ANTIGUAS USANZAS

Picatostes con azúcar / Betty Troupe
Picatostes con azúcar / Betty Troupe

¿Qué tienen en común los picatostes y los maxis? Que son dos especies en peligro de extinción. Languidece ese formato de vinilo como languidecen las viejas recetas cargadas de colesterol e hidratos. El pan frito mojado en un tazón de leche para desayunar pertenece, sin duda, a otra época, de las que ya no volverán. Recuerda a la cocina de la abuela, a fines de semana en el campo, al olor de la leña en una chimenea, al gorjeo alborotado de pájaros junto a una ventana.

Por su parte, el maxi nos retrotrae a la era de la música disco —que fue la que lo concibió y lo vio nacer en 1975—, aunque proliferó a lo largo de la década siguiente. En nuestra casa las doce pulgadas de los maxis resultaban un tanto antipáticas por cuanto era un formato demasiado grande para tan pocas canciones, chocaba su tamaño de LP con su contenido de single, como si fuera un niño grande; sin embargo funcionaba muy bien en una discoteca, porque permitía extender el minutaje introduciendo variaciones y mezclas en los temas, cosa que no se podía hacer con el single de 7’’. Además, al no estar tan comprimidos los surcos, el sonido era más nítido, tenía más volumen y en general todos los niveles estaban mucho más altos.

«El vinilo» (Ariola, 1983) de Betty Troupe es uno de los mejores maxis de la historia del pop español; picatoste musical del bueno, crujiente, sabroso, que el paso del tiempo no ha echado a perder. Es de cuando aquello de la Movida, en este caso la valenciana, que se decantaba por tecno-pop y una imagen glamurosa. Los seis componentes de Betty Troupe, comandados por la animosa Flora Illueca, llevaban pintas a lo nuevos románticos, algo así como unos Spandau Ballet del Turia. La cara A la ocupaba «El vinilo»; es una pieza inusual y de las más raras y sugestivas compuestas por aquel entonces, diríase casi propia de The B-52’s. Tiene un ritmo fogoso y cortante, gobernado por la guitarra y la batería, gritos, exclamaciones, profusión de coros y una extraña letra que remite a unas criaturas desconocidas que han ocupado el disco y, por lo tanto, la mente de quien lo escucha, lo que podría interpretarse como un síntoma de locura.

La cara B contiene dos cortes. «MS20» llama la atención por el ramillete de violines que la adorna y una letra que habla de un mundo de construcciones futuristas. Y lo cierra «Berlín», de bajo caudaloso y guitarra punzante, en la que Flora canta algunas frases en alemán.

Lamentablemente, Betty Troupe duraron lo que dura este maxi o lo que se tarda en preparar una tanda de pan frito, poco más. El único LP posterior apenas aportaba nada más allá de esas tres magníficas canciones. El olvido los devoró.

Y ahora, ¿quién se acuerda de los maxis? ¿Quién del pan frito? Aaaaaaah Aaaaaaaah Aaaaaaaah ¿Qué le pasa a vuestra mente?

Twitter: @goghumo

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