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LaFonoteca, Disco: Vinagre y Rosas, p谩gina 3
portada del disco Vinagre y Rosas

Confirmando ampliamente un cambio en sus hábitos de trabajo, Sabina vuelve a ayudarse de buenos amigos para sacar adelante su nuevo disco. En esta ocasión firma gran parte de sus canciones junto al escritor Benjamín Prado, que ya colaboró con el jienense en su anterior trabajo "Alivio de Luto" (BMG, 2005), en un viaje a Praga que duró 8 días. Sabina dijo necesitar la ayuda del escritor madrileño porque ya no le salen las canciones tan amargas como antes. Ahora lleva una vida más tranquila que antaño, y mantiene una relación estable desde hace varios años.

Y como muestra un botón. El primer corte del CD, “Tiramisú de limón”, cuenta con la colaboración de Pereza, para “que me diera ese aire que yo tenía a los 30 años”. La canción empieza con el aire calmado que últimamente le acompaña a todas partes, pero se transforma en un rock muy interesante con la potencia justa. Le sigue “Viudita de Clicquot”, tema autobiográfico que rezuma genialidad en cada verso; una “Cristales de Bohemia” con poca chicha pese a los esfuerzos del piano por darle elegancia; siguiéndole un Sabina disfrazado de J.J. Cale en “Parte meteorológico”.

Se suceden los temas de forma rutinaria. Ahora un tema acústico tranquilito pero con la letra cuidada, o mejor que sean dos. Así pasan “Ay, Carmela”, dedicada a su hija; y “Virgen de la Amargura”, si bien esta acaba con un toque beatle que le da algo de sabor. El siguiente corte “Agua pasada” es bastante más disfrutable. Más amargo y con menos sonido del girar de la manivela de hacer canciones. Y como segundas partes nunca fueron buenas “Vinagre y rosas” no cala pese a intentar repetir la fórmula.

Con un sonido más intenso y aguerrido, “Embustera” vuelve a contar con la colaboración de Pereza dándole al disco un punto más animado. Realmente el flaco sí que puede presumir de hacer buenas letras. Ahí no le vamos a echar nada en cara: “Por mucho que me duela, debo admitir / que las otras me ven sin ropa y tú desnudo”. Y el mezclar en la coctelera el swing y el jazz, que no es nuevo para Sabina, esta vez tiene por título “Nombres impropios”. Que pese a no tener mucho gancho, la verdad es que tiene su impronta de sofisticación y no queda mal del todo.

¿Lo estaban echando en falta? Sí, faltaba la rumbita. No voy a ser cruel en esta ocasión pese a que sea previsible. Además sus rumbas suelen estar muy bien. “Menos dos alas” es sentida y está hecha con mucha pasión. Seguramente el hecho de estar dedicada al poeta ovetense Ángel González, fallecido en 2008, ha tenido bastante que ver. Justo después nos golpea “Crisis” con sus guitarras duras y pesadas. El andaluz canta muy inspirado sobre los dilemas del ahora. “A ritmo de cangrejo avanza el porvenir” sentencia el artista con lucidez.

Cierran el disco “Blues del alambique” que aprueba porque tiene su mérito hacer un blues a base de guitarras acústicas. Y el bonus trackVioletas para Violeta” dedicada a la chilena Violeta Parra, en la que Sabina se gusta en un tema emocionante en clave de blues-rock.

El disco no deja mal sabor de boca. Dándole tiempo no es que sea un disco malo. El problema es que Sabina desde el marichalazo no es el mismo. Ya no es un cantante. Ahora tiene la vitola de poeta y aunque sus letras están cuidadas al milímetro con el mimo de un artesano, no dejan de repetirse ciertos patrones que si bien son también responsables de su éxito, no tienen la brillantez de antaño. Y cuando digo antaño no me refiero necesariamente a veinticinco años antes. Diez años antes de la publicación de este disco todo el mundo se rindió a sus pies con su "19 Días y 500 Noches" (BMG,1999). Ahora da una sensación de cansancio que puede ser natural, ya cuenta sesenta primaveras. Pero que se refleja en sus trabajos y a mí particularmente no me gusta. Juzguen ustedes.

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