foto del grupo Malevaje
Periodos activos
1980 - Actualidad
Procedencia
Madrid
Estado
Activo
Publicado por
Rafa García-Purriños
Fecha publicación
03/02/2009
Estilos
25 fans

"Yo siempre he sido muy tanguero, me viene de familia. Mi abuelo lo era, mis padres también, a pesar de ser madrileños. Yo siempre cantaba tangos en las fiestas de los amigos. Hasta que nuestro amigo Rafa nos propuso cantar en su bar, El Salero. A la gente le gustó, hubo una discográfica que nos propuso grabar, grabamos, el disco se vendió más o menos bien así que seguimos, se fue liando la cosa y así hasta hoy”.

Así resumía la trayectoria del grupo su cantante y líder Antonio Bartrina en una entrevista del año 1996. Entonces eran 12 años de historia los que se resumían, que comenzaba, ni más ni menos, que hacia el año 1984, momento en el que Antonio Bartrina es invitado, o animado, a salir al escenario de El Salero, el local de un amigo. Para ello llama a otros amigos, músicos procedentes de grupos de rock, y los convence para hacer un par de actuaciones, a pesar de que, según comentaba "yo creo que ni habían oído un tango en su vida". Concretamente, esos músicos eran Fernando Gilabert en el contrabajo y Ramón Godés en la guitarra electroacústica, ambos procedentes de Los Coyotes, y Edi Clavo (de Gabinete Caligari) en la percusión, batería y escobillas. El grupo, en sus inicios, se completa con Virginia Díez, que había militado en el grupo de chicas de Las Hornadas Irritantes Pélvis Turmix, bailarina y coreógrafa que, además, tocaba las castañuelas, aportando un toque castizo y diferente a la ya de por sí original -aún dentro del respeto a los cánones- manera de interpretar los tangos que iba a tener Malevaje.

Se pusieron de nombre Malevaje porque "dos o tres días antes de tocar por primera vez el chaval del bar nos dijo, 'oye, ¿cómo os anunciáis?' y enseguida pensamos: Malevaje, por este tango tan bonito de Gardel, y el nombre se quedó para siempre". Y la cosa funcionó. Las actuaciones tuvieron éxito y fueron contratados para tocar durante toda una semana. “En Madrid, en esa época prácticamente valía todo. Había tal ansia de ver y de hacer, después de tantos años de oscuridad, que un grupo de 'rockeros' procedentes de otras formaciones musicales (Gabinete Caligari y Los Coyotes) y con una bailarina toda garra y pasión, cantando tangos fue admitido en el circuito de actuaciones de La Movida sin ningún sobresalto”, dice el contrabajista, Fernando Gilabert, en una entrevista.

No sólo fue admitido como si tal cosa, sino, además, con el suficiente éxito como para que la independiente Tres Cipreses les ofreciera grabar un disco, con el apoyo de DRO en la distribución. Ese disco fue “Tangos” (DRO / Tres Cipreses, 1985), un mini-LP de siete canciones en el que Antonio Bartrina y su grupo se atreven con clásicos como “Malevaje”, “Mano a mano”, “Si soy así”, “Garufa” o “Confesión”, entre otros, y que fue grabado y mezclado en un solo día.

Lo cierto es que Antonio Bartrina demuestra mucho talento y personalidad para cantar tangos y darles un barniz “moderno”, incluso rockero y de nueva ola, dentro de una línea muy clásica, y muy bien apoyado por el grupo, de los mejores músicos de rock nuevaolero (y con toques latinos o castizos) que había por entonces. Así, el disco resultó ser algo muy original que, sin venderse como rosquillas, lo cierto es que funcionó bastante bien.

Eso les valió una segunda oportunidad, ya con todo un LP, “Margot” (DRO / Tres Cipreses, 1986). Es entonces cuando conocen, conducido al estudio por el cantante de tangos Roberto Grandi, al maestro Osvaldo Larrea, bandoneonista, compositor y arreglista argentino, viejo tanguero que estaba de vacaciones en Madrid, y que se sorprende de que gente joven y de España se dedique a interpretar tangos, tanto que se anima a colaborar en este segundo disco, poniendo su bandoneón sobre la grabación ya hecha de dos de las canciones. Se hacen  amigos, le proponen participar en la gira de presentación, el maestro accede y, ya en el siguiente disco, pasa plenamente a formar parte de la banda, en la que permaneció unos ocho años. Con él, los músicos aprenden de verdad a tocar tangos, ya que, como reconocen, "cuando empezamos a tocar, en realidad no teníamos ni idea. Ninguno de los músicos había tocado nunca tango".

La inclusión del bandoneón, un instrumento sin el que es dificil entender el género, enriquece mucho el sonido del grupo, así como el magisterio y las aportaciones de Osvaldo Larrea en composiciones y arreglos. Y eso se nota en su tercer disco, “Arriba los Corazones” (DRO / Tres Cipreses, 1987), grabado ya con el maestro bandoneonista. En él se incluyen ya composiciones propias y, en cierto modo, establece una especie de transición entre el Malevaje de los inicios y la música que van a hacer a partir de entonces. La guitarra pierde protagonismo, centrándose la atención en voz y bandoneón, y poco a poco irán entrando más instrumentos. Así, para su siguiente disco, “Un Momentito…” (DRO / Tres Cipreses, 1988), cuentan con la colaboración de un violín y un violonchelo, introduciendo también los teclados.

Ese enriquecimiento de sonido provoca una diferente manera de entender el tango, más clásico, menos “rock”, y una apertura a otros sonidos y ritmos como la milonga, la habanera, la rumba criolla o el candombe, así que comienzan a introducirse cambios en la formación. Sale Edi Clavo y entra un batería con mayor dominio de la percusión y de los ritmos latinos, Celestino Albizu, otro “Coyote”.

Con “Inchilimonchi” (DRO / Tres Cipreses, 1989) continúa la evolución. En esta ocasión desaparece la guitarra, saliendo del grupo Ramón Godés, e incorporándose Belén Gilabert al piano, así como los dos músicos que habían ya colaborado en el disco anterior, que se convierten en miembros fijos de la banda: José Luis López en el violonchelo y José Amador Pablo en el violín. Con esta formación, ya casi una pequeña orquesta, Malevaje comienza su auténtica proyección internacional. Además de actuar por toda España, realizan giras por Francia y Suiza, y participan en los festivales de Nancy, Le Primtemps de Bourges, y La Semana Internacional de Estrasburgo.

El grupo está en un gran momento, especialmente en directo, lo que les lleva a plasmarlo en un disco doble, que se graba los días 26 y 27 de noviembre de 1990 en el Teatro Principal de San Sebastián y se edita con el título de “Envido” (DRO / Tres Cipreses, 1991). Su mejor disco, imprescindible para todo aficionado a la música de Malevaje.

Tras este disco, Virginia Díez, que había participado, bailando un tango, en la película “Átame” (1990) de Pedro Almodóvar, abandona para continuar su carrera como bailarina y coreógrafa, siendo sustituida en directo por Marcela Amoedo y Marcelo Franceschi, dos bailarines procedentes de Córdoba, Argentina, aunque afincados en Madrid desde principios de los 80, y el maestro Osvaldo Larrea se vuelve a su Argentina natal, por lo que, para las siguientes entregas, será sustituido por otro bandeonista, Jorge Orlando Lema. Osvaldo Larrea seguirá colaborando con el grupo, componiendo y arreglando muchas de las canciones.

El grupo continúa y, con algún que otro cambio de formación entre medias, como la entrada en el piano de Guadalupe Sánchez, o la salida de Celestino Albizu y de Fernando Gilabert, que se va, aunque volverá posteriormente, graba tres discos más, “Va Cayendo Gente al Baile” (Don Lucena, 1993), “Con su Permiso, Don Carlos” (Don Lucena, 1996), en el que colaboran músicos como Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Jorge Pardo, Juan Perro y Raimundo Amador, y que se convierte en su disco más vendido, y “Plaza Mayor” (Don Lucena,1998), al que, al tradicional sonido de tangos, milongas, valses, etc se le añade un toque castizo, no sólo en letras y portada, también en la música.

A partir de este disco, Antonio Bartrina decide volver a los orígenes, a la formación más básica, el clásico sonido de guitarra / contrabajo / bandoneón. Así, el grupo experimenta nuevos cambios, entrando un guitarrista, Leonardo Alonso, y un nuevo bandeonista, Ariel Hernández. Esta formación funcionará durante dos años en directo y, bien rodada, hace pensar a Antonio Bartrina que en el escenario es donde realmente se encuentra más cómodo, y así lo expresa: “Mi idea es grabar a partir de ahora todo en directo. Aunque el material que tienes es lo que esté grabado y punto, me compensa, ya que te olvidas y consigues cosas que no logras en un estudio”.

De esta forma, sus dos discos siguientes recogeran diferentes presentaciones en vivo de la banda, el primero de ellos “Vuelvo al Barrio” (Arena, 2001), se graba en varios teatros de Castilla y León: Teatro Juan Bravo de Segovia, Teatro de la Audiencia de Soria, Teatro Clunia de Burgos y Casa de La Cultura de Miranda de Ebro, que incluye algún tema nuevo y algunos clásicos del repertorio de Malevaje y el segundo, que celebraba los veinte años de existencia del grupo y que, con el significativo y tanguero nombre de “¿Que Veinte Años no es Nada?”(Arena, 2004) recogía una actuación en la sala Galileo de la capital de España, en marzo de 2004. A pesar de tratarse de un directo, contiene, en su mayoría, temas nuevos, junto a la habitual revisión de algunos tangos clásicos. Como ha explicado el propio Antonio Bartrina:"Siempre procuro meter unos cuantos clásicos en mis discos. Del tango viejo me quedan unos 200 temas que quiero grabar".

Con cuatro o cinco clásicos por disco, hasta llegar a esos 200 la cosa da para muchas entregas así que, afortunadamente, tenemos Malevaje para rato. Y así, en el año 2008 vuelven al estudio, acompañados en esta ocasión por un nuevo guitarrista, Sacri Delfino, y unos colaboradores de lujo, como el violinista Ara Malikian y un viejo miembro de la banda, Celestino Albizu, para grabar un nuevo disco que se publica con el título de “No me Quieras Tanto, Quiéreme Mejor” (Siete Notas,2008).

Aunque siga pareciendo raro, incluso después de más de dos décadas, ver a un grupo de madrileños interpretando tangos, lo cierto es que Malevaje rompen todos los esquemas, y sorprenden por su personalidad y por su respeto al sonido clásico del género. Así, explican: “Madrid es una ciudad bastante tanguera. Aquí hay también mucha chulería. El malevo argentino tiene mucho que ver con el chulapo madrileño, incluso en la indumentaria. El tango tiene raíces españolas evidentes mezcladas con toques africanos, italianos y ritmos autóctonos. El bochinche del Río de la Plata era un conglomerado de todas partes".

Ya lo dice bien claro el propio Antonio Bartrina en la letra de la canción “A mi modo y con mi acento”: "... ¿Por qué no hacer aquí tango si en Japón se hace flamenco?".

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Discografía del grupo

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Comentarios

foto del usuario TGL
TGL
27 enero, 2010 at 14:53

Hay un doble CD de coleccion Lollipop – Ventura Records del año 2000 titulado “A mi modo y con mi acento” que incluye los tres discos con Don Lucena (“Va cayendo gente al baile”, “Con su permiso Don Carlos” y “Plaza Mayor”).

foto del usuario Joe es nombre de tango | luzazul
Joe es nombre de tango | luzazul
9 marzo, 2015 at 19:49

[…] Tal vez el próximo reto de Joe Petraski y los carniceros del tango sea dar el salto a la composición y demostrar que desde aquí también puede hacerse buen tango (y ahí está Malevaje). […]

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