foto del grupo Tirana
Periodos activos
2000 - Actualidad
Procedencia
Barcelona
Estado
Activo
Publicado por
Alfonso Domínguez Vinagre
Fecha publicación
30/12/2015
Estilos
2 fans

A partir de algún momento al inicio de esta década, en el antiguo local de Belvitge, el hervidero creativo del colectivo barcelonés Hi-Jauh USB? desborda el proyecto Gúdar -que sigue actuando como referente y matriz aglutinante- y eclosiona  en parto múltiple, conformando un florido ramillete de proyectos personales de sus integrantes: primero Tirana e Hibernales, y luego Neleonard y Die Katapult serán la expresión perfecta de esa dialéctica entre lo propio y lo colectivo.

Tirana es el proyecto personal e intransferible de Olivia Mateu, que no sólo compone los temas y escribe las letras, sino que desde sus inicios dota al proyecto de un carácter autobiográfico e introspectivo. El propio nombre remarca su voluntad de ejercer el manejo personal de su barca. Le acompaña a los coros y los sintes Albert Espunya (Gúdar) -su pareja también en la vida real- que se encarga de las guitarras, los arreglos y el tratamiento electrónico. Sus canciones resultan un ejercicio de electro pop confesional, experimental y minimalista, cargadas siempre de un lirismo extremo -atormentado y perturbador- de corte existencialista. Un minimalismo matizado, sin embargo, con brochazos manieristas en el amor por el claroscuro, la deformidad y el tenebrismo. Su propuesta conecta con la tradición de la genialidad desequilibrada del post-punk, la que va de Dan Tracey y Daniel Johnston a Miguelito Nubesnegras. Pero los temas evocan a algunas de las grandes, y oscuras, bandas emocionales de los 80 más electrónicos: Joy Division, Young Marble Giants, Psychic TV, Chris and Cosey o Eyeless in Gaza, cuyas músicas apelan, y acceden, a la más profunda intimidad sentida. Sin embargo, la actitud, la afinidad y el formato la emparentan con otras cantautoras de la electrónica independiente en castellano como Sole Parody, Ana Bien Querida, Saray Duerme la Siesta o AmaIa Kokoshca. Por otra parte, Olivia no esconde su amor por bandas argentinas como los hipnóticos Robot Bajo el Agua y el inclasificable Diosque, así como por el encanto de Magnetic Fields o los teclados minimalistas y épicos de Michael Nyman, claros referentes todos ellos en sus composiciones, como lo son también el comic y el sci-fi. Y basta de ya referencias, porque a la postre ninguna etiqueta le cuadra a la singularidad del producto.

Los orígenes musicales de Olivia y Albert se remontan a los seminales The Folguis, banda del Baix en la que, junto a Nele Navio (Gúdar, Neleonard), Joaquín Luna y Guille Mendía, elaboraron un puñado de canciones frescas donde Olivia metía con los demás su voz y sus composiciones. La confluencia con Los Probeta en el local de Belvitge generaría la maquinaria Gúdar y definitivamente Hi-Jauh como colectivo. Con Elena, Alberto, Nele, Albert, Eloy y Olivia a los teclados y coros, alcanzaría Gúdar su formación más amplia, los primeros conciertos en el Depo y la grabación autogestionada de "Las Perras EP" (Hi Jau USB?, 2012). Seguiría metiendo coros y colaborando en los conciertos, pero la maternidad y la incompatibilidad de quehaceres con los ensayos, la inquietud personal (cultiva también la ilustración y el comic) y la eclosión de proyectos paralelos llevan a Olivia a abandonar Gúdar, cómo antes había hecho Elena, pero sin abandonar ninguna de las dos el barco común que acabaría anclando en Poblenou y cristalizando en sus propios proyectos. Olivia no deja Gúdar para hacer sus canciones, empieza a hacer canciones tras el vacío de su marcha.

Cuenta Olivia que en las fiestas del pueblo de Albert, Gúdar (Teruel), en la casa de la abuela, en pleno insomnio de orquesta pachanguera y angustia en la noche serrana y estival, cogió la guitarra y salieron dos canciones; dos canciones desesperadas dedicadas a Daniel Johnston. Había nacido Tirana. Después, más canciones construídas ya en casa con el piano y la naif voz desnuda, sobre las que Albert trabajó el escacharramiento sonoro y los arreglos sintéticos. Lamentablemente, las primeras tomas se pierden en un disco duro irrecuperable. No obstante, en el nuevo estudio del Passatje Caminal tomarán forma lentamente bajo la producción de Albert y configurarán el EP "Vas a Morir" (Hi-Jauh USB?, 2012), una colección de dulces y conmovedores disparos emocionales a las heridas del alma; canciones que hablan de la cotidiana lucha contra el destino, contra los condicionantes que nacen de uno y de los demás, de la irrenunciable libertad. En primera persona.

Hi-Jauh USB? lo editaba en digital y en abierto en octubre de 2012. El corte estrella es "Kurt", una soberbia canción de teclados envolventes y letra visonaria pillada en la ducha. La acompaña un impactante vídeo de Miguel de la Fuente, que cuestiona el orígen de la violencia social y en el que los disparos de las armas hacen la vez de percusiones, a la par que se musitan a la propia conciencia las debilidades. Una canción sublime que tiene repercusión en el circuito alternativo. La perturbadora "Madre", el selfie autocrítico de "Monstruo", la hipnótica "Nos basta", la delicada inquietud de "Serás mayor" y una preciosa pista oculta constituían uno de los trabajos más singulares y prometedores del año.

La plataforma Vanishing Point advertiría el potencial del disco y se haría cargo de la edición física, editándolo un año después en vinilo, un split compartido con el EP "Femenino/Masculino" (Hi-Jau USB, 2013) de Espiritusanto, con toda la marca de una edición mimada.

Tirana no se prodiga en los escenarios. Le ocurre a mucha gente que cuando canta se desviste; como le pasaba a Carmen Santonja, a Olivia le aterra el directo. Pero presentó estas y otras canciones, un set cada vez más sólido y nutrido, en Hi-Jauh, en el Primavera Club, en el Depo, en la Asociación Feedonia,  en la Juglar de Madrid, en la Be Good, en la presentación del fancine Juventud Crónica,  en la Fiftyparty de Cáceres y en el Petit Format, donde se incorporan a la formación Alberto de Gúdar a la batería y ocasionalmente Saray de Hazte Lapón a los teclados. Durante 2015 no ofrecieron ninguna actuación, pero andaban enfrascados en una labor silenciosa: nueva formación y nuevos temas para la puesta de largo.

"El Divino Estado de la Descomposición" (Hi-Jauh USB? / Vanishing Point / Fikasound, 2015) aparecería sin avisar a finales de 2015. El LP era coeditado por Hi-Jauh USB?, Vanishing Point y Fikasound, colgado en digital y editado en vinilo con un soberbio artwork a cargo de Olivia que diseña e ilustra las cubiertas y el precioso libreto. El disco recogía once canciones más una pista oculta grabadas lentamente en el local de Hi-Jauh por una formación a la que se incorpora definitivamente Alberto Rodríguez (Gúdar). En los arreglos, las mezclas y la producción resulta clave la aportación de Albert para conseguir un sonido más orquestal e instrumental que en "Vas a morir". Los paisajes instrumentales, de hecho, abundan y brillan en el disco. Adquieren mayor relevancia las percusiones, las guitarrras, los coros y los arreglos sin restar protagonismo a la voz y el piano de Olivia; un tratamiento, en fin, más rico, elaborado, complejo y lleno de matices.

Sin embargo, temáticamente supone una continuidad  con el anterior. Si acaso ahora la pregunta por el futuro y la omnipresencia del Thánatos -el principio de muerte y (auto)destrucción- sea más evidente aún.  Se parte de la imposibilidad definitiva de superar la catástrofe de la propia existencia. Y del imperativo de sobrevivir al fracaso. Un discurso emparentado con los grandes profetas del nihilismo como Schopenhauer, Celine o Cioran, pero salpimentado con la condición femenina de la que carecieron los grandes misóginos. Por eso la muerte como destino seguro y los errores cíclicos que la anticipan están tan siempre presentes en "El Divino Estado de la Descomposición".

La autorreflexión doliente sobre la angustia propia y la personalísima autoterapia confesional de lo que Olivia denomina "mis taras" acaban por convertirse en lúcida expresión de la trágica condición humana. De ahí la rotundidad icónica de la portada, con la mujer de espaldas, meditando entre un campo de cruces: una humanidad por fin pacífica, conviviente y calma; La bola de cristal no adivina otro futuro. Resulta curioso que tan tremendo e inquietante contenido se exprese a través de una lírica tan sencilla y económica, minimalista también en lo poético. Y cercánamente doméstica. Se mantienen pues las constantes que definen a Tirana en las letras. Por sus temas desfilan el miedo, la zozobra, el malestar, el autodesprecio, la incertidumbre, la impotencia y los estados alterados, pero también emergen -como estrellas en la negrura del firmamento- delicadas y mínimas redenciones: la voluntad resistente y el deseo, la autoconciencia, la difícil libertad, los sueños, el instante feliz, la amistad, el amor...

Sobresalen temas emocionantes como "Las estrellas" y "Solsticios", ambos homenajes al mundo de la sci-fi y al embrujo del contacto con otros seres de galaxias lejanas que puedan salvar nuestro mundo de la catástrofe. La primera es una encantadora pieza dotada en disco de más fuerza e instrumentación que en las versiones del directo. La segunda un canto a la bipolaridad de intensidad creciente y magnetismo arrollador. "Peores momentos" es paradógicamente uno de los mejores momentos del disco, frenética en su desarrollo, postpunk en su ejecución y pop en su estructura. Perfecta.

Albert se estrena como compositor en Tirana con "El delta del Euro", un homenaje a Raúl Querido con denuncia sociopolítica incluida y repleto de paisajes sonoros delirantes. Los autorretratos psíquicos confesionales, en la linea de "Monstruo", corren ahora a cargo de la delicada y desoladora "Yo soy ésa" y de "Mejor persona", repleta de autodesprecio y amor propio a partes iguales. También "El divino estado de la descomposición", el tema que da nombre al disco,  viene a justificar las negatividades estructurales."Terrirorio español" llena España de asesinos en serie y "Avanzar" da protagonismo a las guitarras para ajustar cuentas con el amigo que el tiempo separa. Una orquestación deslumbrante remata "La verdad", una frágil balada al piano que confiesa autoengaños. Por su parte, "Diagnóstico muerte" es explícita en su diálogo coloquial con la gran protagonista del disco. Como ocurriera con "Vas a Morir", una pista oculta cierra el vinilo que viene a consolidar la particularísima e inquietante apuesta creativa de Olivia y sus chicos.

Tras más de un año sin ofrecer actuaciones, Tirana tiene previsto retomar los escenarios, ya con la nueva formación, en 2016.

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