ALBERTO MONTERO: LA CATEDRAL SUMERGIDA (II)

Alberto Montero
Alberto Montero en una fiesta de LaFonoteca Barcelona en 2013. Fotografía de Blanca Viñas.

Grabar un disco siempre es un acontecimiento memorable en la vida de un músico. Da igual que sea el primero que el séptimo (como es este caso), siempre hay un cosquilleo que te anuncia que la grabación va a ser algo que recordarás el resto de tu vida.

El proceso de grabación de este es un poco diferente, ya que es la primera vez que en un disco mío el protagonismo lo tiene el piano y un cuarteto de cuerdas. Así que lo que necesitaba era un estudio
con piano, realmente esa era mi única exigencia. Marcos (Junquera, batería) me recomendó el estudio de sus colegas Xema y Cayo: Río Bravo. Río Bravo está en Xirivella, una ciudad del cinturón metropolitano de Valencia. Tan cerca de Valencia que solo las separa el cauce del río Turia. Nos íbamos a comer a un bar cerca del estudio que por 9€ teníamos primero, segundo, postre, bebida y café. Y de postre pedí los tres días ‘Castaña Helada’, un helado a lo Magnum Frac con forma de castaña que no probaba desde mi niñez.
El miércoles 19 de julio nos dejaron el estudio para que Marcos, Xavi (Muñoz, bajista) y yo
ensayáramos las canciones. Esta vez son pocas con bajo y batería, siete. Yo me estrenaba al piano
en un ensayo y, la verdad, no se me dio mal. Aunque, acostumbrado al sonido rudo de mi piano polaco ochentero, este piano nuevo me resultaba extraño al tacto y falto de cuerpo.
Al día siguiente comenzamos con un desayuno de 2€ y con las canciones de guitarra rítmica (solo 2). Grabamos en directo: guitarra, bajo y batería. Hicimos varias tomas, discutimos cual está mejor de tempo, en esta nos hemos acelerado a partir de aquí, esta entrada está mas fina… Y continuamos con piano, bajo y batería en directo. Xavi bautizó al disco como La Falla Romántica. Acabamos pronto, tipo seis de la tarde, así que todavía me dio tiempo a grabar dos canciones más en piano que no llevan banda.
Esa tarde tuvimos varias visitas. Vinieron Marina y Jaume desde Barcelona para grabar en vídeo todo el proceso y hacer un mini docu que me hace mucha ilusión. También Jose, un amigo del estudio y un crack del sonido. Nos contaba Xema que a veces tenían problemas grabando algún instrumento y le pedían a Jose que colocara los micros. Este los colocaba y al instante notaban la mejoría. Entonces les decía: ¡Pues esta es la quinta mejor!
El viernes era el día para grabar las cuerdas, así que quedamos a las 10 en el estudio con Laura (Agustí, violín), Sergio (Sánchez, viola) y Adrián (Gónzalez, Cello). Con Adrián empecé a estudiar música en la Unión Musical Porteña. Lo curioso es que él era un niño de 8 años y yo tenía 23.
Comenzamos a grabar dos canciones que quería hacer en directo junto a ellos mientras yo tocaba el piano. Supuse que sería más fácil de esta manera ya que las canciones tienen numerosos ralentandos y cambios de ritmo. Pero no fue así. Debido a que no soy muy buen pianista tuvimos que repetir varias veces la toma. Además, grabar es una manera muy rara y jodida de tocar música. No oyes directamente el instrumento, sino que lo escuchas por unos auriculares de forma totalmente sobredimensionada y ajena. Con una mezcla antinatural respecto a los otros instrumentos con los que estás tocando en directo. Cuando intentaba tocar el piano prestando atención a la dinámica y tocaba alguna parte suave parecía que estaba aporreando el piano y no estaba cómodo.

Alberto Montero grabando en el estudio
Alberto Montero grabando en el estudio

No está mal la excusa que me he currado, ¿eh? De todas maneras después, con los pianos pregrabados, ya fue
todo como la seda. 10 canciones en un día. Fue una sesión maratoniana y la verdad es que les agradezco su buena disposición. Por cierto, en una de ellas se oye el sonido del agua del aire acondicionado cayendo a un cubo. Quien encuentre este sonido de riachuelo de fondo tiene premio.
Con el objetivo cumplido de baterías, bajos, guitarras rítmicas, pianos y cuerdas grabados dejé el
sábado por la tarde para una colaboración especial. Fernando Junquera, más conocido como Negro o “el hermano del batería de Betunizer”, grabó unas guitarras en una canción que sonaban a gatitos arañando, a delfines nadando y un poco a docu sobre Charles Manson también. Fer es apuesta segura.

Las voces las dejé para grabarlas en casa. Siempre me ha quedado la espinita clavada de que las tomas de voz que más me gustan siempre eran las de la maqueta y no las del disco. Normalmente grabo los discos a toda velocidad, en 3 o 4 días, grabándome todas las voces en una tarde, y eso se nota. Así que decidí hacerlo en casa, sin nadie alrededor, con tranquilidad. La semana del 31 de julio hasta el viernes 4 de agosto la pasé de Rodríguez. Momento perfecto para dedicarme a grabar todas las tardes: yo solo con el ordenador, el micro y el anti-pop casero hecho con un rollo y unas medias.
Fueron tardes de mucho calor, de estar pendiente de si las gatas maullaban o de si dejaba de dar martillazos el vecino, por lo que muy a gusto no estuve. Ya de vacaciones en el Puerto de Sagunto Gonzalo Fuster (El Ser Humano) me dejó una tarjeta de sonido y Xema me alquiló un micro, porque no me convencía mucho el sonido de lo que grabé en Barcelona. El ayuntamiento me dejó estar por las mañanas en una sala del Casal Jove (gracias Rafa Tortajada) y estuve regrabando las voces del 16 al 18 de agosto. El resultado de todo lo podré escuchar próximamente: en septiembre Román (Gil, guitarrista) me mandará sus guitarras, Eloy Bernal (Gúdar, Hibernales) sus sintes y en octubre empezaremos a mezclar

Vosotros lo podréis escuchar unos meses después.

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