Biografía de Carlos Berlanga
Figura imprescindible de las de verdad dentro del panorama musical español. Nacido en 1960 en Pozuelo de Alarcón, e hijo del afamado cineasta Luis García-Berlanga, ya en sus inicios musicales junto a Kaka de Luxe intentaría ocultar esta condición bajo el seudónimo de Darío Castro. La verdad que no le serviría de mucho, ya que enseguida corrió como la pólvora que un hijo de Berlanga estaba metido en asuntos punk, aunque lo cierto es que, dejando al margen su carácter en cierto modo transgresor, lo suyo realmente era el pop. Lo otro eran “malas compañías”.
Amigo desde la infancia de Nacho Canut “desde el mismo día en que este entró por primera vez en su habitación y descubrió un póster de Bowie”, ambos serían reclutados por El Zurdo y Alaska una mañana dominical en El Rastro de Madrid a la caza de bajo y batería. Allí tenían un tenderete con diversos enseres de entre los cuales asomaban toques retro y vainicosos que, ni que decir tiene, corrían a cargo de Carlos.
Con la incorporación de ambos a Kaka de Luxe, se seguiría sin cubrir la falta de un batería, ya que Carlos, por aquel entonces, ni cantaba ni sabía tocar instrumento alguno. Bien es sabido que en Kaka de Luxe su contribución, al margen del material gráfico que junto a Manolo Campoamor y El Zurdo servía como medio de “financiación” a la banda, era más bien escasa, dedicándose a los coros escondido tras alguna cortina siempre que tenía ocasión. Bueno, la hispanización del nombre también fue idea suya, pero realmente, sus inicios en el mundillo underground habían comenzado ligados al arte gráfico cuando en 1977, junto a Eduardo Vizcaíno de Sas (hijo de Fernando Vizcaíno Casas) había lanzado el fanzine Terry dedicado al cómic clásico.
No sería hasta sus flirteos con el Paraíso de Fernando Márquez que comenzaría a coger una guitarra y componer sus primeros temas. Decantándose finalmente por los Pegamoides, poco a poco Berlanga iría venciendo su característica timidez (real y apreciable en las numerosas entrevistas disponibles de la época) hasta conformar junto a Nacho Canut un perfecto tándem compositivo, tanto por lo prolífico como por la calidad de los resultados, generando auténticas joyas de pop nacional de todos los tiempos como “El hospital”, donde además por primera vez se atrevería a cantar.
Considerado por muchos como una persona algo desquiciada, lo cierto es que analizada su carrera con perspectiva uno se encuentra con que está construida con una coherencia pasmosa, aflorando un carácter totalmente decidido en sus momentos más críticos. Así, si no dudó en dejar Paraíso cuando apenas nada más comenzar vislumbró algo que no le convencía, lo mismo ocurriría con esta mítica formación: el grupo evolucionaba en un sentido y Carlos en otro, tanto en lo musical como ideológicamente, decidiéndose finalmente a emprender su propio proyecto.
Que por casualidades y no tan casualidades de la vida (la amistad es un factor a tener en cuenta en este caso), tanto Nacho Canut como Alaska se embarcaran finalmente en la misma aventura, es ya otra historia, porque el protagonismo, aunque nunca mediáticamente, ya recaía sobre él. O eso parecía.
Dinarama es otra de las formaciones sin las que el pop español no se podría entender. Si ya en la última etapa de Pegamoides Carlos había parido el que sería su primer himno, “Bailando”, con Dinarama se trasciende un poco más aún si cabe, creando junto a Canut temas por todos conocidos como “Perlas ensangrentadas”, “Cómo pudiste hacerme esto a mí”, “Ni tú, ni nadie” o “A quién le importa”. Y cuando digo todos, es todos. Es asombroso, inimaginable hoy día (incluso siempre algo esperanzador) comprobar cómo un grupo de carácter y estética eminentemente alternativos lograba rebasar la barrera de lo comercial llegando a todas las radios y televisiones de los hogares españoles. Que fuera concentrado únicamente en forma de Alaska no quita mérito alguno al valor de lo cosechado en conjunto. ¡Que “Deseo Carnal” (Hispavox, 1984) vendió medio millón de copias!. Y es que lo que dijo el propio Berlanga sobre “Bailando” (“es una canción super sutil, porque gustó al hortera, al moderno y a las mamás”), es bastante extensible al resto.
Sin embargo, esta aparentemente perfecta comunión, como en las mejores familias, también llegaría a su fin. Durante la gira del “Fan Fatal” (Hispavox, 1989), en una gala en Vinaroz, estalla una (lógica por la acumulación de tensiones) gran discusión entre Carlos y Nacho, el cual le recrimina que desafinara y su estado de nervios. A los tres días, Pito (el manager de Dinarama) informa a Carlos de que Olvido y Nacho no querían volver a hacer nada más junto a él. Todo esto según las declaraciones de Carlos a los medios, ya que tanto Alaska como Canut negarían haberle expulsado de la (su propia) banda. La polémica estaba servida, y este entuerto daría lugar, aparte de a su salida de la formación, a sustento para la salsa rosa (a la que tan adictos se habían confesado en innumerables ocasiones) tanto en revistas como fanzines (como el mitiquísimo LaMesaCamilla, ahora en la red), cruces dialécticos, dedicatorias musicales e incluso sentencias judiciales, pues Carlos llegaría a poner en manos de sus abogados el asunto, intentando que Dinarama no tocara sus canciones en la gira del disco en cuestión.
Realmente, ya no se trataba sólo de las discrepancias musicales originadas por el rumbo acid y electrónico del “Fan Fatal”, que, por cierto, contaba con más canciones de Los Vegetales (la banda paralela de los hermanos Canut) que de Carlos Berlanga, algo que le molestaría y mucho (“Lo llegué a aceptar, pero me molesta. A mi me parecería muy bien que las canciones que no son mías fueran de Olvido y Nacho, pero es que las canciones que no son mías están compuestas por gente que no es del grupo”), más aún viendo cómo para colmo, por primera vez el single seleccionado (“Mi novio es un zombi”) le era totalmente ajeno: el desgaste, la forma en que concebían la proyección de un espectáculo y de cómo hacer un show, el consumo de Berlanga frente al momento saludable de los otros dos (“Estaba en un grupo que, mientras yo bebo vino en las comidas, ellos beben agua, toman vitaminas y hablan de culturismo y de ponerse pantalón de ciclista porque tienen mucha pata”), en definitiva, un compendio de motivos son los que producen que en agosto se ponga oficialmente fin a la relación.
“No pienso formar un grupo nunca más. Prefiero estar solo y coger músicos contratados. Me gusta controlar lo que hago, desde el principio hasta el final, y no tener ninguna opinión que pueda cambiar lo que estoy haciendo. También tengo el proyecto de colaborar con Miguel Bosé, me apetece muchísimo. Hay gente que piensa que Miguel no procede; a mí, su último disco -“XXX” (WEA, 1987)- me parece de lo mejor que ha salido en España en los últimos años”.
Dicho y hecho. Tan sólo dos meses después, Carlos Berlanga estaba presentando el irregular “El Ángel Exterminador” (Hispavox, 1990), iniciando el reencuentro con su sello personal y distanciándose cada vez más del glam hacia posturas intimistas. Además, por si fuera poco, habría de enfrentarse él solo a las tareas compositivas, ya que como se recogería en la Rockdelux de noviembre de 1990: "Llamé a Nacho para trabajar, como siempre, las letras con él. Pero ni se ponía al teléfono. Hasta que me lo encontré en un restaurante y le dije: 'Pero Nacho, ¿qué pasa...?'. Y me contestó que no podía hacerlo porque Olvido y Pito se iban a enfadar mucho. Así que las acabé haciendo yo porque no me había planteado colaborar con nadie más”.
La escasez de promoción hizo que el disco pasara desapercibido y, en esta nueva situación para él, alejado del éxito, es donde finalmente diría encontrarse como pez en el agua. “El éxito ya lo tuve, así que no me hace falta a estas alturas. Estuve harto de éxito. Ahora vivo más tranquilo”. Ya no le era necesario huir de los fans en taxi ni enrolarse en extenuantes giras que tanto detestaba (“Me encantaría que alguien las hiciera por mí y cobrar yo”).
Desde esta nueva perspectiva, lanzaría cuatro años más tarde su siguiente largo bajo el desaparecido sello Compadres, “Indicios” (Compadres, 1994). Pero esta vez, a diferencia de su anterior trabajo, volvería a encontrar un socio para sus letras: Paloma Olivié. Aunque compañera circunstancial (no compondrían más canciones juntos), ayudó a centrar a Carlos imponiéndole una cierta disciplina que le permitió sacar a la luz un disco que, aunque de nuevo lejos del triunfo comercial (según se dice tan solo se vendieron mil quinientas copias), consiguió al menos situarse en las listas de los mejores discos del año en las revistas especializadas. Además, contaría con colaboradores de lujo para la ocasión. Hoy día es considerada sin discusión una gran obra maestra, y, afortunadamente, el sello Austrohúngaro (propiedad de Manolo y Genís de Astrud), lo escogía para poner en marcha su Año Internacional de las Reediciones en 2003.
Posteriormente se tomaría un paréntesis dedicado a componer la banda sonora de la serie de televisión “Villarriba y Villabajo” (1994), dirigida por su padre, y en retomar la pintura, faceta con la que ya se había abierto hueco en el Madrid artístico/intelectual de inicios de los 80 con sus ilustraciones, como por ejemplo, el cartel de la película “Matador” (1986) de Pedro Almodóvar. “Me gusta más pintar que componer o cantar, lo que pasa es que la música te da más satisfacciones y más pelas. Es que cada seis meses recibo pelas de la SGAE, gracias a que 'A quien le importa' se ha convertido en un himno gay cobro derechos de autor y vivo de eso. Pero pintar me gusta más...”. Aparte de las tiras de prensa para el ABC o sus estilizadas ilustraciones para la revista Vanidad, lograría exponer en ARCO sus recreaciones pop art de la realidad.
Ya en 1997, aparece su tercer álbum: “Vía Satélite Alrededor de Carlos Berlanga” (Edel, 1997), cargado de sorprendentes novedades, y no sólo musicales: la colaboración de sus viejos amigos, Alaska (coros) y Nacho Canut (letras). Lo cierto es que a pesar de su comportamiento algo ingenuo en los medios, que siempre le sonsacaban, sus declaraciones continuamente habían dejado una puerta abierta al reencuentro. Entre el gran plantel de invitados también se encontraban Jone Gabarain y Teresa Iturrioz de Le Mans, haciendo coros en buena parte del disco. Recibido con gran expectación por los medios, que celebraron la vuelta de uno de los mejores compositores de pop español de todos los tiempos, lo cierto es que se trata de su trabajo más flojo. Aún asi, Rockdelux elegiría “120 años sin ti” como mejor canción nacional del año.
“Yo siempre he querido ser una super pop star, aunque personalmente no quiera ser popular, que es otro tema. Siempre he querido tener un grupo famoso que llenara grandes locales y vendiese muchos discos, y no tengo ninguna mala conciencia por desear eso”.
Quizás por esta disyuntiva que le acompañó durante toda su vida, con su cuarto trabajo, “Impermeable” (Elefant, 2001), intentaría poner de nuevo toda la carne en el asador, logrando elaborar, una vez más, una nueva obra excelsa. Dejando de lado los experimentos de su anterior trabajo, y de nuevo junto a su amigo de toda la vida en las letras, un Carlos más sugerente que nunca no nos puede susurrar al oído más claramente que se nos va.
Él, que a sus 42 años vivía con sus padres, desencantado de Madrid por su violencia cotidiana, al igual que Carmen Santonja -que también falleció poco después de grabar el último disco de Vainica Doble, "En Familia" (Elefant, 2000)-, fallece el 5 de junio en el Hospital Montepríncipe de Madrid. En los últimos años, su enfermedad hepática se había agravado y su aspecto físico se veía deteriorado. Lo cierto es que Berlanga temía más a la vejez que a la muerte, “Tampoco me veo de mayor”, poniéndole en bandeja la partida a Sor Ibón.
Afortunadamente, nos quedan las casi doscientas canciones que compuso, alguna de ellas para artistas como Rafaella Carrá, Sara Montiel o la trash star Tamara. Muchos incluso sueñan con que algún dia sus maquetas inéditas, cassettes que Carlos iba guardando con ideas desechadas o sin desarrollar, vean la luz. Las últimas en aparecer han sido unas composiciones conjuntas con El Zurdo, “Buscando el relax”, a cargo de Las Escarlatinas en “A Todo Color” (Siesta, 2005), y "Desde el ático" a mano de una de ellas en solitario, Cristina Georgina, en "Mapa Mundi" (Siesta, 2006).
Como dijo Nacho, "no voy al velatorio porque no puedo resucitar a Carlos".
Discografía de Carlos Berlanga
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1990 |
Carlos Berlanga
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Hispavox |
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1994 |
Carlos Berlanga
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Compadres |
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1997 |
Carlos Berlanga
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Edel |
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2001 |
Carlos Berlanga
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Elefant |
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2003 |
Carlos Berlanga
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Austrohúngaro |
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Grupos similares a Carlos Berlanga
Comentarios sobre Carlos Berlanga
Información
| 50 | 60 | 70 | 80 | 90 | 00 | 10 |
| Origen |
Madrid |
| Estado |
Inactivo |
| Estilos |
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Componentes
- Carlos García-Berlanga



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