LA BÚSQUEDA DEL ESTÍMULO

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Ensalada de lentejas / Los Lagos de Hinault

 
Julio, el mes de las chicharras, los días largos como mares, las siestas en penumbra y el Tour de Francia por televisión. Ya lo dicen Los Lagos de Hinault en una de sus canciones más celebradas: «El verano no nos quiere… / habrá que ver el Tour de Francia o el mundial»

Hasta que llegaron Los Lagos de Hinault, uno siempre asociaba indefectiblemente el ciclismo con el “Bycicle race” de Queen y aquel póster con un pelotón de mujeres desnudas que incluía el disco. En 1978 fue un acontecimiento. Hoy día todo eso está muy superado; en cualquier momento es posible cruzarte con una manifestación de nudistas dando pedales por las calles de tu ciudad. Este tipo de protestas son admirables, no por el nudismo en sí, sino por el mérito que tiene montarse en pelotas sobre un sillín de bici en pro de una buena causa y dejarte el arco ahí pegado.

Otra intensa asociación musical con el ciclismo fue la de Azul y Negro, pero aquellos dos afamados temas no trataban específicamente de bicicletas, si bien hay que reconocer que con el ritmo que tenían te entraban ganas de subirte en una. Pero duró poco; cuando vuelvo a escuchar esas piezas, nunca me sobreviene la representación mental de una bicicleta como sí me ocurría con la de Queen. Hasta que llegaron Los Lagos de Hinault, ya digo.

La querencia por el arte del pedaleo de Carlos Ynduráin, cabecilla del combo, es ostensible. El nombre de la banda hace referencia a la gesta acaecida en una mítica etapa de La Vuelta Ciclista a España, que termina, tras una agónica ascensión, en los Lagos de Covadonga, y al coloso que la protagonizó, el bello y pletórico Bernard Hinault. Además, le tienen dedicada una canción a Marino Lejarreta, “El Junco de Bérriz”. Se trata de un tema inédito que no se encuentra en ninguno de los dos discos que tienen publicados. “Flores de Europa” (Fikasound, 2014)Añade este contenido va después del primero, lo que le convierte, capricho de las matemáticas, en el segundo. Es un álbum que desprende verano, luminosidad, costumbrismo irónico e infalible melodía. Y la dulzura del bajo y de los coros de Matilde Tresca son el complemento idóneo para los punzantes dardos de Ynduráin, uno de los letristas más inspirados de nuestro pop actual.

Ahora el ciclismo malvive inmerso en un periodo de oscurantismo; pasarán años antes de que recupere el honor perdido y se diluya la espesa sombra del dopaje que lo cubre. Para limpiar tanta ignominia y potenciar el rendimiento de los ciclistas de manera más natural, sin “asteroides”, proponemos el regreso a menús clásicos ricos en hierro. Las lentejas, por ejemplo. Tomadas incluso a diario -no sólo los viernes como acostumbraba Don Quijote- si se precisara de un efecto más contundente. Y ya que el Tour de Francia se celebra bajo tórridas temperaturas, mejor prepararlas en una fresca ensalada, que además le da un ligero toque de glamour a esta pobre legumbre. Y una vez comidas, listos para conquistar cumbres y llanuras a lomos de un caballito de acero. Por cierto, ¿sabrán nuestras madres las metáforas que hacemos?

Twitter: @goghumo

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