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LaFonoteca, Disco: Transoceánico
portada del disco Transoceánico

Debut en formato largo del dúo hispano-argentino radicado en Sevilla. Si en sus maquetas y en su EP de adelanto habían dado muestras de una cierta sensibilidad pop muy del gusto de la segunda etapa de Jabalina (cuando descubre el pop cristalino cantado en castellano y se olvida de repetitivas fórmulas de mediocridades en inglés con guitarras distorsionadas), en este “Transoceánico” (Jabalina, 2006) reinciden en esos parámetros que limitan al norte con Family, al Este con La Casa Azul, al Oeste con Dar Ful Ful al Sur con Parade al Sur…al Sur nos encontramos con Montevideo.

Arturo Vaquero al mando de la producción dota de un sonido un poco parco y que en muchos momentos recuerda a una versión de bajo voltaje de los muy interesantes Portonovo.

Eso no quita méritos a un disco hecho con mucho cariño (o eso es lo que desprende). Ingenuas composiciones en la que las texturas sencillas a veces pecan de demasido austeras, como en “Te veo y no te veo”, lo que acaba jugando a la contra del trabajo, que se hace monótono. Buscan y no encuentran un lenguaje, tratando de encontrar la belleza de las pequeñas cosas, como en “Pasan y se van”, pero acaba pesando lo abúlico de la propuesta, el corto calado de la misma y lo esquemático de muchas de las composiciones e instrumentación (y eso que son acompañados de Marco Maril de Apenino en algunos de los temas).

Las referencias geográficas o culturales, como los bailes uruguayos de “Candombe” o “La zamba acuática“, no son más que anécdotas, porque no implementan esas músicas a las suyas propias, sino que son meras excusas referenciales. Y es una pena, porque el resultado y la sensación es que muy poco han avanzado desde sus maquetas o desde su debut con el EP “Ella y Él” (Jabalina, 2005).

Pero también hay momentos para el alborozo. La bellísima “Renos en la autopista”, “Autoinmunidad” y, sobre todo, “Nunca sabrás”, puntúan muy muy alto y se erigen como propuestas a explorar y explotar. Como los New Order de "Low Life" (Qwest, 1985), marcando el paso de los sentimientos sobre mantos de beats más o menos frágiles, como unos Postal Service con ganas de siesta, vuelan por encima del grueso del disco.

Y, sobre todo, por encima de esa empanada que lo cierra y le da nombre, que sólo consigue irritar, aburrir y dejar una sensación general bastante menos agradable de lo que habían demostrado hasta ese instante. Una pena.

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