foto del grupo Hilario Camacho
Periodos activos
1960 - 2000
Procedencia
Madrid
Estado
Inactivo
Publicado por
Rafa García-Purriños
Fecha publicación
13/12/2009
Estilos
25 fans

"Nací el 8 de junio de 1948 en el barrio madrileño de Chamberí. A los trece años tuve mis primeras gafas, a los catorce conseguí mi primera guitarra y a eso de los quince compuse mi primera canción, se llamaba 'Pilar' como una chica que me gustaba". Así comienza el autorretrato escrito por Hilario Camacho para su página web.

Hilario Camacho es uno de los personajes esenciales en la historia de la música española, particularmente en los años 70 y 80, un cantautor que se distingue de sus compañeros de generación, ya que, además del mensaje, del fondo, daba una gran importancia a la forma, a la música. Dotado de una magnifica voz, que cuidaba y educaba con mimo, era, además, un guitarrista notable y un músico inquieto, capaz de asimilar cualquier tipo de música que le llamase la atención, incorporándola en sus composiciones y arreglos y dotándola de una personalidad propia. Así, entre sus influencias podemos encontrar a cantautores americanos, desde Bob Dylan a James Taylor, junto a otros británicos, como Cat Stevens, pero también músicos como Carlos Santana. De esta forma, junto a las canciones acústicas y desnudas propias de los cantautores de su generación, podemos encontrar en sus composiciones ecos de música pop, rumba y flamenco, blues, funk, música latina, desde la salsa y el bolero a la samba o el jazz y, en sus letras, lo mismo poemas que elegía por su musicalidad y adaptaba libremente según las necesidades de la canción, que letras introspectivas, sobre el amor y el compromiso personal, y hasta canciones en las que la voz se limita a un “tarareo”, en las que no era sino un instrumento más.

Sus comienzos en la música tienen lugar de una forma amateur, en sus años de universidad, donde comenzó sus estudios el año 1965. Allí comienza a poner música a poemas de Machado, Miguel Hernández, García Lorca o Nicolás Guillén, entre otros.

Su primera aparición en un disco se produciría con “Ensayo Nº 2” (Edumsa, 1968), un recopilatorio editado por el pequeño sello universitario Edumsa, donde incluía dos versiones de poemas de Nicolás Guillén. Las dos canciones fueron, además, editadas como single por el mismo sello: “El Son del Desahucio / El Fusilamiento” (Edumsa, 1968).

Por esa época, Hilario Camacho forma parte de una asociación musical denominada Canción del Pueblo, con Elisa Serna y Cachas, entre otros, una agrupación políticamente comprometida y decidida a dar un nuevo sentido a la canción de autor, que se estrena con un concierto celebrado el 22 de Noviembre de 1967 en el Instituto Ramiro de Maeztu. Este colectivo de cantautores, muy diferentes entre sí y con visiones muy distintas de la música, se iría disgregando poco a poco hasta que, sin un motivo aparente, se disuelve en el verano de 1968, momento en el que, los pocos músicos que iban quedando, entre los que se encuentra el propio Hilario Camacho, forman una nueva asociación: La Trágala, que viene a hacer lo mismo que venía haciendo Canción del Pueblo, ofrecer recitales, normalmente sin previo aviso, para que no pudieran ser prohibidos, en centros obreros, colegios mayores, facultades, o parroquias de barrio, de forma clandestina.

Con una inequívoca postura de lucha contra la dictadura, y una ideología política que nunca ocultó, y que era más bien anárquica, partiendo de una idea del compromiso como algo personal, y enemigo de las etiquetas, le gustaba desligar lo artístico de lo político, como el mismo expresó en una entrevista, años después: "Siempre me rebelé contra esto del compromiso, contra lo de ir a algún sitio anticipado por el carné de no sé qué. Una opción que entraña riesgos: ahí están los momentos de soledad que he vivido".

Así, Hilario Camacho no se encuentra del todo cómodo en esa forma de entender la música y el compromiso, y comienza a componer otro tipo de canciones, menos políticas, aunque no por ello menos comprometidas: se ocupa de temas más cotidianos, del agobio del día a día, del compromiso personal y la mirada interior, aunque nunca dejará de lado su faceta de poner música a poemas. En un principio, además, Hilario no compone las letras de sus canciones, trabajando con distintos letristas, amigos como Francisco Escalada, Moncho Alpuente o Antonio Gómez.

En 1971 entra a grabar el que sería su primer disco grande, titulado “A Pesar de Todo” (Compañía Fonográfica Española, 1972), y producido por el afamado Alain Milhaud, productor de éxito en los 70 con grupos como Los Bravos y los Canarios, entre otros. En él se encuentran canciones como “Ven aquí” o “Los cuatro luceros”, que, sobre todo esta última, le dieron una cierta repercusión.

Al entrar a grabar el disco, Hilario Camacho se plantea entonces la música como profesión, buscando su propia manera de entender la canción de autor, cuidando el sonido y los arreglos de una forma especial, que le lleva a electrificar su música, y trabajar con distintos músicos, más allá del típico cantautor de voz y guitarra española o acústica, abriendo multitud de caminos y convirtiéndose en una gran influencia para cantautores y grupos, no sólo de su generación, sino también de los que vendrían detrás.

Tras editar este disco, pasarían tres años hasta la publicación del siguiente, tiempo que Hilario Camacho aprovecha para dedicarse a escuchar y estudiar música, a componer canciones (empezará entonces ya a componer también algunas de las letras), así como a otras actividades, realizando sus primeras colaboraciones en el cine, componiendo parte de la música y apareciendo como actor en "Autopsia" (1973), de Juan Logar, y colaborando asimismo en “Manuela” (1975), de Gonzalo García Pelayo.

Por fin, en 1975 se edita su segundo disco, “De Paso” (Movieplay, 1975), un gran disco en el que Hilario Camacho pone en práctica todos esos sonidos que había estado escuchando y aprendiendo, experimentando con la psicodelia, el pop, el folk anglosajón y hasta el rock progresivo, y en el que destaca, por su repercusión, una canción: “Volar es para los pájaros”, una de esas canciones que no faltan en cualquier recopilatorio de cantautores españoles o de las canciones que se escuchaban en la transición a la democracia.

Su obra en los años 70 se completaría con otro gran trabajo, “La Estrella del Alba” (Movieplay, 1977), un disco en el que se abre a otros sonidos, más jazz y más latinos, como la salsa o la samba, y en el que es patente la influencia de músicos como Carlos Santana, y que alcanzó también cierta repercusión.

Hilario Camacho, una persona tímida, nunca fue muy amigo de los focos y de la fama, por lo que, en las épocas de mayor éxito, éste nunca se llegaba a consolidar ya que se las arreglaba para desaparecer, y esta sería una de esas ocasiones. El resto de los años 70, pues, lo pasaría, de nuevo, aprendiendo y experimentando nuevos sonidos, viajando, creando canciones y participando en actividades diversas, como la composición para otros autores, como Pablo Guerrero o Maria del Mar Bonet, o la producción del disco de Joaquín Sabina, “Malas Compañías”, (CBS, 1980) en el que, además, compondría los arreglos y participaría tocando y cantando en muchas de las canciones.

Hasta que, ya en 1981, publicaría uno de sus discos más famosos y celebrados, “La Mirada del Espejo” (Movieplay, 1981), en el que incide en las mismas influencias (jazz, salsa, blues), aunque con un mayor acercamiento a sonidos pop, y en el que se encuentran varias de sus canciones más conocidas, como “Final de viaje” o “Madrid amanece”.

A este disco le seguiría otro de sus prolongados silencios, desapareciendo de la primera línea y aprovechando el tiempo, de nuevo, para trabajar con otros autores, componiendo para su amigo Moncho Alpuente, para Joaquín Sabina, y participando en un disco de José Antonio Labordeta, “Aguantando el Temporal” (Movieplay,1985), y apareciendo en la película “Lola” (1985), de Bigas Luna.

En esta época continúa su colaboración con Joaquín Sabina, componiendo canciones como “Whisky sin soda”, “Negra noche” o “Taxi”, estas dos últimas incluidas en su siguiente disco, “Subir, Subir” (Movieplay, 1986) , que da un paso más en una línea más popera, y en una temática más urbana.

Este mismo año alcanzaría su mayor momento de popularidad, de la mano del tema 'Tristeza de amor', compuesto para la serie de televisión española del mismo título, que protagonizaban Alfredo Landa y Concha Cuetos. Dicha canción se incluye en el disco“Gran Ciudad” (Twins, 1998) junto con otras como “Un extraño en Madrid”.

De cualquier forma, el final de los años 80 no es buen momento para cantautores, que han sido sustituidos en las listas por los grupos de pop. Es la llamada Edad de Oro del Pop Español, en la que Hilario Camacho continua componiendo para artistas como Martirio, Luz Casal o Cómplices, y realizando encargos para televisión, como la recordada “Soy un gnomo”, sintonía de la serie de dibujos animados David el Gnomo.

Los años 90 comenzaron con la publicación de un disco, “El Mercader del Tiempo” (Pasión, 1990), donde recogía el trabajo de los cuatro años que había pasado sin publicar, y desaparece una larga temporada del mercado discográfico, salvo recopilatorios como “Lo Esencial” (Movieplay, 1991) o reediciones como “Tristeza de Amor” (Movieplay, 1994), que recogía en compacto su disco “Gran Ciudad”, con algún tema nuevo y una nueva portada, además del cambio de título. También seguiría dando conciertos con regularidad, y componiendo para otros artistas, hasta que, a finales de esta década, al calor de la resurrección del interés por los cantautores que se produjo en España, firma un contrato con Warner y edita un sensacional recopilatorio en directo acústico, en el que ofrecía nuevas versiones de sus temas clásicos, y un par de canciones nuevas, con el título de “En Concierto” (Warner, 1997).

A este disco le sigue “Lunático Veneno” (Warner, 1998), que marca el fin de su etapa con Warner, y que tuvo una repercusión mucho menor, a pesar ser un buen disco y de la colaboración de músicos como Los Secretos.

A partir de entonces, Hilario Camacho pasa una época dando conciertos y componiendo para bandas sonoras de obras de teatro, entre otras cosas, y hasta el año 2003 no entra de nuevo a grabar un nuevo disco, “No Cambies por Nada” (Kainos, 2003), en el que colabora Kiko Veneno y que, por desgracia, contó con una distribución escasa y una repercusión casi nula.

El 16 de agosto de 2006, cuando tenía 58 años y estaba a punto de salir a la calle su disco, “Una Mirada Diferente” (Factoría Autor, 2006), Hilario Camacho fue hallado muerto en su casa. Dejó, decían las noticias, una carta en la que denunciaba que el mundo de la música está lleno de estafadores. Sus compañeros y amigos le despidieron, poco después, con un homenaje que, con el título de “¡Va por ti, Hilario!”, se celebró en el teatro Lope de Vega de Madrid el 23 de octubre de 2006, que era la fecha prevista para la presentación del citado disco.

Nos dejaba uno de los músicos y cantautores con mayor talento e influencia de todos cuantos han publicado discos en España, una persona y un músico dotado de una sensibilidad especial, que era, como él mismo dijo "un señor bajito que cuando canta mide más de mil metros". Y así será siempre.

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