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LaFonoteca, Disco: Voy a Acabar Borracho
portada del disco Voy a Acabar Borracho

Tirando de tópicos si me permiten, el primer disco de Platero es una bocanada de aire fresco, que tapa las carencias técnicas con un rock refrescante y sin complejos. El disco es un refrito de canciones nuevas y de su primera maqueta, "Burrock'n Roll" (DRO, 1992), que entonces no había visto la luz como disco, posteriormente la filial de Warner la reeditaría.

Abriendo tenemos “Voy a acabar borracho”, animado entremés muy ligerito de mensaje, pero en la que Uoho nos administra un solo muy técnico, siguiéndole una “Tiemblan los corazones” para la que el grupo se disfraza de unos improvisados Leño, apareciendo eso sí, los primeros elementos reivindicativos entre secuencias de acordes veloces y amartillados.

“Un abecedario sin letras” tiene un tono más pachanguero, acompañado de sus guitarras que parecen engañarnos con un amago de ska, y conduciéndonos a un estribillo bailable y reconocible a un golpe de voz. “Por detrás” tiene un punto más tranquilo, la guitarra de Uoho dibuja con una pentatónica un pespunte que le da a la canción el aspecto adecuado para hacerla presentable; apelan también al sentido del humor para mofarse un poco de la clase mandataria.

Si tu te vas”, que es una versión de "Rockin' all over the world" de los británicos Status Quo, parece jugar al despiste con su inicio 100% reggae que, sin embargo, desemboca en una progresión de rock stoniano sin mucho aliciente además de la algarabía; por el contrario “Mira hacia mí” se presenta más seria y compacta, con una resolución menos banal que el corte anterior. En una línea parecida Fito hace de cronista de la realidad; cuando los vaivenes de la vida ponen a cada uno en un extremo de la balanza en “No me quieres saludar”, que se consume como un reproche a destiempo, ardiendo con la mirada cómplice del que se reconoce como comburente.

Con una introducción de guitarras redobladas en un riff atrevido y desafiante, arranca “La maté porque era mía”, que inequívocamente recuerda en su temática al “Use to love her” de los Guns ’n’ Roses (aunque no tan acústica y mucho más acelerada) o barriendo más para el solar patrio a “La mataré” de Loquillo (la cancionaca del catalán es más refinada, también es justo reconocerlo). De alguna manera recuerda muchísimo al sonido de Iron Maiden pese a que la voz de Fito y la de Bruce Dickinson disten muchísimo; Juantxu Olano parece disfrazarse de Steve Harris quedando un tema bastante resultón y sin ningún complejo.

Ya no existe la vida” parece evocar en el fondo a Simon and Garfunkel en su “The sound of silence”, cuando hablan de la incomunicación entre las personas; con un estilo musical absolutamente opuesto (que quede clarito que no tiene nada que ver), los Platero nos invitan a pensar un poco y a conocernos mejor, engalanando la melodía con ejercicios de guitarra sugerentes y eclécticos. “Déjame en paz” incluye unos tímidos teclados y pisa terreno resbaladizo; y es que no termina de comprometerse del todo, las puñaladas de una guitarra a tope de distorsión se entremezclan con acordes limpios sin distorsión alguna y no termina de arrancar mientras los compases se van sucediendo.

Me atrevo a afirmar lanzándome a la piscina que “Ramón” es -con permiso y parafraseando a Bécquer- “Un himno grande e inmenso”, descomunal canción que va de menos a más, cambiando de ritmo y dosificándose muy adecuadamente; entra de primeras fresca como una cerveza fría en pleno agosto, y deja un sabor de boca tan placentero que no tienes sino ganas de volverla a escuchar nada más terminarla.

Para acabar el disco “Imanol” se presenta como una canción sin más objetivo que el cachondeo.

Por fin Platero tiene un disco en la calle, disco que vería la luz de nuevo unos años más tarde en una reedición en 1996 cuando el grupo gozaba de fama, remasterizando y regrabando algunas partes que requerían chapa y pintura. Es un disco técnicamente deficiente, pero con mucho descaro, y con muchísima química entre los músicos, que se transmite a las canciones y por consiguiente, al oyente.

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(DRO , 1997)

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