¡Grupo en proceso de creación!

Piti Sanz lleva toda una vida en los escenarios. Ya desde muy joven muestra inquietudes artísticas y se junta con Javi Teclas (teclado) y Ramón Zapata (voz), para dar forma a un irreverente grupo llamado Sindikato Agrario. Una banda que hacía agro-pop, género que podemos definir como el bravú antes del bravú. Un  proyecto efímero que deja una maqueta: “Sempre na Verza” (1986), con cortes invitando al oyente a abandonar las fábricas, volver al campo e informatizar la ganadería.

Después llegaron Los Contentos, un grupo pionero del garage en Galicia y también a nivel nacional que nos dejaron dos imprescindibles trabajos editados por Sons Galiza: el mini-LP “Los Contentos” (Sons Galiza, 1988) y el LP “Los Contentos 2” (Sons Galiza, 1990). Amantes como eran de los años 60 y 70 encontraron las fuentes originales, recuperaron esa esencia garage, se empaparon de la psicodelia de los 13th Floor Elevators, de la energía y la rabia de los Stooges y MC5, para portar con orgullo esa antorcha y esa llama que iluminó muchos locales y muchos hogares de la geografía española.

Luego vino su exitosa carrera en el audiovisual, trabajando en cine y teatro. Piti es el responsable de bandas sonoras como la de "18 Comidas" (Jorge Coira, 2010) o "Los Fenómenos" (Alfonso Zarauza, 2014), ganando varios premios Mestre Mateo y siendo nominado en 2007 al Goya en la categoría de Mejor Canción Original por el tema "Esa luz", compuesto junto a Luis Tosar. Junto a Luis pone en marcha el grupo Di Elas, además de tocar con bandas como Os Resentidos.

Ahora decide emprender un nuevo camino y lanzarse al directo y al rock and roll… “Tantos años en el audiovisual, vistiendo imágenes, con actores que ponían letra a mi música… Un día me encontré con un ciento de canciones vertebradas con mi música y mis letras.

El momento de la crisálida era ideal. Dejé Santiago de Compostela y me fui a vivir al mar, a Santa Cristina (Olerios / A Coruña). Tenía tanta ilusión por volver al escenario que no lo dudé. En el escenario me siento vivo, no existen textos encorsetados. La energía fluye con las canciones y se agrandan o achican dependiendo del intérprete.

Llevo tantos años en el escenario haciendo teatro, que el rock and roll resultó ser una liberación. La anécdota llegó cuando un compañero de otra generación, docto en sabidurías musicales, no conocía a Love ni el ‘Alone again or’. Aquel día me di cuenta de que iniciaba un camino conocido. Aquel que había hecho con Los Contentos. Mostrar temas propios y versiones de aquellos incunables que siempre vivirán en nuestro subconsciente colectivo: Love, Chuck Berry, The Doors, Leonard Cohen, Bob Dylan… Cada cierto tiempo parece que hay que recordar a los clásicos, que no se pierdan entre ondas de FM. Programaciones comerciales en las que el receptor escucha música masticada y pierde la ilusión por explorar aquellas maravillas de nuestros pioneros. Rescatar al pionero. Un acto de justicia y un regalo para el buen gusto musical“.

 

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