a la vida en los barrios, reclaman esa autenticidad de la calle y, además, tiene en ellos una importante presencia la delincuencia, en algunos momentos glorificada pero inevitablemente enraizada en la subcultura que se retrata, donde la desviación te hace subir peldaños en su escala social o, simplemente, es un modo de supervivencia. Musicalmente, si los gangstas tomaban sus bases y samples del funk, soul, jazz o electro, el rap quinqui bebe casi por igual de las rumbas y del rock urbano, el rock radikal y el heavy de los 70 y 80, así como de la iconografía del denominado cine quinqui de aquellos años. Prácticamente la totalidad de los títulos míticos del género -«Perros Callejeros” (José Antonio de la Loma, 1979), “Deprisa, Deprisa» (Carlos Saura, 1981), “El Pico” (Eloy de la Iglesia, 1983), “Yo, El Vaquilla” (José Antonio de la Loma, 1985), “Navajeros” (Eloy de la Iglesia, 1980)…- aparecen citados, o explícitamente homenajeados, en los temas de uno y otro. Acertadamente, El Coleta ya ha declarado que, igual que los raperos norteamericanos no dejan de inspirarse en la blaxploitation, ellos lo hacen en el que consideran su equivalente español. En este sentido, y con muy pocas excepciones previas (Mala Rodríguez, que, ojo, adora al Coleta y ya ha colaborado con él, o, en menor medida, Tote King o Mucho Muchacho) nos encontramos por fin ante un modo verdaderamente autóctono de aproximarse al hip hop. Fenómeno que, de hecho, ellos intentan trascender: Jarfaiter ha declarado que él no hace rap ni hip hop, que hace simplemente música. Se alejan de los manidísimos clichés de un estilo basado de modo altamente risible en la chulería y la competitividad de batalla de gallos, esa cansina acumulación de afirmaciones de egos, testosterona y automatismos de yo soy mejor que tú, me follo a más pibas y tengo más posesiones materiales. En cambio, ellos aportan aire fresco y un sentimiento de verdad que, además de su inapelable y contundente modo de rimar (castizos “ejques” incluidos), ha conseguido que muchos de los ajenos a la escena hiphopera nos hayamos visto arrastrados hacia ello. Otra peculiaridad es el modo que, hasta ahora, han utilizado para distribuir su música. Reniegan de la escena rapera tradicional y han colgado sus maquetas y discos en sus propias webs o Bandcamps. El último de Jarfaiter, «Antihéroe» (Autoproducido, 2015) (¿posiblemente el mejor álbum de hip hop hecho nunca en España?), sólo se puede encontrar, de momento, en su canal de Youtube. A la hora de reivindicar, pasan de los raperos establecidos y sólo hablan de músicos emergentes de sus barrios. El Coleta de Starone, Broder Chegar o Elso RodríguezAñade este contenido; Jarfaiter del 13eze, Sandor García, Pleito Searchers, El Butrón o Duer.

2. – Tras lo dicho, es fácil percibir que los cachorros del rap quinqui representan un ideal de pureza, dureza y autenticidad de calle/ barrio, de una verdadera cultura popular, inteligente, crítica, beligerante y no contaminada por la fama, el dinero o influencias de tendencias culturales foráneas. Pero también se vislumbra un peligro de descontextualización y desnaturalización del fenómeno. Lo ilustraré con dos ejemplos vividos en primera persona. Uno, durante el Sónar de 2009 descubrí que, por encima de un festival que aquel año me pareció bastante aburrido, donde más disfruté fue viendo en el CCCB la exposición “Quinquis de los 80”. Tanto, que hasta acabé escribiendo un post sobre ello en mi blog personal. Al releerlo ahora, descubro divertido que ya reflexionaba sobre algunas de las cosas que ahora mismo he pensado al acercarme al rap quinqui. El otro: coincidiendo con algún evento (puede que el Día de las Tiendas de Discos), actúa gratis El Coleta en la tienda madrileña La Integral. La gente se apiña en la calle porque dentro está petado, y conozco a casi todo el mundo. No somos chavales de Moratalaz, sino gente del mundillo indie-hipster y similares que jaleamos al Coleta con una visión entre exótica, turística, condescendiente y distanciada. Claramente posmoderna. En cierto caso, me hizo pensar en algo así como en esa tesis de Owen Jones pero al revés: ya no es que la clase media ridiculice a la clase obrera, sino que la asimile para darse un plus de autenticidad y ganar credibilidad, algo así como “capital callejero”. A costa de acercarse a la vida de calle a través de los discos, claro, no de darse un rulo por M.O. a ver qué se cuece por allí. En cierto modo, me recuerda a cuando Los Chunguitos actuaron en el Rock-Ola y salieron en «La Edad de Oro» (TVE). Con la salvedad de que Los Chunguitos eran muchísimo más masivos y populares, y esto se queda en un fenómeno para minorías enteradas. Quizá en un fenómeno de temporada.

3. En algunas de las entrevistas que he leído se intenta vender lo que hacen estos chicos como rap políticamente concienciado, pero ellos reniegan sintomáticamente de ello. Cuentan su vida, y eso incluye críticas al capitalismo y un componente de odio de clase, pero lo defienden como rap autobiográfico, no necesariamente comprometido. Su perspectiva parece más la del que lucha individualmente (o, como mucho, con el apoyo de sus colegas más cercanos) por su supervivencia propia, pero no cree en una lucha colectiva para mejorar sus condiciones de vida o lo despacha en “que cada cual haga lo que quiera”. Y también la de la posmodernidad retromaniaca. La cultura que reivindican es la de hace 30-40 años y, a su manera, juegan con esa memorabilia. En el “Iberian Pak” que incluye con sus trabajos, El Coleta mete casetes con diseño de gasolinera, pegatinas de El Pirri (actor mítico del cine quinqui), sus vídeos replican el estilo de aquella blaxploitation cañí y también los pósters de tías en bolas favoritos de los camioneros y otros iconos similares adoptados con un sentimiento indudablemente nostálgico. Es el reverso chungo de “Yo Fui a EGB”. Algo así como “Yo debía ir a EGB pero me pasé esos años en el barrio haciendo pellas y dando el palo”. Se puede entender como una parte más de la crítica a la Cultura de la Transición. Por ejemplo, en “M.O. Vida madrileña”, El Coleta afirma que ésa era la verdadera cultura popular de los 80 y no la de Alaska. Pero, claro, estamos en 2015 y algo se me escapa aquí. Es música del presente que, en cierto modo, habla del pasado y su pervivencia, pero… ¿Dentro de diez años diremos que éramos del Jarfa o El Coleta como cuando se hablaba de si se era de Los Chunguitos o Los Chichos, de Obús o Barón Rojo?

4. Como sigo con la sensación de que se me escapan muchas cosas y puede que sólo haya escrito tonterías, se me ocurrió hacer un pequeño experimento en mi muro de Facebook. Compartí un vídeo conjunto de los dos artistas que, a su vez, parodiaba un clásico del cine quinqui y todo el rollo taleguero y pregunté por la opinión de mis amigos. Estas fueron las respuestas, procedentes de músicos, periodistas o aficionados a la música, todos ellos del entorno indie:

“A mi me acaba de llegar el ‘Iberian Pak’ a casa hoy mismo, con esto creo que ya lo he dicho todo, no?”

– “ Me gusta lo que hace El Coleta. Me gusta lo que hace Jarfaiter. Pero esto no. Me gusta cómo (d)escriben y transmiten sus realidades en sus temas (entornos, relaciones, sentimientos, etc). Aquí hablan de otra cosa y no me llega en ningún sentido. Si consigo aclararme algo más te cuento”.

“Pues The Cure tiene una canción sobre ‘El Extranjero’ (1942) de Camus y estos sobre cine kinki. ¿Te vale eso? Si me gustan estos dos es porque no van de negros. Porque son de aquí. Y al final están hablando de la generación anterior en sus barrios en cierto modo, que lo kinki estaba ahí y si no habla con los muchachos de Entrevías que te den el tour negro por el barrio”.

“Para mí Jarfaiter es lo mejor que ha salido en mucho tiempo. Hablo en serio. Desde ‘Perros Callejeros’ no he parado de escucharle. Rollo enfermizo. Me gusta demasiado todo lo suyo. Le vi el otro día actuando en El Sol y estuve una semana excitado por todo aquello. El Coleta es un tío listo y lo respeto, pero lo que hace no me llega”.

“No me disgusta”.

“Para los indies, bien, sorprendente y tal. Para los que tengan un poco más de mili en el hip hop español igual un poco menos. O sí”.

“ Un desenfreno necesario. Tyler The Creator y eso”.

“Buena mierdaca”.

“Esto es lo que menos me gusta de lo que han hecho, pero si es como homenaje, lo respeto. Para mí, lo que hace El coletas es una forma personal de contar sus cosas, cosas que ya habían sido contadas y de forma parecida, pero dándole una vuelta que las sublima y casi te hace preguntarte qué había antes. Como cuando apareció Joe Crepúsculo, en su estilo. Nunca me gustó el hip-hop de malotes, que en realidad dan risa. Esto es auténtico”.

“El rollo hip-hop con bases flamencas mola. Esos teclados vientos guiño al rollo Camela (y black music). Tiene flow. El vídeo está bien. Pero tampoco mata. Al menos es original. Que eso no es moco de pavo”.

«A mí me mola!

“Jarfaiter é o que saíu hai tempo en Mapa Sonoro non?”

“El Coleta xa o vira no seu BMW tó quinqui. Jarfaiter es de pueblo, mola”

“La canción mola (pero sin pasarnos; es una parodia involuntaria). El vídeo es una mierda. Deben esforzarse más, tienen retos por delante bastante apetitosos para quedarse haciendo solo estas monerías”.

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