portada del disco Varadero

Don the Tiger es el proyecto de toda una vida de Adrián de Alfonso, por eso con “Varadero” (Canada, 2013) tenemos que hablar de nuevo viejo disco: “Don the Tiger no es un proyecto nuevo. Realmente llevo unos 20 años grabando cosas por mi cuenta y unos 10 tocando bajo ese alias. Lo único que ha cambiado esta vez es que un sello potente me ha facilitado los medios para trabajar un disco en profundidad”.

¿Por qué Varadero? Aunque podríamos pensar que es por Cuba y por la influencia de su música en el disco, realmente es por el mar y la decrepitud…  “Varadero es el lugar al que los barcos van a parar cuando están hechos una mierda".

El nombre no es casual como vemos. Adrián fusiona ruidos obsesivos y sonoridades propias con ritmos latinos (tangos, boleros, corridos...). Recurre a sus casetes para buscar ritmos y texturas. A cassettes que grabó y conservó minuciosamente desde los quince años, y a los que recurre en busca de sonidos y sentimientos perdidos.

Adrián mezcla amor y dolor, presencias y ausencias latentes. De hecho, afirma que el disco está dedicado a una chica: estando con ella, rompiendo e intentando volver con ella.

“Varadero” (Canada, 2013) está mezclado en Berlín (Transfert Studio / Reinickendorf / Wedding) entre marzo y diciembre del 2013 por Mauro Martinuz, Valerio Tricoli, Danny O’Really y el propio Adrián de Alfonso. La masterización corre a cargo de Danny O’Really em Berlín (Reinickendorf). En la grabación colaboran: Alex Reynolds (piano, coros y letras), Mark Cunningham (trompeta), Cacho Salvador (coros), Arnau Sala (involuntary drumming), Aleix Clavera (additional engineering) y Pablo Díaz-Reixa El Guincho (mixing advice).

Estamos ante un disco intenso que requiere varias escuchas para apreciarlo en su justa medida. Un trabajo atemporal, agresivo y emocionante... “Varadero es un disco de baladas. El tempo general, los silencios, las letras... Estas canciones hablan de amor, sí, pero también de asuntos más desesperados y enfermizos. Podríamos decir también que es un disco de blues, aunque las cadencias remitan sobre todo a ritmos como el tango y el bolero. De todas maneras, el prisma con el que lo enfoco tiene más que ver con el ruido que con la música ligera”, comenta Adrián.

La violencia y el peligro aparecen de forma recurrente, así como los pasajes lúgubres y fantasmagóricos, pasajes turbios envueltos en jadeos y miradas indiscretas. Estamos ante un viaje a través de la bruma, un viaje cargado de espinas y tormentas para alcanzar el puerto, la luz.

Labios” sirve de introducción desasosegante y descarnada, de puerta al lado oscuro, a “Be Bop a Lula”. Una melodía con tintes góticos que nada tiene que ver con el clásico de Gene Vincent.

En “La celada” Adrián se presenta como un crooner de taberna, acercándose al tango, para entregarnos una canción realmente preciosa. Esquemas crooner que repite en “Soportales de la Chinata”. Un corte que recuerda a un Tom Waits con filtro de tango.

Destacar “Los cuencos de mar salada”, con un esquema muy elaborado. Pop con tintes románticos muy particulares en el que los elementos entran y salen manteniendo la melodía viva en todo momento.

En “Quebrantahuesos” recurre a afinaciones de guitarra muy graves y en “Bengala”, la despedida, cambia de tercio con una caja de ritmos que evoca aires new wave.

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