portada del disco Vida a Partir del Huevo

Nuevo trabajo en formato de larga duración de El Desvän del Macho después de doce años desde la edición de su disco anterior “Lumbar” (Alehop!, 1996). De nuevo en Alehop!, la grabación tuvo lugar sin embargo en los estudios de Ángel Kataraín, aunque Iñaki Bengoa, amigo de la banda y productor de trabajos anteriores, participa en la asistencia técnica.

Grabado con Arkaitz Garay a la batería, Vicente Mijangos, encargado antes de dicho instrumento, aparece simplemente como colaborador, como Ibon Urizar a la trompeta y Rafa Ferreira en las secuenciaciones y samplers.

Como en todos sus LP anteriores, uno de los temas tiene letra adaptada de José Anitua. En este caso es “El clavo”, aunque todos los demás corresponden a composiciones de José. Con la música ocurre otro tanto, ya que el cantante y guitarrista es responsable de la de todas las canciones salvo en el caso de  “Instalación y espesor del pecado” en la que fue asistido por Aitor Berastegui.

La portada es de similar calidad a la de los trabajos anteriores. Grupo que cuida este tipo de detalles de forma minuciosa, en este caso, con ayuda de Murky, uno de los responsables junto con su compañera Eva del sello, presentan un escenario de subterráneos con luces y monitores monocromos. Como ya ocurriera en el caso de “Lumbar”, el distintivo que Murky diseña para el sello es un ataud, claramente influenciado por los registros de tono siniestro trabajados por el grupo.

Planea a lo largo de todo el disco aires a guitarras de los 80: Décima Víctima, Echo and the Bunnymen son sólo posibles referencias que uno encuentra a primera vista.

El efecto de las guitarras suaviza la propuesta en lo musical. Parece responder a las ganas de experimentar con las posibilidades de incorporar instrumentos como el piano, acordeón y guitarra clásica en las oscuridades de la propuesta normal del grupo. Se consigue a veces un exceso de luminosidad que, como a los vampiros, puede molestar a los que gustaron de las siniestralidades extremas en los comienzos de El Desvän del Macho. En la mayoría de los casos, sin embargo, uno descubre asombrado cómo es posible construir oscuridad a partir de instrumentos que, por lo general, son auténticos rayos de sol. Algo similar al punk que de forma acústica eran capaces de producir los americanos Violent Femmes con su instrumentación eminentemente acústica de sus primeros albumes. Incluso la voz de José G. parece aventurarse hacia registros diferentes en algunos temas.

Tienes la sensación de no saber qué sorpresa musical te espera dentro de cada tema. Una vez que empiezan puedes llegar a oir una cantidad de sonidos y melodías inesperados, que en principio nada tienen que ver con el modo en que han comenzado. Músicas que no temen adentrarse en texturas industriales para revestir letras que trabajan las encriptaciones y crudezas explícitas de siempre.

Autopsia” quizás sea el modo natural de empezar este álbum. El halo de misterio que introducen las secuencias grabadas, se acompaña de manera casi inmediata por una guitarra que suena especialmente limpia, en lo que va a ser, uno de los aportes a las nuevas texturas del grupo.

Secuencias industriales son las que se encuentran por ejemplo en “Tos”, donde es difícil no caer en la asociación con el “Money is not our God” de Killing Joke o algunas guitarras de “Poids coq”. Las guitarra de la primera abordan tonos rock que antes no se habían trabajado. Batería machacona para comenzar con la ayuda casi inmediata para desestabilizar al oyente bienpensante de la voz de José. Se oyen además trompetas marcianas. Es ciertamente un tema enorme.

Pero es que la lista de estos temas que pudieran estar entre las mejores composiciones del grupo es muy grande. Sin alejarnos demasiado del comienzo del vinilo “Instalación y espesor del pecado” es sólo un ejemplo más. Comienza transmitiendo tranquilidad con una guitarra acústica imbatible, que tiene algún tinte de los Pixies en su versión más surf. Muy buen ritmo que se ve luego arropada por ambientes tipo Sonic Youth y unos guitarreos de lo más interesantes. Escúchala para ver que no se trata de una exageración.

Buey laborioso” no se queda a la zaga. Sostenida por guitarras contundentes, trompetas y su barniz industrial te enamora con inusitada facilidad a pesar de su aspereza.

Sigue una auténtica preciosidad: “El vaso de las gargantas felices”. Está empapada de la belleza de las atmósferas que eran capaces de crear Cocteau Twins y de los ritmos de Décima Víctima, con poderío de guitarras que forman un manto de sonido por un lado y una preciosa melodía desde una instrumentación acústica o de guitarra clásica.

El Desvän del Macho emplea un piano para llevarte como un balancín arropado por susurros de misterio en la secuencia fantasmal con la que arranca “La estación de los antepasados”. Acordeones, adaptados perfectamente a la tónica con la que evoluciona el tema. Muy rica musicalmente, con multitud de añadidos nuevos a medida que avanza el tema, eso sí, siempre bien sustentado en el esqueleto que conforma el piano. Supone un pequeño intervalo de intensidad en suspenso tras el comienzo vibrante del disco.

Con “Un cadáver de pocas horas” vuelve el tono excelente de la primera parte del disco. Una de las guitarras recuerda por momentos a sonidos de los ochenta ingleses: Echo and the Bunnymen, Psychedelic Furs. Las primeras notas con las que comienza la canción recuerdan al "La vida es cruel" de la época siniestra de Gabinete Caligari. El bajo suena arisco, oscurece el transcurso de la canción. Muy intensa. Diferente, mostrando a El Desvän del Macho explorando terrenos casi pop.

L’america” es un tema algo ralentizado. Vuelven las oscuridades con aires de Décima Víctima. Otro buen tema, y son ya varios.

Una de las letras más impactantes es la de “El clavo”.  Invita a la penetración punzante de la carne “Ser feliz tiene un precio tan alto”. “El agujero está ya infectado”. Ejemplo de que la nueva estética no está reñida con la dureza, crudeza o desolación de sus letras. Invita a penetrar la carne con un clavo.

Se apuesta por la lentitud y contención en “Acuática y yo” y el instrumental breve de “El cirujano en el lomo del perro”.

Para “El lombricero” es lícito pensar en los Cure más festivos y por qué no accesibles al mercado más amplio. El ejemplo de la construcción de oscuridades desde el brillo. Final brillantisímo y de gran intensidad.

Es un disco redondo. Completa las posibilidades del grupo, dotando su propuesta de un espectro más amplio de sonidos. Imprescindible. Sólo aterra pensar en tener que esperar casi otra década para oir un trabajo de esta categoría.

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