ADIÓS, PALOMA. ADIÓS, PASADO. ADIÓS, CULTURA.

paloma-chamorro-03-08Paloma Chamorro nos ha dejado. Un personaje más de esa época que se marcha de este mundo y todo un personaje al que agradezco su aportación para hacer de mí el idealista e inconformista que aún soy. Ya sé que es ley de vida y que todos tenemos que morir tarde o temprano, pero me da mucha pena ver que personas que contribuyeron a mi formación desaparecen –igual antes de tiempo, de una forma casi de tapadillo y sin recibir el reconocimiento que se merecieron en vida.

Muchas veces me pregunto si los jóvenes de hoy sentirán lo mismo cuando fallezca cualquier presentador/a de esos programas de talentos llenos de espectáculo con gente que abarrota teatros que chillan y se levanta de sus asientos al servicio de los beneficios empresariales de cadenas de medios privadas. Hoy siento como si una parte de mi bagaje cultural hubiera desaparecido. Y me duele, porque, al mismo tiempo, me indica que todo se acaba. Es como una señal de aviso.

Mi relación con Paloma Chamorro se limita a noches esperando el autobús en un lateral de Plaza de España para llevarnos al estudio de Prado del Rey para asistir como público a la grabación del (odio este adjetivo con pasión, pero hoy no me queda más remedio que utilizarlo en este texto) mítico programa “La Edad de Oro”. Allí nos juntábamos lo más pintón de la facultad de la Ciencias de la Información y mucha gente que nos conocíamos de vernos en conciertos o de frecuentar los mismos garitos. En esto no hemos cambiado mucho: éramos pocos entonces y seguimos siendo pocos ahora. La verdadera cultura andergraun no llenaba teatros y el programa de “la Chamorro” tampoco ayudaba mucho, puesto que recuerdo que llegó a utilizarse como mofa hacia la modernidad, sobre todo en su última etapa, cuando los padres posfranquistas miraban horrorizados AQUELLO, los cómicos utilizaban su aspecto como fuente de gracietas y cuando la presentadora y directora pagó en sus propias carnes las consecuencias de una sociedad pazguata que no supo ver lo que había más allá de unas entrevistas locas y unas actuaciones aún más esperpénticas. No estábamos preparados para tanto atrevimiento. Y ahora, en una época donde predomina lo guionizado y la corrección política, mucho menos.

Pero ahí estábamos, a mitad de semana esperando que nos llevaran a la única tele que había, en donde nos daban un bocadillo en un estudio que incluía una barra de bar para darnos la oportunidad de ver una actuación gratis y siempre sorprendente. Como asistente te perdías gran parte de lo que allí ocurría (en casa se veía mejor), pero la cosa era estar allí para sentirte parte de una escena. Recuerdo que la gente se ponía las mejores galas (las mejores crestas, el mejor maquillaje excesivo, el mejor pelo cardado, las mejores ropas extrañas, los mejores zapatones y la mejor cacharrería que encontrábamos en las escasas tiendas de artilugios de moda). Era una época en donde la modernidad era tribal, pero donde también se premiaba la diferenciación. Ahora me sorprende cuando veo lo que llamo la “juventud fotocopia”: grupos de chicas y/o chicos todos iguales. Parece que hay miedo a ser DIFERENTE. Ver «La Edad de Oro» te hacía sentirte distinto de los demás, independientemente de donde vivieras y de tus circunstancias personales. Los jueves por la noche te pegabas a la tele para disfrutar de una experiencia religiosa que comentábamos con pasión al día siguiente con los que, como nosotros, éramos diferentes.

No me acuerdo de ningún exceso ni en los autobuses ni en el estudio de televisión y, cuando leía los artículos que salían en la prensa facha criticando el programa y hablando de él como si se tratara del anticristo sentía que me había perdido algo en todo ese asunto, incluso después de haber estado allí en directo. Pero, como ocurre en muchas historias, ganaron los malos y el programa se retiró de la tele pública por unos supuestos escándalos con símbolos religiosos de por medio.

Con el fin de «La Edad de Oro» (y de otros programas) comenzó la desaparición de la cultura minoritaria de nuestras pantallas. La llegada de la televisión privada, del sensacionalismo y la basura como herramienta para crear audiencia (y beneficios) puso la puntilla a un tipo de programación que ahora se considera icónica y de la que Paloma Chamorro fue una pieza central.

Me siento privilegiado de haber sido joven en aquella época y de haberme empapado de una forma de ver la vida que me ha convertido en un bobo idealista que cuenta batallitas de tiempos pasados de cuando ver un programa de televisión te formaba, informaba, entretenía y diferenciaba.

Adiós, Paloma. Adiós, pasado. Adiós, cultura.

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Comentarios

  1. Miguel, viendo un video de la canción «Las tres de la noche han dado», de Los Iberos, leo que la letra es de Lope de Vega e investigando un poco, no se como pero llego a tu blog y siento una tristeza enorme al leerte, quiero que sepas que Paloma, aunque no haya recibido el reconocimiento que se merecía, somos muchos y entre ellos yo que la recordamos y la recordaremos por siempre, no morirá, sigue viva en nosotros, los que no nos perdíamos ni una semana «La Edad de Oro».
    Saludos. Luis.

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