AL SERVICIO DE LA BURLA

Ensaladilla rusa / The Refrescos
Ensaladilla rusa / The Refrescos

La playa y la ensaladilla rusa están sobrevaloradas.

En la playa nunca encuentras una postura cómoda más allá de cinco minutos seguidos. Es imposible regular el termostato: o te asas o hace fresco. Salvo que sea una playa solitaria, tienes que estar pendiente de los cacos y hay que ir a bañarse por turnos. Por no hablar del picor que te consume cuando la sal se te seca sobre la piel, de la arena pegada a ti como un tatuaje en Braille o de las algas que surgen de improviso en los bajos cuando al fin te quitas el bañador en la ducha del apartamento (en esto el nudismo parte con ventaja).

En cuanto a lo de la ensaladilla rusa, convendría matizar los motivos de por qué encuentro que es un plato sobrevalorado, porque gustarme, me gusta toneladas. En primer lugar, no olvidemos que la base es la patata, y la patata, por muy buena que esté y saludable que sea, es un recurso culinario de cocina humilde o directamente pobre. Así que pongamos las cosas en su sitio. Además -y en esto voy a mostrarme inflexible-, no todas las ensaladillas rusas están ricas, cuando observo, sin embargo, que mucha gente comienza a salivar por el mero hecho de que se la mencionen o le pongan delante un plato con unas patatas y unas verduras cocidas, cubierto todo con una falsa mayonnaise. No. Una ensaladilla rusa de calidad no es fácil encontrarla. Hay que saber darle su punto, aportarle personalidad, sacarla de la insipidez en la que cae más a menudo de lo que se piensa. Incluso puede tunearse con algún ingrediente extra original que le dé salero. Últimamente, por ejemplo, la he visto adornada con alcaparrones, pimentón y piñones por encima.

En cambio, con el primer álbum de The Refrescos ocurre lo contrario: se le subestima. Fueron una de esas bandas devoradas por un éxito de proporciones descomunales. Aquel tema de título playero, oído hasta la saciedad, eclipsó cualquier cosa que le siguió en su carrera. La sobreexposición tampoco ayudó e hizo que todos acabáramos ahítos de él. Una pena, porque era un luminoso pedazo de pop bailable y divertido como no muchas veces se ha conseguido por aquí. Ay, pobre humor, en qué poca consideración se le tiene. El Oscar siempre acaba en manos del actor que interpreta el papel de enfermo terminal antes que en uno de comedia. “Bah, te ríes mucho –suele decirse-, y poco más”. ¿Poco más? Pero ¿es consciente quien eso afirma de lo difícil que es hacer reír al prójimo?

Sin duda, a The Refrescos les pesó su tendencia hacia el puro divertimento y el jolgorio. No todos podemos ser un Lope de Vega en el arte de mezclar lo cómico con lo trágico. Ni tenemos la férrea tenacidad de Sánchez Ferlosio, nuestro particular monje Jorge, para no salirse ni un milímetro del camino de la seriedad. Pero escúchese el disco -saltándose el tema de marras si se quiere, el que lo abre- y se apreciará lo bien compuestas e interpretadas que están las canciones. Además, a The Refrescos debemos concederles dos méritos, que pocas veces se han señalado, o al menos no se han señalado con la contundencia necesaria. Uno es que pocas bandas españolas acomodaron un toque de ska con tanto acierto. El otro, que versionearon antes que nadie a uno de los grupos más cachondos y ninguneados de la historia del pop: Gruppo Sportivo. De hecho, el álbum de debut de The Refrescos era una singular mezcla de Madness y los mentados holandeses.

Sí, The Refrescos no sabían hacer nada sin pasarlo antes por el tamiz de la parodia. En “Iñaki” ya está dibujada «Ocho Apellidos Vascos» (Emilio Martínez Lázaro, 2014) (“Mi nombre suena a metralleta”, cantan). “RIP” narra las cuitas de un pobre hombre enterrado vivo en un ataúd (“Te olvidaste de mí y no vienes”, le dice a ella). Se presentaron a Eurovisión sin ir a Eurovisión (óigase la puesta en escena de “Maripili”). Y qué decir de “Cortina”, que en su delirante versión se trata de la regañina que le echan a uno que tiene la costumbre de limpiarse el resultado de sus masturbaciones con las cortinas de la casa, algo que os rogaría tampoco hagáis en la mía cuando vayáis a limpiaros los churretones de mayonesa de la ensaladilla rusa que os prepare.

Twitter: @goghumo

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Comentarios

  1. ¡Nada de intromisión! Al contrario, personalmente estos apuntes me parecen necesarios, sobre todo en una web como La Fonoteca, que pretende dejar constancia histórica de la música española.

    Conozco (y tengo) esas versiones de Siniestro Total, pero lo cierto es que no me acordé de ellas cuando escribía el texto. Sin duda, no tenía que haber hecho una afirmación tan categórica. Me pudo querer defender enérgicamente el hecho de que una banda de aquí versioneara a una de mis bandas más queridas de aquella época. Al igual que tú, opino que el «10 Mistakes» es un gran disco, como el «Pop Goes the Brain», que me lo escuché un centenar de veces. Incluso fui a verlos en su última visita a Madrid hace unos pocos años; no olvidaré ese concierto entre otras cosas porque a mi lado estaba una tal Ana Curra. 😉

    Muchas gracias por leer el texto y por el comentario tan oportuno.

  2. Estimado autor, buen artículo. Un apunte, dice usted que «versionearon antes que nadie a uno de los grupos más cachondos y ninguneados de la historia del pop: Gruppo Sportivo». Lamento contradecirle, Siniestro Total se les adelantaron seis años. En sus dos primeros álbumes puede encontrar usted sendas versiones del combo holandés: «Las tetas de mi novia» y «Superávit». Van de Fruits, siempre me ha hecho gracia esa firma autoral. El «10 mistakes» es un discazo de tomo y lomo. Un saludo y disculpe la intromisión «pepitogrillera».

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