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Biografía de Lavabos Iturriaga - La Fonoteca
foto del grupo Lavabos Iturriaga
Periodos activos
1981 - 1990
Procedencia
Vizcaya/ Bizkaia
Estado
Inactivo
Publicado por
Julián Molero
Fecha publicación
26/07/2013
Estilos
2 fans

Tómese a unos tipos con la cara cubierta de maquillaje blanco, vístaseles con unas largas levitas negras, cúbraseles con unos capirotes de Semana Santa, regálenseles sintetizadores, y hágaseles pronunciar idiomas desconocidos. Además les recetaremos una dieta exclusiva a base de Kraftwerk, Cabaret Voltaire, New Order y The Residents. Ya tenemos a Lavabos Iturriaga.

El grupo se funda en Guecho a finales de 1981 con los presupuestos de una banda tecno pop. Pero su estilo no es el de los grupillos al uso con canciones ligeritas, chicas monas y gadgets electrónicos. Vamos, que no tienen nada que ver con sus contemporáneos Betty Troupe, Glamour, Video o Greta. Su tecno tampoco es el quirúrgico de los alemanes Kratwerk, sino un río de sonidos turbios y desordenados, tal vez el Nervión de los días invernales.

El alma máter de Lavabos Iturriaga es Óscar Amézaga (sintetizadores). Junto a él la primera formación la completan Roge Blasco (sintetizadores), Paco Marcilla (bajo), Javier González -Koketo- (guitarra, caja de ritmos) y la chica de todos los grupos de la especialidad, en este caso Ana Jiménez (voz).

Su propuesta no pasa desapercibida y sus actuaciones son accidentadas y no dejan frío a nadie. En un momento en que en cada comunidad de vecinos hay un sello independiente, Óscar crea Discos Suicidas. Coge a sus chicos, se los lleva a los estudios franceses Du Manoir, en Las Landas.  En un decir amén fabrican un sencillo de tres canciones: “China” (Discos Suicidas, 1982). La canción titular de corte oriental, contenido hipnótico y sonido pródigo en agudos se escucha bastante en las radios. El grupo muestra tendencias a lo siniestro y se recrea en atmósferas oscuras con mucha onda de sintetizador y alguna voz de ultratumba. Puede que sea un disco prematuro para un grupo aún en busca de un sonido propio, pero suena realmente auténtico y la idea de un tecno siniestro se abre paso como definición.

Son de los primeros en darse cuenta del poder de lo visual y graban videos de sus canciones con destino a la recién fundada televisión vasca.

Ana se va del grupo y pasarán casi dos años hasta que aparezca el maxisingle: “Instantánea / Imágenes del Ruido” (Discos Suicidas, 1984). Nueva ración de circuitos impresos y una apuesta clara por la música industrial. Reminiscencias de Aviador Dro o de Herminio Molero y La Máquina Humana, más por los instrumentos utilizados que por afinidad de estilos.

Todo parece indicar que la hora de Lavabos Iturriaga ha llegado. Actúan fuera de su entorno, sus directos ganan en calidad, ya no son los aventureros sonoros desmañados de los primeros tiempos. En cambio, el grupo se autoimpone un frenazo discográfico fruto de alguna desavenencia y de una cierta anarquía vital de sus componentes. Por la prensa independiente de la época sabemos que ´dan dos conciertos en la sala Metro de Barcelona.

En Bizkaia actúan en la sala Bolos dentro de una programación semanal que cubre el invierno y la primavera. Un esfuerzo que lleva hasta Bilbao a lo más granado de su tiempo: Derribos Arias, La Mode, Zarama, Los Elegantes, Los Cardiacos, Monaguillosh y..., por supuesto, Lavabos Iturriaga.

Cuando Lavabos Iturriaga son ya un recuerdo y el rock radical se enseñorea de su Euskadi natal, regresan al estudio de grabación convertidos en un trío liderado por Óscar y sus sintetizadores con sus fieles escuderos Koketo y sus guitarras filtradas y Paco en el bajo. Éste último fallecerá algún tiempo después.

Se publica un mini LP de seis temas titulado genéricamente “Lavabos Iturriaga” (Discos Suicidas, 1989). Sonido sucio y desordenado que puede recordar lejanamente a Héroes del Silencio. Este tercer disco es recibido de uñas con comentarios como el que sigue: “Cuando aparecieron a principios de los 80 con su imagen estrafalaria y sus propuestas tecno-siniestras tenían un pase. Eran al fin y al cabo un signo de los tiempos. Ahora la verdad suenan un tanto trasnochados. Su lado histriónico ha perdido acidez y su música no sintoniza con la realidad actual. Llevan una empanada mental de cuidado que no los absuelve de su estancamiento. Las canciones reflejan un mundo personal que a mí personalmente no llega a fascinarme en absoluto. La producción es correcta, pero el uso de samplers innecesario. En fin, ellos sabrán”.

Puede que la crítica anterior sea un tanto exagerada, pero algo de verdad hay en ella, especialmente en lo que se refiere a lo caduco de su propuesta y a una evolución que teóricamente duraba ya casi una década, pero que en la realidad no se notaba demasiado.

Han sido una de las pocas intentonas de hacer un rock industrial autóctono, su escasa habilidad musical les llevaron a repetirse en exceso y tuvieron que nadar contracorriente de los estilos imperantes. Tampoco la intermitencia de sus grabaciones y su afán de localismo empujaron su carrera.

A principios de los 90 cierran los lavabos. El siempre bullidor Óscar fundará sin mucho éxito Uralia en 1999. Roge Blasco, que ya en los 80 fundaría el fanzineMuskaria, se dedicó al periodismo y ha dirigido programas culturales para la televisión vasca.

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