AQUELLOS ANIMADOS AÑOS

Este post nació con la didáctica misión de revisar las bandas sonoras de las series de dibujos animados que ilustraron nuestra infancia (por nuestra me refiero a esa puretil franja de edad de los que hemos sobrepasado ampliamente los treinta). Pero ya sabemos como son las cosas, uno empieza queriendo y buscando algo y termina cogiendo y agarrando lo que se encuentra a su paso y perdiéndose por los intrincados e inescrutables caminos de Internet -y sus inseparables amiguitos: el gozoso Youtube, la sacrosanta Wikipedia y el amable Google-…

Así que como hoja de ruta o aviso a navegantes (según seáis de secano o de mar), ahí van unas declaraciones de intenciones a posteriori (que son las únicas que, en realidad, son de fiar):

1. La inutilidad absoluta es la intención última que se esconde tras este post. Soy fan a ultranza y sin complejos de las cosas que no sirven para estrictamente nada. Lo gratis. Como motor vital, como filosofía cotidiana.

2. No pretende haber aquí más nostalgia de la estrictamente necesaria. Tampoco trato de decir que los dibujos animados de antes y sus sintonías fueran mejores. Llevo más de una década sin televisión y no sé qué se cuece ahora en los seriales infantiles. Es sólo esa extraña idea de que muchas canciones de aquellos dibujos animados eran hitazos y que, quizá por su formato y audiencia, no fueron tratadas como las auténticas obras maestras que eran.

3. El criterio de selección, como ya he apuntado antes, tiene poco de científico, nada de objetivo y muy poco de historicista. Se trata más bien de un flaneo sin rumbo por mis recuerdos televisivos de niña; un recorrido vago -en ambas acepciones del término- por esa cosa tan caprichosa, imprecisa y maleducada que es la memoria. Así pues no se me rasguen las vestiduras en caso de olvidos atroces (la selección es tan subjetiva como difícilmente discutible) y errores palmarios, que los habrá (contrarrestar fuentes es una práctica en desuso; y ante la duda, siempre lo más delirante).

4. Con este post se refuerza una de mis más absurdas teorías y un personal plan educacional largamente acariciado en silencio. A saber: si es escuchar un trozo de una de estas sintonías y salirnos la letra completa de la canción treinta años después, ¿no sería un método de aprendizaje brutalmente efectivo, atrozmente mecánico, memorizar todos esos datos que te obligan a retener de pequeño y a recitar cual loro -nombres de ríos y cordilleras, tablas periódicas de elementos, capitales del mundo mundial…- en formato cancionero? Pasarían los años y los datosdatosdatos permanecerían incorruptos como los brazos -eso dicen- de algunos santos?

Realizadas estas advertencias, vamos al lío (lío que se resume en «cosas de las que uno se entera surfeando en el proceloso mar de la red de redes»):

1. La cancioncica de inicio de la almibarada serie «La Aldea del Arce» (esa pegadiza «Shamalele Shamala, nuestra aldea es genial») es obra del reblandecerebros Emilio Aragón. Sobre la interpretación de dicho hit hay cierta confusión: hay quienes aseguran que era Rita Irasema, mientras otros hablan de unos tal Monono y Su Banda. La letra era sobre pasarlo bien («y disfrutaremos de muchas aventuras»), desparramar («jugaremos de noche, jugaremos de día») y sobre lo guay que es el terruño («nuestra aldea es genial»).

2. Los temas que abrían y cerraban esa entrañable serie española llamada «David el Gnomo» eran de Rosario María Ovelar (letra) y de Javier Losada e Hilario Camacho (música), persona -esta última- responsable de aquella proustiana tonadilla que servía de inicio a «Tristeza de Amor», serie de la que soy incapaz de recordar nada salvo la canción («un juego crueeeel») y que salía Alfredo Landa. Hilario Camacho, por cierto, está muerto y era madrileño. Yo habría jurado que venía del otro lado del charco y que seguía siendo el hermano pobre y digno (suele ser lo mismo) de Joaquín Sabina.

3. La mítica y animosa opening song de «La Vuelta al Mundo» de Willy Fog la cantaba Mocedades, ese excelso grupo nunca bien ponderado, al que los dioses Martes y 13 hundieron en la miseria convirtiendo el incontestable himno «Eres tú» en una canción inducida por un feliz cunilungus.

4. La famosísima canción de la serie de la Marvel Comics, «Dragones y Mazmorras», fue interpretada en su adaptación al castellano no por Parchís, como muchas veces se ha dicho, sino por unos tal Dulce, grupo que pasó sin pena, ni gloria y que desapareció en un pestañeo. Probablemente el tema de «Dragones y Mazmorras» sea uno de los más inolvidables de nuestra infancia animada. Épica infantil de la buena.

5. Otra que gozó de gran popularidad y que ocupa un puesto de honor en mi memoria musical es la sintonía de «D’Artacan y Los Tres Mosqueperros» (reflexiónese unos instantes sobre la magada del humor encerrada en el título de la serie y en el hecho de convertir a los estirados mosqueteros franceses en canes). La cantaban unos tal Popitos (hermana y hermano, por lo que se ve; la chica luego fue azafata televisiva en programas de distinta índole). El gran hallazgo de esta composición era ese estribillo trotón en el que se repetía «D’Artacan» por dos veces. Sensación de velocidad inmediata.

6. La adaptación (por no decir calco, hasta las voces suenan igual) de la canción que abría la serie germanonipona «Vickie el Vikingo» también fue interpretada en su momento por Mocedades. Un temazo de esos que lo escuchas ahora y no te crees lo bueno que era. Muy acorde con la serie que era buen rollo y diversión total, y tan alejada del melodrama torturante y torturado de otros productos como «Heidi» y «Marco» que competían en lagrimeo y orfandad (trending topic de la época, por lo que se ve). Recientemente y por obra de Dani Martín y su Canto del Loco -hicieron una versión para la peli del niño vikingo- el bueno de Vickie pasó de ser el chavalito listo pelirrojo deshacentuertos a sonar como un calimochero broncas.

7. La serie de todas las princesitas del mundo, aka «Candy Candy», se emitió aquí con su sintonía en japonés. Tal cual. Estos dibujos son los responsables de que las niñas pronunciáramos como si tal cosa watashiba (o algo parecido) y de que dibujáramos los ojos de todo ser humano en forma de rectángulos con burbujas chispeantes dentro.

8. El pepinazo con el que empezaba «Mazinger Z» nunca jamás lo cantó Raphael, como se puede leer por ahí (aunque, todo sea dicho: no le podía pegar más). El tema fue interpretado por quien adaptó la canción original al castellano: Alfredo García Garrido, responsable de otras adaptaciones a nuestro idioma como la de «La Abeja Maya», la mencionada «Vickie» o «Pippi Calzaslargas»; y autor de esa cabronada imperdonable de «No te vayas mamá, no te alejes de mí, adiós mamá, pensaré mucho en ti» (los que crecisteis con el miedo permanente a quedaros sin madre y a tener que buscarla por medio mundo con un mono albino colgando del hombro, sabéis de lo que hablo…)

9. El superhit que abría la serie «Ulises 31» (esa en la que Ulises era un buenorro a lo Kris Kristoferson en sus años mozos) fue trasladada a nuestro idioma ni más ni menos que por José María Cano y Miguel Bosé. No sé quien la cantó, pero la tenía que haber ‘aullado’ Tino Casal.

10. Para terminar he dejado una serie que ya no forma parte de mi infancia, pero que me parece lo suficientemente delirante como para no ser olvidada: «Los Fruittis». En el año 91, cuando ya llevábamos más de diez años viendo anime bastante decente para la época, van y se despachan con una serie de ¡frutas!, hecha con una técnica de animación de cuando no existía la animación, y que encima duraba más que cualquiera de las anteriormente mencionadas (91 capítulos). Alcachofo, Nabo (el fruiti americano), Gazpacho (la piña andaluza), Pincho (el higo chumbo), Mochilo (el plátano canario con mochila) eran algunos de los protagonistas. En su momento fue considerada mierdosa total, pero con el tiempo -sabio e implacable juez- hemos podido comprobar que, en realidad, se trataba de una gozosa muestra de lisergia en estado puro. El tema de apertura, compuesto, por Josep Roig, era un adelantado himno a la tolerancia y a la multiculturalidad («Somos blancos, somos verdes/ somos negros y amarillos/ somos todos diferentes/ y estamos muy unidos»). Los Fruitis llegaron a salir en los dibujos de las galletas de Tosta Rica (ahí es nada).


Ahora vuestras cabezas están llenas de sintonías y de datos inútiles. Objetivo conseguido.

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Comentarios

  1. Buenas!! uff!! me ha encantado saber un poco mas de la historia de nuestros dibujos animados favoritos. Felicidades!! muy currado!!
    Ahora lanzo un reto, pues yo no he sido capaz de encontrarlo y cuando lo menciono me dicen que estoy loco…a ver: creo que el cantante en castellano de la mitica serie Oliver y Benji era ni mas ni menos que Jesús Vazquez (la quinta marcha, presentador de OT etc…) alguien me lo puede verificar?? gracias de antemano. A ver si teneis mas suerte que yo…un saludo a tod@s

  2. Felicidades por el artículo, aunque en un detalle no estoy de acuerdo, y es sobre «la aldea de arce»:

    «1. La cancioncica de inicio de la almibarada serie “La Aldea del Arce” (esa pegadiza “Shamalele Shamala, nuestra aldea es genial”) es obra del reblandecerebros Emilio Aragón. Sobre la interpretación de dicho hit hay cierta confusión: hay quienes aseguran que era Rita Irasema, mientras otros hablan de unos tal Monono y Su Banda. La letra era sobre pasarlo bien (“y disfrutaremos de muchas aventuras”), desparramar (“jugaremos de noche, jugaremos de día”) y sobre lo guay que es el terruño (“nuestra aldea es genial”). »

    La canción es obra de Emilio Aragón y su hermana Rita Irasema, y cantada por la chica del grupo «Monano y su banda», que fue un grupo de música infantil creado por Miliki y que también cantaron la canción de los «Ewoks».


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