foto del grupo Broke Lord
Periodos activos
2014 - Actualidad
Procedencia
Pontevedra
Estado
Activo
Publicado por
Fernando Fernández Rego
Fecha publicación
07/06/2017
Estilos
No tiene fans

Hace tres años Broke Lord probó una afinación en Re abierto en una guitarra medio rota. Alguien le había dicho que era la que usaba Kid Congo Powers con los Cramps, y como Kid Congo mola, lo intentaron. Ni siquiera así aprendió a tocar la guitarra, pero de ahí salió el embrión de 'Chapel Within', la primera canción que escribió y la que cierra su primer disco, 'Death of a Flower'. Hacer canciones en ese tono más reposado en los ratos libres se fue convirtiendo en un vicio, algo disfrutable aunque secundario en el gran orden de las cosas, una vía de escape, quizá. Después, poco a poco, fue ganando protagonismo cuando otros proyectos fallaban o se ralentizaban. Un día Broke Lord recopiló maquetas y se dio cuenta de que tenía como diez canciones, y diez canciones son un disco, ¿no?, así que esos tiempos muertos de composición pasó a emplearlos también en maquinar como sacar adelante ese disco. Todo el proceso es en realidad una celebración del tiempo muerto y de sus posibilidades, y de cómo una cosa lateral, mínima, puede pasar a ser un proyecto central” así explica el periodista, músico y escritor Luis Boullosa (Gog y las Hienas Telepáticas) la gestación de su proyecto Broke Lord.

Mientras que Gog y las Hienas Telepáticas desarrollan un punk visceral e intenso que queda patente en discos como “Gloat” (Autoproducido, 2013) y “Choke / Drown” (Autoproducido, 2015), con Broke Lord nos encontramos un desarrollo intimista y poético que musicalmente se traduce en un post folk cargado de oscuridad en el que se percibe toda esa tradición rock que va de Nick Cave a Michael Gira… “si tuviera que decir dos nombres que en algún modo me influyeron cuando empecé con los temas, serían Angels of Light y Death in June. Los primeros, sobre todo por su álbum 'Everything is Good Here / Please Come Home' (Young God, 2003), que es de una perfección formal y conceptual asombrosa y por la capacidad de Gira (y de su banda) para levantar temas hipnóticos con un acorde y medio. Los segundos por esa tosquedad evanescente y tan misteriosa que tenían en origen. Sin embargo cuando iba por mitad del proceso, probablemente eso había cambiado y las figuras eran más The Fall o Lambchop. Al final del recorrido, diría que más bien Cale / Reed y bandas básicas y mágicas como Half Japanese o Beat Happening. En general, si te fijas, muchas de ellas son bandas con recursos técnicos muy limitados y que construyen cosas complejas con muy pocos mimbres. O bien gente con recursos pero que sabe administrarlos de modo muy espartano, muy minimal. Es una rama del rock&roll que me interesa, en parte por necesidad, en parte porque está más cerca de algún tipo de esencia. A veces sacaba canciones de esa gente y las grababa sólo para ver como hacían aquello.

En todo caso, uno no tiene en la cabeza a nadie cuando saca una línea de bajo o escribe una letra en una servilleta en un bar, son cosas interiorizadas, más bien, intravenosas, que se ven después. Una vez cerrado el proyecto, no me parece que haya ninguna canción excesivamente deudora de nadie. Broke Lord pertenece a la tradición de hacer lo que te de la gana: es una tradición antigua, tan rica y tan múltiple que uno puede permitirse su propia personalidad dentro de ella”.

Su primera referencia es “Death of a Flower” (Discos Belamarh and Gog Artifacts, 2017). Ocho canciones grabadas a la aventura en La Mina (Sevilla) con Raúl Pérez… “La grabación fue una locura que tiene todas las papeletas para salir mal y sale de puta madre. A la contra jugaba que casi no habíamos ensayado juntos y que era un equipo de gente que no se había tratado, musicalmente, y que venía de rollos muy dispares entre sí y muy distintos al mío (Asier Maiah, de Viva Bazooka y Los Nitxos; Marco Serrato, de Orthodox y Hidden Forces Trío; Noli Torres; Macky Chuca). Fue una especie de encuentro en la cumbre de la sima, a ver qué salía. A favor jugó que esa gente es muy buena, que sabe solucionar cosas sobre la marcha; que yo si tenía las cosas claras y que la química resultó muy natural. El estudio elegido, La Mina, en Sevilla, fue perfecto; nos dio calma, y allí estaba Raúl Pérez, que es un ángel y un profesional brutal, aportando paciencia, claridad y buenos consejos… y bueno, quizá también pasó que en algún momento toda esa gente se creyó que sí, que se podía hacer un gran disco con aquellos temas y aquellos mimbres. Para mí fue una especie de celebración. La celebración de que se pueden sacar cosas de la nada, con trabajo y un puñado de amigos bien dispuestos, y que esas cosas pueden ser buenas a cualquier nivel. ¿Querías DIY? Pues toma DIY”.

En el disco la muerte juega un papel principal, aunque muchas de las canciones son multidireccionales, dependiendo su sentido de la interpretación del oyente… “Death of a Flower’ surge de la muerte de un ser cercano y de mis reflexiones sobre como creamos un discurso sobre la vida de cada cual, que nos permite decir cuando ya no está si fue buena o mala; es decir, de lo absurdo de las convenciones que usamos como defensa ante la muerte, ante la nada. Con ‘Life of Saints’ pasa igual. El detonante es un cuadro de un martirio que recuerdo que me impresionó de pequeño, y luego habla sobre la disparidad de caracteres en una relación, creo, pero las interpretaciones sin duda pueden ser muchas. El estribillo pop, cuando es bueno, es multidireccional: le habla a mucha gente y de maneras muy diversas; es casi personalizado para cada caso y al tiempo colectivo. Quizá inconscientemente colectivo. Ese es el triunfo, cuando sucede, y depende mucho de la elección de las palabras. Las palabras tienen cargas distintas, y más distintas aún según el contexto. Aunque por supuesto uno no piensa esto con esta claridad mientras compone y escribe. Acotar lo que quise decir exactamente sería absurdo. E imposible. En cuanto al disco completo, sin pretender ser conceptual, si tiene un sentido de crecimiento, caída y renacimiento, es decir, es un círculo, como el círculo del año, que cuando vives en el campo ves muy, muy claro. Lo que pasa es que el orden de las piezas ha sido alterado, con lo cual es más bien el puzzle de un círculo, para que cada cual se lo monte. El lugar (entendamos lugar en sentido muy amplio, desde la habitación propia hasta el paisaje, desde la familia hasta el clima) influye, inevitablemente, en todo lo que haces. Quien diga que no, miente o no lo ha entendido aún. Es un disco de observaciones, también. Un poco pintado del natural. Así que, viviendo en sociedad, es normal que ocasionalmente haya una crítica soterrada, pero es retrato, más que crítica. Cuando retrato los absurdos de la mediana edad a Broke Lord sobran modelos, empezando por sí mismo”.

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