Bunbury

Antiguo líder de Héroes del Silencio, ha sabido olvidar su legado para crear una obra coherente y plagada de referentes mediterráneos y sudamericanos
Bunbury
Información general
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Origen: Zaragoza
Estilos:
  • rock
  • pop-rock
Componentes
  • Enrique Ortiz de Landázuri Izarduy

Enrique tenía doce años y cinco mil pesetas en el bolsillo. ¿Qué hacer? ¿Comprarse todos los G.I. Joes que encontrara? ¿Toda la colección de Lego? ¿Un Scalextric? No. Una guitarra eléctrica. Parece que ya desde sus inicios tenía inclinación hacia la grandilocuencia y la oscuridad. En 1980 comenzó a tocar su guitarra en un grupo llamado Apocalipsis. También tocó la batería en otro conjunto con acné; Rebel Waltz, y el bajo con unos tipos llamados Proceso Entrópico. El paso realmente importante tuvo lugar en 1984, cuando Enrique transformó un grupo llamado Zumo de Vidrio en Héroes del Silencio. Pero esa es otra historia. Éste es el prólogo de su historia en solitario.

Enrique Ortiz de Landázuri Izarduy (11 de agosto de 1968, Zaragoza), Bunbury para los amigos, destaca por su olfato e inteligencia. Su cojera hacia el barroquismo, el artificio y el divismo son obvios (su voz, por ejemplo, está más cercana al torrente de Raphael que al susurro indie), aunque no por ello negativos. Más bien al contrario. Representa una corriente muy poco explotada en España, aquélla que olvida la modestia pop, la languidez escénica o la literalidad vacua. Muestra de ello fue su decisión de abandonar el grupo Héroes del Silencio justo cuando sus superpoderes empezaban a desvanecerse. Con ello colgó cierta actitud abiertamente épica, incluso rolesca, los pañuelos en la cabeza y el pelo de anuncio de champús. El título de su primera ofrenda musical en solitario lo dice todo: “Radical Sonora” (Chrysalys, 1997). Con un ojo puesto en el ojo bueno de David Bowie, Bunbury se reinventa de buena manera.

Con un cambio radical absoluto, el disco es un compendio de sus últimos gustos; la música árabe, el drum´n´bass, y pop-rock más noventero. En "Radical Sonora" aparece un primer contacto con América, pero en la cuestión física (grabó en Los Ángeles, Puerto Rico, Guatemala) ya que en su concepto y en su estilo, es un disco más cercano a occidente. Si se notan ciertos aires árabes, fruto de su contacto directo con Marruecos. Producido por el ex-Roxy Music Phil Manzanera, el disco fue una apuesta arriesgada, totalmente antagónica a lo sucedido en Héroes. De hecho, la posterior gira promocional supuso para Bunbury un ataque de nervios constante. El público, que quizás esperaba alguna relectura que otra de su repertorio con Héroes, no se volcó con su disco todo lo que él hubiera querido. Según se dice, Enrique se planteó abandonar su carrera musical, cosa que repetirá en el futuro (como hizo Bowie también).

Tras la amenaza, tenía dos opciones; cumplirla o cambiar de registro; así que llega 1999 y publica “Pequeño” (Chrysalys, 1999). Álbum absolutamente mediterráneo, que mantiene la brisa marroquí pero que supone de nuevo un cambio brusco con respecto al anterior disco. “Pequeño” recoge la tradición de música española nunca antes explotada en la música actual; la copla, el pasodoble… y la dota de un aire marinero, cabaretero e incluso electrónico y roquero; el resultado fue aclamado por crítica y público. Así que su desesperada última obra logró que el maño recuperara su fe en su público y viceversa. "Pequeño" también supuso la confirmación de Bunbury como artista en latinoamérica. Abierta la veda, Bunbury explotó ese sonido mediterráneo fusionado y le dio otra vuelta de tuerca: “Flamingo's” (Hispavox, 2002).

Pero para entender esa evolución hay que prestar atención a su trabajo en directo. Si por algo destaca también Bunbury es por su solidez escénica. Sus conciertos son concebidos como obras teatrales bien meditadas (de nuevo habría que pensar en el Bowie de Ziggy Stardust). Su voz y, sobre todo, su interpretación se elevan en sus actuaciones cabaretescas. La gira de "Pequeño", Pequeño Cabaret Ambulante, es sin duda una de las mejores que ningún artista español haya realizado. Y la tónica circense, friki (pero de los freaks de Tod Browning) ensayada en la gira fue plasmada en el estudio en el 2002. “Flamingo's” fue creado con una banda de nueve músicos, más las colaboraciones de amiguetes como Jaime Urrutia, Quimi Portet, Shuarma, Carlos Ann o Kepa Junquera. Su disco más cabaretero, con grandes dosis de humor (a veces negro) y de despecho (por su ruptura matrimonial), fue un éxito de ventas, aunque disminuyó la calidad mostrada en "Pequeño". La aclamación popular sólo podía derivar en una cosa: otra eterna gira en España y América.

Tan poco para por casa que tiene que titular a su siguiente disco “El Viaje a Ninguna Parte” (Capitol, 2004), un disco doble consecuencia de su traducción de la música sudamericana. Quizás algunas canciones estén de más, pero aún mantiene su buen pulso componiendo y, además, muestra un ligero cambio de registro en su voz; más áspera, con mayor suciedad. Su abanico estilístico también se abre a recursos jazzísticos, rancheras, tangos o blues.

Estamos en 2005,y probablemente por un exceso de trabajo en la carretera (como músico) o por miedo al encasillamiento (De “Flamingo's” a “El Viaje a Ninguna Parte” no hay excesivas diferencias), Bunbury decide romper de nuevo con todo. Anuncia la disolución de su banda, El Huracán Ambulante, cancela la gira y se retira de forma temporal sin fecha de regreso. Lo hizo de una manera llamativa; al abandonar el escenario en un concierto en mitad de una canción: “Sácame de aquí”. La costumbre hizo pensar a sus fieles que se trataba de una boutade más, y que no tardaría en regresar. Y así fue. De hecho, esos años son los que registran un mayor número de colaboraciones y de proyectos: colabora con Revolver, Quique González, Pereza y Jaime Urrutia de nuevo. Sus proyectos son tan dispares como los grupos Los Chulis, Bushido (con Shuarma, Carlos Ann y Morti), o el proyecto “Una Noche con Panero” (Karonte/Moviedisco, 2004), donde pone música a los versos del último poeta maldito, Leopoldo María Panero.

Pero su proyecto más sólido desde su último álbum en solitario ha sido su colaboración en forma de disco con Nacho Vegas, “El Tiempo de las Cerezas” (EMI, 2006). Esa reunión de dos grandes artificieros, fabuladores de la ficción y dominadores del engaño. A ambos les gusta coquetear con el amor sucio, lo hediondo, lo prohibido y lo marginal, en las letras de sus canciones, eso sí. Esa colaboración concluyó en una mini gira, que no debió de ser muy productiva para Bunbury, que dejó a todos, creyentes y agnósticos, boquiabiertos: el regreso de Héroes del Silencio.

Dejemos al lector que delibere sobre la idoneidad de esta vuelta, pero lo cierto es que el éxito de entradas es absoluto.

Resumamos su figura: Bunbury es un personaje excesivo, por ello recauda a partes iguales amores y odios. Pero nadie le puede negar una inclemente actitud arriesgada en su personal carrera.