APARTE DE TODO, NO HAY NADA

Coca de albaricoques / Los Caramelos
Coca de albaricoques / Los Caramelos

 

Mucho antes de que programas de TV de hoy día como «Cuarto Milenio» coparan la atención de la audiencia, campó por las pantallas el parapsicólogo Jiménez del Oso. Al igual que todos esos espacios televisivos, el suyo era un intento por hacer convincente la pseudo-ciencia ficción y convertir en anormal («paranormal» lo llaman ellos) chorradas que en realidad carecen de importancia. No recuerdo bien si fue una escena real de dicho programa o un impagable sketch de Gomaespuma -o ambas cosas- aquella imagen del presentador de La Puerta del Misterio, micrófono en mano dirigido hacia un matorral, espetándole: “Soy Jiménez del Oso, científico. Espero contestación”.

La condición del ser humano apenas soporta que no se pueda entender la causa o la naturaleza de un hecho, así que suele afanarse en encontrar explicaciones incluso peregrinas (la religión es un buen ejemplo). Allí donde existen acertijos e incógnitas, el cerebro aplica su capacidad de análisis para resolverlos como un problema matemático; pero si el dilema no se solventa, se crea una especie de perturbación, una intriga obsesiva. El interrogante adquiere entonces la categoría de misterio.

El personaje que durante décadas se ha escondido tras el matorral de Los Caramelos se hace llamar Charlie Mysterio. El misterio de Charlie Mysterio no es otro que el de no mostrarse, hacerse pasar por un espectro musical ajeno a los focos y la escena pública, desarrollar sus innegociables propuestas aun a riesgo de no ser más que sombra. Es como si, dueño de una personalidad musical tan definida y original, no precisara del reconocimiento público para justificar su existencia, de quien se siente alguien siendo un outsider y sabe que no sería nada si fuera igual que los demás. Tras más de una década sin tener noticias suyas, Charlie Mysterio ha vuelto a publicar, y diríase que casi en aluvión: un single, un EP y un elepé en el transcurso de unos meses, cuando antaño costó lo suyo reunir su material y sacarlo. Aquel legendario cedé del sello Spicnic hoy es un disco de culto, un deslumbrante documento de pop atemporal y singular.

Misterio, magia y fantasmas del pasado bailan en corro a lo largo de Los Caramelos 1988-1999. En el arte culinario, la repostería tiene mucho de ese componente mágico y velado. Así pues, es el disco indicado para escuchar mientras te embadurnas el mandil preparando una coca de albaricoques. El resultado, visto desde arriba, recuerda a los agroglifos, las enigmáticas formaciones circulares que aparecen en algunos cultivos y que Mel Gibson y muchos misteriólogos han tratado de identificar como señales de vida extraterrestre.

Pobres de nosotros los descreídos, qué poco hay a lo que aferrarnos.

Twitter: @goghumo

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