foto del grupo Los Botines
Periodos activos
1960
Procedencia
Madrid
Estado
Inactivo
Publicado por
Julián Molero
Fecha publicación
11/11/2010
Estilos
8 fans

Hasta cierto punto es la historia de un fracaso, al menos de un fracaso comercial o de un posible buen negocio mal dirigido. Todo empieza en uno de los grandes grupos madrileños de la primera mitad de los 60: Los Diablos Negros. Este conjunto contaba en sus filas con el cantante canario Manolo Pelayo, el único que salió a hombros de una matinal de Price en diciembre de 1963. Manolo y su grupo hacían el mejor beat de la capital de España e incluso hicieron memorables actuaciones en Barcelona, mano a mano con los grandes grupos de esa ciudad. Pero su aire a lo Marlon Brando, su estatura y su tirón escénico hacía que un día sí y otro también le llegasen ofertas de distintas discográficas, todas ellas seguras de que Manolo iba a ser el gran solista moderno de la música española.

Finalmente, Columbia se iba a llevar el gato al agua. Manolo exigió que otros dos componentes de Los Diablos Negros fuesen contratados: el batería Manuel Varela y el guitarra rítmica Paco Candela. Otra condición fue la de adoptar el formato de conjunto. Habían nacido Los Botines, que quedó configurado como quinteto con la incorporación de los músicos suizos Daniel Grandchamp (bajo) y Dominique Varcher (órgano).

Se hace una importante campaña previa para presentar al grupo como serio aspirante al trono de Los Brincos. Se hartan de decir que van a hacer una música más comercial para llegar a más gente, pero que no van a renunciar a la calidad. Incluso realizan una de sus primeras actuaciones en el Palacio de los Deportes de Barcelona dentro del evento Dsiquiniela, alternando nada menos que con Lone Star y The Animals. Palabras e iniciativas que pronto van a quedar en entredicho, pues el tema principal de su primer EP -"Chico Ye Yé / Me Marcharé / Aleluya Surf / Lo que Sientes por Mí" (Columbia, 1965)- es el archipachanguero “El chico ye yé”, una versión de la homónima chica de Rosalía, Gelu y Conchita Velasco.

Apariciones en televisión, reportajes en Fonorama y Discóbolo, un nombre que hace referencia a un calzado de lo más español (recordemos que en aquel momento Los Brincos se distinguían por llevar zapatos castellanos con pequeños cascabeles). El disco no funciona en absoluto. Se marchan del grupo Dominique, que va a parar a Los Shakers y Paco, entrando otro músico extranjero: el inglés John Rose, que se hace cargo del órgano.

Antes de finalizar 1965 graban un segundo EP "Capri C'Est Fini" (Columbia, 1965), que obtiene mayor repercusión gracias a uno de sus cortes: “Pan y mantequilla”, seguramente la canción más escuchada de este efímero conjunto.

Tras esta grabación el bajista Daniel se marchará también, concretamente a Los Flecos.

A Columbia no le hace gracia mantener un grupo de elevados gastos y escasas ventas, ya que el único que le interesa es su cantante. Convence por fin a Manolo para que inicie su carrera solista y deja al resto en la estacada. Manolo toma las riendas del grupo y contrata a un joven cantante y actor natural de Alcoy, que lucha por abrirse paso en Madrid. Este joven de veinte años se llama Camilo Blanes y algún tiempo después se convertiría en uno de los grandes con el nombre de Camilo Sexto (por el camino cambió la 'x' por la 's'). Con él, ficharan por Sonoplay para grabar un único disco en 1966. En esa misma época aparecen también en el grupo Emilio Llacer y dos excomponentes de Cefe y Los Gigantes: Gonzalo González y Rodrigo Alcaraz. Con ellos grabarán el citado single de Sonoplay. En la batería va a entrar a última hora Javier de Juan, que luego se convertiría en uno de los grandes músicos de sesión en décadas posteriores.

El minuto, o dos minutos, de gloria llegaría a Los Botines no de la mano de la música, sino de la mano del cine. Intervendrán en dos películas juveniles con importantes dosis de música: “Los Chicos del Preu” (Pedro Lazaga, 1967), en la que también interviene Karina, y “Hamelín” (Luis María Delgado, 1967), protagonizada por Miguel Ríos. En ese mismo año Los Botines desaparecen definitivamente sin haber alcanzado el éxito que todos auguraban en sus inicios, pero dejando algunas pinceladas de su calidad en caras B y actuaciones en directo.

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