«ARDER / BAILAR» DE TIGRES LEONES: SONIDO MUCHACHO SE HACEN MAYORES

Sonido Muchacho es un colectivo que aparte de por su extrema juventud, destaca por su vitalidad (puede sonar a perogrullada, pero no siempre van necesariamente ligados), que se traduce en una hiperactividad casi ilimitada. En esta casa sentimos un gran afecto por ellos, no sólo por haber sido testigos de su nacimiento, sino también porque pronto comenzamos una colaboración fruto de la cual hemos estrechado lazos e incluso trazado algún que otro proyecto común.

El 2 de febrero fue un día grande para ellos. Aparte de en el sector audiovisual, Sonido Muchacho quieren abrir brecha en el sector musical, como sello discográfico: su primera referencia la constituye un 7″ de Tigres Leones, banda amiga a quien por cierto montamos su primer concierto tiempo ha junto a los fenecidos Ingenieros Alemanes, y este de la sala El Juglar era el primer concierto que organizaban. Si algo tienen son ganas de hacer las cosas bien, pero con la filosofía de ir aprendiendo por el camino, en lugar de abrir el libro en el punto de partida, filosofía que compartimos al 100%. Ahí se les veía tan nerviosos como ilusionados con los singles en su puestecito. Conmovedor.

Para iniciar esta andadura han escogido a los mejores compañeros de viaje; porque los Tigres Leones han demostrado que quieren cuidar cada paso que dan, y ello se ha reflejado en todo lo que acompaña a este su debut: portada -excelente, como de costumbre- de la mano de Ricardo Cavolo, y videoclip a cargo de Miguel Esteban, adelanto alabado no precisamente sin motivos por multitud de medios; un videoclip animado, animalista e hipnótico que se adapta a la melodía como un guante y que está inspirado en una famosa escena de Bill -Bojangles- Robinson bailando junto a Shirley Temple en «The Little Colonel» (1935) de David Butler.

Tigres Leones mostraron de nuevo sus fauces, y nos brindaron el que hasta ahora es su mejor concierto, encontrando Javi el punto de reverb deseado en la voz, y abandonando esos vericuetos ruidistas descontrolados por los que a veces se pierden. Con un inicio impactante, una línea de bajo altísima (muy ochentera), unas guitarras desbocadas (muy noventeras) y una batería -la fotógrafa Rosa Ponce- precisa como un reloj suizo; mostraron algunas de sus nuevas canciones que, como las del single, significan un nuevo paso hacia adelante en su corta pero intensa trayectoria. Por poner una pega, han de medir muy bien la longitud de sus conciertos, puesto que tanta gravedad e incluso un poco de mesianismo pueden acabar saturando.

Abriendo la velada estaban Coraje, grupo del ex Claveles Jordi en el cual milita Luis, de Sonido Muchacho, quedando todo en casa. A Coraje le costó entrar en juego más que en su excelso debut, pero era previsible dadas las circunstancias. Aún así, el grupo, que recoge la herencia rockera de los Clash, con sus inclinaciones reggae incluídas, y que tiene un puntito oscuro y chulesco a lo Gabinete Caligari, acabaron por ofrecer su mejor cara, dejándonos con ganas del siguiente concierto. Lo más grande de Coraje es que van a su bola, siendo aplicable en ellos la manida frase de ir por libre, ajenos a modas y tendencias, pues es verdad.

El debut de Sonido Muchacho en su vertiente discográfica fue todo un éxito. Os aseguro que no fui el único que llevaba en la cartera sus dos primeras referencias.

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