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Biografía de Vietcong 68 - La Fonoteca
foto del grupo Vietcong 68
Periodos activos
2016 - Actualidad
Procedencia
Guipúzcoa/ Guipuzkoa
Estado
Activo
Publicado por
TGL
Fecha publicación
02/08/2018
Estilos
No tiene fans

Pues no, no vienen precisamente del corazón de las selvas vietnamitas sino de Guipúzcoa, y la experiencia que acumulan algunos de sus componentes no es de resistir militarmente al ejército estadounidense, sino por ser protagonistas de la que vino a denominarse movida musical de Bardulia.

De hecho, el comienzo de Vietcong 68 coincide con el parón de las bandas relacionadas con esta escena en las que militaban varios de ellos. Por un lado, Achtung!, la banda que puso en marcha Ibon Apezetxea –Pepino- (cantante), con otro excompañero de Afonía (Bolbo), no sobrevive a la marcha del bajista y el cambio de guitarrista que sufrieron. Por su parte, Karlos López –Karlote- (guitarrista), que toca el contrabajo con la banda psychobilly Screamers and Sinners, se ve con más tiempo libre cuando otro de los proyectos que había puesto en marcha, Nealta Fola, deja de funcionar, con lo que parece que ha llegado el momento de hacer por fin algo con Pepino, como habían hablado muchas veces antes. Finalmente, también la inactividad de Kaleko Urdangak ha posibilitado que algunos de sus miembros terminasen siendo fichados para el nuevo grupo. La primera de las incorporaciones es Ekaitz Etxezarreta (batería), con el que el cantante había coincidido ya alguna vez tocando juntos en un concierto de Orreaga 778, banda en la que también milita Pepino.

Éste fue el núcleo primigenio de Vietcong 68 y, tal y como contaban al blog Adios Lili Marleen, fueron ellos tres los que reunidos en la terraza de un bar de Azkoitia en septiembre de 2014, debatían sobre el que pudiera ser el bajista de la formación. Finalmente se decantan por Asier Kortabarría –Moto- (bajista en Kaleko Urdanga y cantante en Ttun-Ttun Brigade).

Movidos por el entusiasmo de hacer algo distinto, experimental incluso si se tiene en cuenta el curriculum de cada uno de ellos, y hacerlo un grupo de gente que llevaba tiempo buscando la oportunidad de tocar juntos, empiezan por solventar uno de los primeros problemas logísticos: encontrar un local donde ensayar que venga bien a todos, viniendo como viene de una punta distinta de la provincia (Pepino es de Hernani, Moto de Bergara, Ekaitz de Azkoitia y finalmente, Karlote es de Aretxabaleta). Empezaron en Aretxabaleta, en el que era el local de Screamers and Sinners, aunque terminarían luego compartiendo el que tenían Kaleko Urdangak, primero en Bergara y posteriormente en Azkoitia.

Los Vietcong 68 no arrancamos con ninguna premisa” adelantaba Pepino en la entrevista arriba mencionada. “No había ningún enfoque principal”, corrobora pero teniendo en cuenta su opinión acerca del tono excesivamente monocorde de la mayoría de las últimas bandas que han ido apareciendo en el panorama musical guipuzcoano, estaba claro que el toque innovador estaba asegurado: “Bandas formadas por chavalería que en vez de escuchar los grupos básicos y fundamentales de toda la puta vida, escuchaba mayormente bandas locales, y con ello llegaron las versiones de Des-Kontrol, de Arkada Social, de Orreaga… o todos haciendo la misma puta mierda de versiones de Oi the Arrase, Vómito… Sin más.  Fue una etapa desesperante. ¡Cuánto dio Des-Kontrol al inicio de todo el movimiento! ¡Cuánto! Pero luego esa retahíla de versiones cada fin de semana… Era insufrible el tema”. Además, tenía claro que este aspecto diferencial tenía que extenderse incluso hasta en las letras, apartado del que precisamente se encargaba él. “Básicamente hago lo que me salga de los cojones, y no pienso hacer una sola letra concienciativa, constructiva, o seria. ¡Que suelte sermones su puta madre! Para eso ya tenemos Orreaga 778 y Kaleko Urdangak. Bandas, completamente políticas, nacionalistas vasco-navarras, y convencidas de lo que hacen” manifestaba categórico al respecto. Es por ello que a la hora de definir el espectro temático al que se iba a dedicar el grupo, se centran en “los chicos, las chicas, el sexo, el amor y el desamor, (…) increpar un poco a la sociedad civil, y poca ostia más. Diversión, un poco de mala ostia y burle disimulado (o indisimulado), y que le jodan a todo”, en resumen: “¡Rock’n’roll y punto!

Deciden adoptar el nombre de Vietcong 68 para el grupo, movidos por la atracción que tienen por “las luchas de resistencia contra el imperialismo”. En la entrevista en Adios Lili Marleen avisaban desafiantes que había poca broma en semejante elección: “Nuestro nombre refleja a un ejército popular de liberación de su país. A un movimiento que simple y llanamente fue capaz de derrotar a toda la invencible maquinaria bélica de los Estados Unidos de Norteamérica (…) Lucimos la palabra Vietcong con todo el orgullo”. Sin entrar, eso sí, en mayores disquisiciones acerca de movimientos insurgentes tienen clara cuál es su misión: “Somos un ejército de liberación para salvar el rock’n’roll”.

Cuando respondían al fanzine Riot Kids sugerían que el grupo tenía algo de “desahogo espiritual”: “Todos queríamos escapar de la seriedad, la cotidianeidad y de la puta mierda de sistema que vivimos, y hacer algo sin miedos, sin tonterías, ni tapujos”.

Tras un tiempo razonable, cerca de año y medio, ensayando para poner su sonido a punto, y sin haber tocado siquiera en directo alguna vez, deciden grabar 8 temas que tienen preparados como repertorio. La razón de dicha premura era el parón al que se iban a ver forzados por la grabación de un LP que Screamers and Sinners iban a realizar en breve. Así que, antes de que Karlote tuviera que dedicarse en cuerpo y alma a su otra banda, entran en diciembre de 2015 en los estudios que tiene el guitarrista junto a un compañero (Txus), los Necrosound Studios. La idea inicial no era tanto la de preparar un disco sino la de disponer de la grabación para evitar que los temas se perdieran. Aun así, les llega una oferta por parte de Pedropa, responsable del sello Tough Ain’t Enough Records, para editar un LP con ellos, que aceptan encantados. A él le conocen desde hacía tiempo por colaboraciones en festivales y fanzines.

“Como Debe Ser” (Tough Ain’t Enough Records, 2016) traía portada, lógicamente, de combatientes vietnamitas en una barca armados precariamente con rifles, y venía cargado con temas de rock con aires clásicos, vertiginoso y con un punto gamberro, cercano a las maneras de Las Aspiradoras o Travestí Afgano. Vietcong 68 alterna el castellano con el inglés para un par de temas (“Problems” reivindicando la locura que todos tenemos dentro y “Red dressed” dirigida a los autoproclamados profetas de la progresía) y el euskera para una versión del “Paint it black” de los Rolling Stones.

Si bien se proclamaban retaguardia, sin ambicionar revolución musical alguna salvo la conservación del puro rock and roll, en el tema que daba título al disco, “Como debe ser”, parecían alejarse del punto desenfadado con el que arrancaban Vietcong 68 para arremeter sin tapujo ni freno contra los que lucían camisetas de futbol que, en su opinión, para nada representaba lo que consideran suyo. Para el fanzine Riot Kids especificaban estar refiriéndose a las del Real Madrid, el F.C. Barcelona o la selección española. En la letra de la canción mencionaban cómo esto no era posible 20 años atrás porque “existía el respeto y el miedo”.

El disco vio la luz en 2016 y su presentación en diciembre de ese año supuso asimismo el debut en directo de la banda. El concierto fue el día 17 en Hernani por las fiestas de Santo Tomás tocando junto a Crap de Arrasate y Txipittu de Oñati y se celebró al aire libre, con lo que tanto las bandas como el público congregado tuvieron que sufrir condiciones atmosféricas rigurosamente invernales.

Esas mismas navidades darían unas cinco actuaciones más por toda Guipúzcoa (además del concierto en Hernani, el día 29 en Bergara, el 30 en Beasain junto a Los Perros, y ya en 2017, el 6 de enero en Aretxabaleta y el 13 en Azkoitia), en la que denominaron La Ofensiva del Tet Tour, quitándose así la espina de no haber tocado ni una vez en directo a pesar del tiempo que llevaba funcionando la banda debido, principalmente, a los compromisos con sus otros proyectos en paralelo. “Nos lo tomamos con calma y a rachas”, confiesan.

En sus conciertos suelen disfrazarse provistos de gorros vietnamitas, con el gorro típico y camisas rojas con el logo de la banda. En algunos casos incluso utilizaron réplicas de los cascos utilizados por el ejército regular norvietnamita. Sin embargo, y una vez perdido el efecto sorpresa de la primera vez, ya son varias las voces dentro del grupo que proponen un cambio, sugiriendo modificaciones en la apariencia sobre el escenario.

Igualmente, superada la emoción de esa primera grabación que termina convirtiéndose en disco, el grupo empieza a cuidar el sonido. Las canciones que se van componiendo se refinan una y otra vez. “Yo grababa cada puto ensayo para poder oír los temas y darles vueltas. Los fuimos moldeando y cambiando poco a poco hasta que nos quedásemos a gusto”, contaba Pepino. Por su parte Ekaitz cuidaba su parte a la batería cada vez con mayor seriedad aprendiendo a tocar con la claqueta con soltura. El trabajo desde las guitarras se vuelve detallista: “Creo que Karlote nos da mucho. Ama lo que hace. Busca sus líneas, sus dibujos con la guitarra, es un paramilitar enfermizo de la sonorización. Busca el pedal, el efecto, que esto no se parezca a lo otro. Mucho Vietcong 68 es Karlote” relataba el cantante acerca del guitarrista. Aunque una gran componente de la creatividad de la banda es responsabilidad del tándem que forman ellos dos, la contribución desde la sección rítmica es también una pieza clave: “Moto tiene cierto don, se le ocurren cosas, es original, nos saca del atolladero más de una vez. Ekaitz es meticuloso, cuidadoso. Funcionamos con bastante fluidez entre nosotros”.

En entrevista al periódico Gara en junio de 2017 explicaban pormenorizadamente cómo trabajan la composición de las canciones: “Karlote graba líneas, dibujos y riffs de guitarra. Yo veo dónde puedo cantar y cómo ir atando las diferentes partes. Cuando hay un cierto esquema de por dónde va a ir la canción, se queda y se va al local. La estética sonora y clima de cada canción se busca sobre la marcha. A veces el riff y la guitarra provocan que el tema y letra vayan en una dirección dada, en otras ocasiones es la letra la que sugiere que la sonoridad camine por uno u otro lado”.

La siguiente grabación la realizaron en otros estudios. Karlote había avisado desde el principio de su interés por trabajar en otro sitio que no fuera su Necrosound Studios, con alguien que no fuera del entorno de la banda. Por eso sugiere los Silver Recordings de Bilbao de Martín (Capsula) y Ainara Junguitu. Vietcong 68 se prepararon a conciencia, ensayando una vez por semana durante meses para dejar listos en una sesión que duró unos cuatro días: “Cinco o seis intentos de ajustar las mezclas, una tarde más allí con él y el resultado es el disco”.

El disco al que se refería Pepino no es otro que “A-B” (Tough Ain´t Enough Records / Torture Chamber Records, 2018), en cuya edición participaría, además de Tough Ain’t Enough Records que repetía con Vietcong 68, Torture Chambers Records, la etiqueta con la que suele participar en coediciones el sello Mendeku Diskak. El sonido del nuevo trabajo es el resultado de una evolución evidente con respecto al del primero, o al menos, tal y como relataban, de una preparación más concienzuda de los temas antes de entrar en el estudio. Además, las aportaciones que allí tuvieron por parte de Martín Capsula también se hicieron notar: “Nos ha aportado mucha riqueza pop en coros y estribillos con sus sugerencias y pruebas. Cosas que nosotros no llevábamos preparadas”. Y es que “A-B” está lleno, efectivamente, de detalles y maneras que ni siquiera se podían intuir en su disco de debut. Coros, efectos y la voz de Pepino mucho más domesticada y suave que lo habitual hablaban bien a las claras de un extremo cuidado por parte de los guipuzcoanos por ir avanzando y enriqueciendo su sonido.

Junto a un puñado de buenas canciones que entremezclan el rock gamberro de siempre con variantes más trabajadas en las que se lima el punto áspero general de su música, Vietcong 68 dedicaba un tema a los bonaerenses Tango 14 y se atrevían con una versión del “Yo soy el que espía los juegos de los niños” de Ilegales.

Preguntados por Adios Lilí Marleen acerca de las versiones que suelen tener preparadas en su repertorio, Pepino se refería, además de la ya mencionada “Paint it black” de Rolling Stones (aunque reconocía haberse fijado más en la lectura que del mismo hicieron Avengers) al “Holidays in Cambodia” de Dead Kennedys, que ellos transformaban en “Holidays in Donostia”.

Surge el interrogante de la respuesta a la propuesta musical de Vietcong 68 de quienes les conocían en sus anteriores proyectos. De entre todo el espectro con el que se podría definir los seguidores o amantes de los sonidos de sus otras bandas en activo (“skins, rockerillos y vasca independenstista” en el caso de Orreaga 778 y Kaleko Urdangak, “rock’n’roll, psychobilly, rockers… sin política” en el de Screamers and Sinners), Pepino concluye que los candidatos principales a sorprenderse con la música de Vietcong 68 es el público skin, sobre todo “teniendo en cuenta que, más o menos, somos tres pelaos en el grupo”. Sigue en su reflexión diciendo: “O tal vez a la peña que sólo nos tenga catalogados por el nombre y las bandas de las que procedíamos, y que no nos conozca mucho más. Porque, al fin y al cabo, no hemos descubierto nada de nada. Se ve que preferimos hacer temas que se parezcan más a ‘Sound of the Suburbs’ de los Members que a ‘Work Together’ de los Oppressed, o a ‘Bloody Belgium’ de los Kids que a ‘Sick boy’ de los G.B.H. Nos mola hacer algo fresco, con su melodía, y procurándole dar un poco de vida”.

Explícito igualmente cuando tuvo que definir el sonido de la banda en la ya mencionada entrevista a Gara, Pepino manejaba la idea de una gran mezcla de ingredientes: “Es una especie de cubata de telecasters y guitarras de caja, con rock and roll, punk rock, rock, punk y Oi! Incluso sazonado con algunos reverbs más surf, y algo de post punk”.

Vietcong 68 no se prodigan excesivamente en directo, principalmente por sus obligaciones familiares, laborales y compromisos con las bandas paralelas en las que militan. Aun así, garantizaron varias actuaciones en 2017 en la denominada Gira de La Conquista de la CAV: en abril en El Tubo de Barakaldo, el 13 de mayo participaron en Agurain en una concentración de choopers en el Txooper Club de Agurain y el 25 del mismo mes en Añorga. En junio estarían tocando en Hernani junto a El Quinto Contenedor y NorkZer?!

Igualmente, el 23 de abril de 2018 con Gatz y Los Perros en Añorga (San Sebastián) y al día siguiente en Aretxabaleta. La lista se completaba con la actuación en Bergara junto a Kaleko Urdangak y los normandos The Daltonz y en Añorga con los bretones Coup Gorge.

Dicen, por otro lado, no haber recibido ofertas mínimamente tentadoras para tocar fuera de su entorno habitual: “No tenemos 18 años (…) Parece ser que como la escena es alternativa, te tienes que alojar en estancias de mierda, y normalmente cobras la caca de un perro, cuando sólo desplazarte, cuesta lo que cuesta”, contaba con cierto punto de amargura Pepino.

Vietcong 68 sigue mientras tanto con la vista puesta en su objetivo: seguir su guerra de comandos en el corazón mismo de Bardulia con tácticas de retaguardia vietnamita.

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