portada del disco Val del Omar

Tras el disco más intenso de su carrera (y uno de los más intensos de la historia de la música española), el inabarcable "Omega" (El Europeo, 1996), junto a Enrique Morente, Lagartija Nick da un paso más en su evolución. Porque, si bien el sonido de "Omega" no se parece a nada, al fin y al cabo es la unión de dos iconoclastas de la escena española, sí hay restos de "Su" (Sony, 1995), así como de sus dos primeros discos, en lo que concierne al sonido de Lagartija Nick en tan impresionante trabajo.

"Val del Omar" (Sony, 1998) es otra cosa. Primero por el más que evidente cambio de formación. Eric Jiménez era ahora el batería de Los Planetas y el combo de Antonio Arias contaba con José Antonio Quesada a las baquetas, y no sólo eso, la guitarra de Miguel Ángel Rodriguez (y sus numerosas programaciones), acercan el sonido de Lagartija Nick definitivamente al metal. Porque, aunque "Val del Omar" comparte con "Omega" el tener como inspiración a un poeta granadino, el sonido de aquel camina más cercano al thrash, al industrial y a los precursores de eso que se llamaría nu-metal.

Si en su trilogía inicial los de Antonio Arias tenían como referente más evidente a Sonic Youth y al indie americano en "Val del Omar" se dejan influenciar por Sepultura e incluso grupos más clásicos del metal. Pero sobre todo se aprecia un gusto muy definido por grupos seducidos por las máquinas (sobre todo Fear Factory) y por el industrial clásico de principios de los 90: Nine Inch Nails y los Ministry de "Psalm 69" (Sire, 1991).

Curiosamente a este sonido más agresivo si cabe, los versos de José Val del Omar (extraños y futuristas) se amoldan como un guante. Alusiones cibernéticas y espaciales, alejadas de las ideas más cercanas a la beat generation con las que el Antonio Arias letrista regó sus tres primeros discos.

"Noosfera-síntesis" confronta un riff poderoso con una anfetamínica caja de ritmos, en la línea de "Just one fix" de Ministry (Lagartija Nick abrazan el sonido industrial y te sacuden en la cara con él en la primera canción). "Meca-mística" (una de las mejores canciones) vuelve al metal más clásico pasado una vez más por el tamiz de esos Ministry furiosos de "Jesus built my hot rod". Pero las comparaciones terminan y empiezan ahí. El tema tiene un delicioso deje andalusí que haría enrojecer de vergüenza a Medina Azahara. En "Táctil-visión" y "Persona e impersona" la voz cantante la lleva la batería, sobre todo en la estrofa, con un ritmo puramente thrash. Tanto "Inducción" como "Intervalo" (el tema más industrial del disco) están más cercanos al EBM y las máquinas campan anchamente. En "Celeste" vuelve el metal más intenso, con un Enrique Morente fascinante en el estribillo, lo que se traduce en el mejor del álbum. No nos podemos olvidar del increíble cántico místico que es "Respiro en Nueva York", y del intenso tríptico final,"Val del Omar (aceleración, trance, expansión)",  un medio tiempo misterioso que da lugar a las cavilaciones más industriosas (habría que hablar de Cabaret Voltaire), desembocando en una conclusión apoteósica.

Así, tras un álbum perfecto Lagartija Nick dieron un paso al vacío, haciendo otra vez algo nuevo y completamente único.

"El que ama arde y el que arde vuela a la velocidad de la luz."

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