foto del grupo Dogo y los Mercenarios
Periodos activos
1985 - 1991
Procedencia
Sevilla
Estado
Inactivo
Publicado por
TGL
Fecha publicación
19/01/2018
Estilos
2 fans

Hablar de Juan Diego Fuentes Casas o como le apodaba su hermano, Dogo, como de la versión sevillana de Johnny Thunders sería simplificar excesivamente la ecuación. Si bien siempre vivió en el borde, como funambulista sobre el alambre cruzando el precipicio, como hiciera el punk yonki americano, el caso es que también demostró devoción por otras figuras del santoral del rock salvaje como Iggy Pop o componía muchas veces con la vista puesta en la Velvet Underground de Lou Reed. Siempre insistió en esa especie de ying y yang de su manera de entender la música combinando sí, el cuero macarra con el elegante terciopelo, y por si todo esto no fuera poca amalgama, uno de los temas emblemáticos de sus Mercenarios sería la aproximación al flamenco desde el rock acompañado de Raimundo Amador.

Dogo es en realidad madrileño. Tal y como parece constar en los registros, nace en Madrid en 1963, aunque la parroquia rockera que conoce de su leyenda maldita le sitúa en el fondo en Sevilla. Natural de Ciudad Pegaso, barrio enclavado en el distrito de San Blas – Canillejas, para cuando su familia se tenga que ir de la capital, cuenta ya con 15 años y está perfectamente “contaminado” por las consignas del punk rock. De hecho, cuando le preguntamos por sus primeras inclinaciones musicales no duda en indicar su adolescencia madrileña como el origen de todo: “Desde que tengo uso de razón me gustaba oír música en la radio. El ánimo para formar parte de un grupo viene con la adolescencia en el instituto Ramiro de Maetzu de Madrid, donde participé en un conato de grupo con otros compañeros de clase”. Aquel proyecto efímero tendría el nombre de Nostradamus. La escena madrileña de ese momento, con nombres como Moris, Burning o Tequila, son la fuente de inspiración para aquellos primeros arrebatos.

El destino familiar cuando dejan la capital son los alrededores de Barcelona. Allí pasarían un año disfrutando de la oportunidad incluso de conocer a La Banda Trapera del Río, llegando a asistir a alguno de sus ensayos de la mano de una amiga que les conocía de “trapicheos de costo”.

El aterrizaje en la capital hispalense tiene lugar a mitad de 1979, y tarda poco en irse de casa para vivir en modo de comuna con unos amigos al barrio del Tiro de Línea. En aquel caldo de cultivo en el que se sobrevivía principalmente de lo que se sacaba de “bajar al Moro” arrancan Los Canijos, la primera aventura musical de Dogo, que no han dudado en calificar de la primera banda punk rock en Sevilla. El proyecto duraría poco, unas escasas actuaciones, pero al menos sirve para comprobar que el sonido que lograban tocando juntos merecía la pena. Prueba sonora de la experiencia es una grabación de cinco temas realizada en 1981. La maqueta la grabaron en Camas, en un estudio que allí tenía José María Sagrista, donde se utilizó una Revox de dos pistas: música por un lado y voz por la otra. La despedida oficial del grupo se certifica con el concierto que dan en la Roll Dancing de Sevilla.

A dicha actuación acudiría Juan José Pizarro (Brigada Ligera), que se les une aquel día en el escenario, y en lo sucesivo a Los Mercenarios, la banda que deciden poner en funcionamiento la mañana siguiente. Incorporan a Miguel Ángel SuárezMiguelito- al bajo, Lorenzo CortésLoren-, gitano de las Tres Mil Viviendas e integrante asimismo de Los Canijos y de Refugio, se encargará de la guitarra y Antonio (Smash) de la batería. Esta primerísima formación graba, también en los estudios de Sagrista la canción “Rock and Roll Caliente”, que saldría incluido en un EP de cuatro canciones acompañando al número 2 del fanzine 27 Puñaladas, preparado y elaborado por Luis Clemente.

Antonio duraría escasamente tres ensayos y se le reemplaza a las baquetas con  José Manuel Couceiro -El Cucharilla- . "Tenía una pegada brutal. Lo vimos claro al instante. Con su incorporación se configura definitivamente el grupo", contaba Dogo en una entrevista mucho después para Jot Down Magazine.

El debut de Dogo y los Mercenarios en directo tuvo lugar en la sala Teatro Duque, situada en la Plaza del Duque y propiedad de CC.OO. De la ocasión el cantante recuerda: “Fue un completo éxito si tengo que juzgar por como volaban las filas de asientos por los aires”. El sonido del grupo se iba a ir forjando a partir de los ensayos, pero sí que tiene como semilla original algunos de los temas que tenía compuesto Dogo antes de formarse la banda como “Rock and Roll Caliente” o “Ansia”. La letra de esta última se la había cedido a Javier Benavente, para el grupo que tenía por entonces: Academia Parabuten. “Después, con el paso del tiempo, cada componente fue aportando su propia idiosincrasia en el sonido” añade Dogo. Por lo general el proceso compositivo comenzaba con una letra que se le ocurría al cantante y que daba paso, con la colaboración de Juanjo y Miguel, a un tema en su forma definitiva en el ensayo. Otras veces la secuencia era la inversa: “Surgían en el ensayo por vaya usted a saber qué me he puesto hoy, y luego me curraba la letra de vuelta a casa” recordaba Dogo.

Asentada esa formación de Dogo y los Mercenarios el grupo, bien centrado en ensayar y componer, contactan con Mario Pacheco, responsable de Nuevos Medios, un sello que jugaría un papel relevante en la promoción de algunos de los mejores grupos del momento. El enlace con el responsable de la discográfica era Ricardo Pachón, productor en el centro de mucho del nuevo flamenco que vino de la mano de Camarón, Veneno, Pata Negra o Lole y Manuel y cuya hija salía por entonces con Juanjo. Ricardo les dejó su estudio Capullo Records, situado en Umbrete, población cercana Sevilla, durante cuatro semanas donde, en sesiones de once horas al día en las que se combinaba la música con "ingentes cantidades de muchas cosas". Aunque el resultado fue regular ("no acabábamos de ligar el sonido bien"), Mario Pacheco quedó encantado al oir la cinta y decide desplazarse a verles tocar en el local de ensayo. “Tengo que decir que con nosotros se mojaron cantidad de bien. Lo que pasa es que los maltratamos bastante con nuestro macarrismo y desahogo sevillano”, le contaba Dogo a Oriol Llopis. El estudio de Ricardo Pachón servía a veces de pequeño refugio al que se escapaban cuando andaban componiendo, pero imperativos de otro índole hacían que el proceso no cundiera como debía: “Se perdía mucho tiempo teniendo que bajar a Sevilla a pillar y no nos cundía todo lo que debía”.

Con todo, Nuevos Medios se interesó en la banda y empieza por ofrecerles la posibilidad de grabar un primer disco. “Las condiciones para la grabación fueron por su parte… A lo que nosotros respondimos con un buen disco y muy poca vergüenza”, contaba Dogo. “Ansia” (Nuevos Medios, 1987) se graba en los estudios Duplimatic de Madrid en septiembre de 1986 con Félix Arribas (antiguo batería de Los Pekenikes) como ingeniero de sonido. Emplearon para ello una semana. Contó con una colaboración de lujo para la portada, la del dibujante y pintor Nazario, al que conocen gracias a la amistad que tenía con Pepe Benavides (socio asimismo de Dogo en la regencia del Fun Club), el que fuera primer road manager de la banda: “Nos puso en contacto con él y en seguida conectó con nosotros”, nos cuenta Dogo.

En su contraportada, “Ansia” presentaba la foto de los integrantes del grupo con la estética de cualquiera de los discos de los Heartbreakers de Johnny Thunders. Una estética que probablemente no tuviera nada de fortuita ya que además de compartir las ganas por explorar el lado salvaje del rock and rollo, los Mercenarios cantaban en su disco de debut al rock and roll caliente llevándolo a las fronteras oscuras de las revisiones psychobilly del “Brand new Cadillac” de los Clash; a la adolescencia juvenil de pandillas y a las relaciones enfermizas y obsesivas con chicas. Participaban de alguna manera con esa línea que atravesaba puntos en los que se situaban Tequila, Burning, Morcillo el Bellaco y los Rítmicos

El primer disco fue muy bien recibido, y la banda también, pero nosotros éramos nuestro mayor problema”, relataba Dogo sin ocultar los continuos escarceos del grupo con las sustancias adictivas. Así resumía la crónica de los comienzos: “Estos dos primeros años fueron bastante buenos, a pesar de que el Cuchara y yo estábamos fatal. Juanjo y Miguelito por lo menos se comportaban, aunque tomaban de todo…”.

Tan sólo un año después vuelven a grabar. Entran en este caso en el Estudio Central de Sevilla cuya localización nos detalla el mismo cantante: “en la calle Jesús del Gran Poder 64, a espaldas de la Alameda de Hércules”. El estudio lo llevaban José María Sagrista y Guillermo Garrigós, y de hecho, el de Dogo y los Mercenarios fue el primer disco que se registró con el primero a los mandos. Para las mezclas, tras escuchar la recomendación de Joe Boyd, productor amigo de Marío Pacheco, se van a Londres para trabajar con Dave Young, músico de sesión que había hecho de guitarrista de John Cale, por ejemplo. Las sesiones en la capital londinense no fueron lo fluídas que hubieran querido en principio: “Fue una grabación tormentosa y agónica, para mí sobre todo, y nos comimos el presupuesto londinense en horas de estudio”. De hecho, no es de extrañar que los créditos de las producciones no incluyesen el nombre del cantante: “El método, para desesperación del Pacheco, era enviarnos al Pizarro y a mí a Londres; Juanjo se encargaba de llevar adelante las grabaciones y yo de dilapidar los dineros de Nuevos Medios en el sitio correcto. De tal manera fue así que no recuerdo nada de todo aquello y creo que solo pisé el estudio para despedirme del Young ése”. Eso sí, la comparación entre el esfuerzo invertido en el primer disco (cinco días de grabación y siete horas de mezclas) y este segundo (veintiocho días de grabación en Sevilla y cinco de mezclas en Londres) hablaba bien a las claras del proceso de elaboración.

“Llueve en Sevilla” (Nuevos Medios, 1988), su nueva entrega, venía presentado con una portada diseñada en este caso por Vicente Feliú, artista que colaboraba con el colectivo Arte Cero de Sevilla y que pertenecía al círculo de amistades del grupo. Había sido autor asimismo del diseño gráfico de otro trabajo de la escudería de Nuevos Medios, el “Blues de la Frontera” (Nuevos Medios, 1987) de Pata Negra. La conexión de Dogo y los Mercenarios con esta vertiente moderna de entender el flamenco que empezaba a consolidarse por entonces se ponía de manifiesto en la colaboración de Raimundo Amador en “El Polígono Sur”, una descarnada descripción del submundo sevillano que no sólo aparecía en el nuevo disco, sino que, emparejado a “La creación” vería la luz en single independiente.

Para muchos "Llueve en Sevilla", que se iba a llamar en un principio "Cuero y Terciopelo", pasa por el mejor disco del grupo. Dogo concede en su entrevista con Fran G. Matute: "En ese LP está el grupo en plena forma. Somos una piña". Con esa combinación de macarrismo y suavidad sugerida en el título descartado, traía también reminiscencias del “Heroine” de The Velvet Underground, se describía a la ciudad como jungla con diferentes tribus o se volvían intimistas para cerrar el disco con la canción que le daba título. Alternaban maneras de pop con espinas propias de rock para cantar sobre Susan, la chica con alma de cometa con ganas de escapar buscando su estrella, con la distorsión y crudeza con la que cantar a la atracción animal de la chica cuyo nombre te tatúas en la piel.

Para grabar “Alma y corazón”, un corte que fue además cara B del single “El Hombre Burbuja / Alma y Corazón” (Nuevos Medios, 1989), participó Hendrick (Smash), que puso guitarra slide. La compañía también acompañaría el LP con los sencillos “El Polígono Sur” (Nuevos Medios, 1989) y “La Cueva” (Nuevos Medios, 1990).

Banda con tablas más que de sobra para los directos, pueden presumir de haber facturado buenos conciertos en las principales ciudades de la geografía patria, de los que, en su momento, destacaban el de la sala Zeleste de Barcelona: “Petamos el local y estuvimos más de dos días de fiesta con Teresa y Pei de Desechables” decían. La lista se completaba incluso con un concierto en Suiza.

Aparecieron con cierta asiduidad en la televisión, en concreto en programas de Canal Sur. Para Fanzine por ejemplo rodaron incluso, al poco de salir al mercado su segundo disco, además de un par de temas en directo (como "Ansía", "Alma y corazón" o "Polígono sur") y una pequeña historia de la banda, una entrevista a distintos componentes. En el turno de Dogo, éste explicaba ante la cámara, apoyado en un muro a medio caer en el que había dibujado un pene enorme, que habían decidido montar una compañía de derribos en lo que enseñaba era su plantación clandestina de ortigas. Asimismo aparecieron en el programa Du Duá en 1990 haciendo una versión del "I'm waiting for my man" de The Velvet Underground.

Cuando la banda está lista para grabar nuevo material, El Cucharilla los deja tras sufrir un ataque al corazón. Para sustituirle a las baquetas incorporan a Ricardo Pachón Jr. Igualmente añaden a Jesús Arispont como guitarrista y teclista, y a Rafa Gálvez para encargarse de la guitarra slide y acústica.

Para “Mala Reputación” (Nuevos Medios, 1991) repitieron el proceso seguido con “Ansia”, ya que visitaron de nuevo los estudios de Félix Arriba y volvieron a recurrir a Nazario para el dibujo de la portada. El dibujante se recreó en esta ocasión en una escena de amor onanista con almohada de por medio. Especialmente cuidadosos en melodías vocales, utilizando en este caso una mayor dosis del terciopelo de su receta sónica, Dogo y Los Mercenarios encuentran multitud de lugares comunes con proyectos como Tequila, los Glutamato Ye-Yé más rockero-hornadas irritantes que nunca o los mismos Los Enemigos, que también se lo pasaban de miedo ellos solos con la almohada en su habitación. Paisajes de papelinas, de coches y aceleradores y de ganas de pasarlo muy bien a toda costa cifran el universo compositivo del disco en gran parte, pero quizás, si hubiera que elegir algún momento en especial del que sería último LP de los sevillanos, probablemente muchos elegirían la suavidad de “Marylin”. Aficionados al retrato de perfiles femeninos bien en decadentes horas bajas, bien objeto de pasión salvaje, o que, haciendo acopio de una fuerza interior envidiable, escapan de su prisión cotidiana, en esta ocasión parecen recurrir al tándem Velvet Underground – Nico para cantar a una entrañable femme fatale.

El disco empezaba con “Hoy vamos a ponernos bien”, un tema cuyo contenido, en caso de no ser suficientemente explícito en su título, quedaba aclarado con la aportación que daba Dogo en entrevista acerca de la composición de las canciones que incluyeron: “Reflejan los abismales estados de ánimo que me acompañaron durante la grabación, y que variaban en cuestión de pocas horas debido a la nada desdeñable ingesta de sustancias golosas… o, por el contrario, a la carencia de las mismas”. Contenía asimismo una versión de un tema de Cliff Nobles que también habían tocado Booker T. & The MGs, “El caballo”, y finalizaba con “Ángel”, donde tuvieron la colaboración de Toni di Giraldo a la batería, y que sería seleccionada para conformar, junto a “Producto juvenil”, un single promocional: "Ángel" (Nuevos Medios, 1991). La canción estaba dedicada a El Ángel, es decir, a Ángel Álvarez Caballero, poeta, artista y músico (Los Escaparates, Ángel y los Volcánicos) desaparecido a mediados de los 90. Dogo había conocido a Ángel y al resto de componentes de Los Escaparates en Madrid cumpliendo el servicio militar, en la época en la que, desde Sevilla, funcionaba todavía con Los Canijos.

Mezclado también en Londres en sesiones a las que sólo acude Juanjo, la "parte serena del grupo" en aquella época en palabras de Dogo, el disco surge al rebufo del anterior: "Es un buen disco, no está mal, pero vive de los retazos de "Llueve en Sevilla", de lo que quedó fuera". Y es que el músico, en los momentos en los que se le ha pedido echar la vista atrás, no ha ahorrado excusas a la hora de apuntar la causa principal por la que llegaron todo lo alto que hubieran podido. “Montábamos las canciones en el estudio, sin ensayos previos, y lo que podían haberse convertido en temas bien hechos se quedaban en apuntes bienintencionados. Cuando era el momento de consolidar la banda yo era poco más que una miseria andante”. Las giras, que incluían casi siempre las principales plazas (Madrid, Barcelona, País Vasco, Asturias…) se iban solventando de la mejor manera posible, que en muchos casos implicaba que lo que lograba Dogo sobre el escenario era, más que cantar, “dar el cante”.

Aún y todo, tras un concierto en la Zeleste de Barcelona con Enemigos y Los Poscritos, les sale una serie de ocho conciertos con Burning, en un tour (un “torbellino diabólico” según el cantante) que terminó en Sevilla donde supieron dar la traca final a una fiesta vertiginosa.

Entre los años 91 y 92 el proyecto Mercenario se disolvió por inanición” contaba el propio Dogo a Alfred Crespo para el Ruta66. Para la misma revista, pero en comunicación anterior con Oriol Llopis el músico reconocía lo duro de su situación: “La cosa pintaba mal en Sevilla para mí. Aunque habíamos tenido buenas críticas con los discos, la cosa no acababa de cuajar. Y encima teníamos pocos bolos, eso sí, casi todos fuera de Andalucía. Incluso hicimos una gira por Suiza”. Las autoridades municipales se fajan en la preparación de la Exposición Universal que celebraba ese año la ciudad, así que “se abrió la veda para la caza del yonki”, comentaba. De repente comprendió que el ritmo de vida con el grupo, el club que regentaba con otros miembros de la Hermandad Canija sevillana (el bajista de los Mercenarios Miguel Suárez, incluido) y las adicciones varias a la noche de la ciudad estaba llegando a su fin. “En el seno de la banda puedes imaginar cómo estaba la cosa: todos sin excepción éramos adictos, con una ecuación por resolver: poco trabajo, polvo caro, malo y difícil de conseguir, y además el resto del vecindario está encantado con la extraña movida de la Expo… mejor chapamos, ¿no?… Y así vendí mi parte del Fun Club a uno de los socios, dejé mi casa y cerré mi harén”. Terminaría yéndose de Sevilla para recalar en Ibiza y Gran Canaria.

A su regreso a la capital hispalense allá por 1999 los intentos por reflotar el proyecto no fructificarían, pero sí que pasaría por el Estudio Central para dejar registrados una serie de temas que ha ido preparando en estos casi seis años de exilio insular (1993-1996). En concreto se grabaron “Carta de Amor Número 13”, “No Me Verás”, “Algo Raro”, “Tarde a Casa” y “Esperando el Cielo”, que juntos conformaban lo que para muchos era el cuarto disco inédito del grupo.  “Eran canciones compuestas por mí en su totalidad, es decir, no compartía autoría con Juanjo” aclara Dogo, quien para la ocasión se hizo acompañar por José Luis Suero y Juanjo Pizarro a las guitarras, Luis Almagro al bajo, y Carletes (Parachoques) a la batería. “Se grabó en estudio con toda la banda tocando a la vez y creo que se hizo un registro de alta calidad de sonido” continúa. En su momento las canciones circularían en forma de cinta de cassette editada por el tesón de Miguel Fernández que logró incluso una fotografía de Xavier Mercadé para presentarla como tarjeta de presentación para conciertos e incluso contrato discográfico. Miguel acompañó incluso a Dogo a Madrid para encontrarse con Mario Pacheco que, sin embargo, en esta ocasión, les dijo estar centrado por esa época especialmente en el flamenco. Aunque efectivamente ha recibido ofertas desde entonces para que vieran la luz tal cual se grabaron, no han sido lo suficientemente atractivas (“más bien un poco esaborías”) como para editarlas.

En Sevilla, desde 2006, lleva una actividad relajada, tocando un par de veces por temporada y sacando canciones de vez en cuando con ayuda de Juanjo y Charlie Cepeda que refuerza la banda con una guitarra más. Más tarde, a la batería estaba Ramón –“Rama”-. Como contaba para Ruta66 mucho más tarde, había trabajado, sobre todo, la vertiente del “spoken word”. En concreto bautiza como Canijo Real el combo que, junto a Charly Cepeda y José Luis Suero, dedica a la fusión de poesía y rock. Quienes les vieron interpretar en directo temas como “La balada del replicante” ante pequeñas audiencias hablan de una acogida más que favorable. Tras un parón por enfermedad que le aparta de los escenarios, participan asimismo en el festival de Radiopolis que organiza el locutor Dr. Music, contribuye con un relato en el libro “Berlin Capital Alaska” (66 r.p.m., 2012) de Alfred Crespo o toma parte del homenaje al pintor Máximo Moreno junto a Miguel Ríos, Luis Eduardo Aute, Pájaro o Raimundo Amador.

En 2013 Dogo se muda a León, ciudad en la que sostiene “también hay una bulla razonable (…). Eso sí, menos venenosa” en comparación con la sevillana. El reposo que ha encontrado allí se vería perturbado con la proposición de Juancho López (The Salamanders, The Crepitos, Bummer), residente en la capital leonesa y fan del proyecto Mercenario desde aquel primer EP “Rock & Roll Caliente” para que se uniera al Kurt Baker Combo en 2016 en una actuación que iban a dar en Sevilla. La experiencia debió de dejar buen sabor de boca a todos porque cuando un poco más tarde llaman a Dogo para un concierto, es éste el que invita a Juancho para que le acompañe con una banda a él. La formación con la que se rodeará para la gira de conciertos que inician en la sala El Sol de Madrid el 16 de diciembre junto a Aullido Atómico y con la que quieren conmemorar los 30 años desde la publicación del primer LP “Ansia”, es: Juancho al bajo, Xabi (La Perrera, Señor No) y Jorge Colldan (Holy Sheep, Flamarions, Terroríficos, Kurt Baker Combo) a las guitarras y Sam Bredeckikhin (Kurt Baker Combo) a la batería.

Satélite T en Bilbao el 13 de enero y Fun Club de Sevilla el 3 de febrero constituyen otras paradas de este tour que todos coinciden en considerar como una etapa diferente, sobre todo cuando en ella sólo el cantante está presente del grupo original. Dispuesto a volver a subirse a los escenarios en colaboraciones puntuales con sus antiguos compinches, con quien no podrá ya coincidir desgraciadamente más es con El Cucharilla, recientemente desaparecido.

Es evidente que el condicionamiento por el uso de sustancias es proporcional a la ingesta de estas, quiero decir, que en un principio pueden estimular la creatividad, pero a la larga se te acaba yendo la situación de las manos y se generan malos rollos y distancia entre los componentes, extendiéndose a todos los campos que envuelven la actividad musical: ensayos, grabaciones, giras…”, comenta cuando le preguntamos al respecto de la posible repercusión que los hábitos desenfrenados hubieran podido tener en su carrera. A Alfred Crespo le aseguraba tajante: “Me identifico y no reniego de ninguna de las etapas de mi vida. Soy quien soy y como soy por todo lo que me ha acontecido”.

Transeúnte habitual del lado salvaje del rock and roll, Dogo valora asimismo lo que en su opinión diferenció la música de su banda con respecto a los demás: “Creo que si hay algo que distinga mis canciones son las letras y la amplitud de tempos, me refiero a baladas, medios tiempos, y temas fuertes, envueltos en un rock and roll sin etiquetas, terciopelo y cuero a partes iguales”.

Su actual reposo en el Bierzo es compatible con el diseño de nuevos proyectos, entre los que no se descarta la grabación de un sencillo. No considera a sus actuales compañeros de viaje como mera banda de acompañamiento “sino un serio proyecto creativo de cara al futuro sin prisas pero sin grandes pausas”.

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Comentarios

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juanpedro
3 febrero, 2018 at 07:28

Muy bueno el reportaje, pero creo que hay un dato erróneo, Diego salió con 17 ó 18 años

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TGL
3 febrero, 2018 at 12:35

Muchas gracias! Ah, pues es lo que nos dijo él

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Jorge "Matute"
18 octubre, 2018 at 22:42

Eterno e incombustible Dogo.

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