portada del disco Todo el Mundo lo Sabe

Si en su debut Sólo los Solo prácticamente se desentendían del resto de la escena hip hop patria indagando en las raíces de la música española (flamenco, rumba) y americana (salsa, funk, r 'n' b), y en su segundo LP no sólo no miraban a los lados sino que renunciaban a volver la vista atrás, creando un disco laberíntico donde era fácil perderse, para su esperado tercer largo, los Solo apostaron abiertamente por la fiesta. “Todo el Mundo lo Sabe” (Del Palo, 2005), es, en toda regla, la “bacanal sonora” a la que se refería Juan Solo al principio del disco anterior.

Y no es que “Retorno al Principio” (Avoid, 1998) o “Quimera”  (Del Palo, 2001) sean discos de música para ascensor. En el primero, Juan dejaba muy claro en “Improviso” que Sólo los Solo estaban por el “laíto” que más le gustaba, que no era otro que el funk por el funk. Y el segundo, aunque tiraba por caminos más difíciles de andar, no le hacía ascos al ritmo y al baile. Pero las intenciones del disco del 2005 son mucho más claras. Sólo basta ver la lista de invitados para darnos cuenta que se trata de una fiesta: Quiroga, Tremendo, Shotta, Tote-King, Aqeel y un Mucho Muchacho especialmente inspirado.

Pero cuidado, esto no es un paso atrás (hacia el “laíto” comercial). Si hay algo que ha de mostrado el dúo de Rubí, es que sólo saben caminar hacia delante por muchos obstáculos que se encuentren. “Todo el Mundo lo Sabe” es un disco extraño y retorcido. Mucho más que “Quimera”, incluso. Los ritmos que programa Griffi son rebuscados y a contratiempo. Cierto es que en este está más presente que nunca el sonido setentero (wah-wahs, bajos afilados, y sobre todo, sintes al más puro estilo g-funk: George Clinton que estás en los cielos, o mejor dicho, en el espacio). El DJ / productor fuerza sus máquinas hasta el máximo, dejándolas secas (dejándonos secos).

Y ocurre el “milagro” (por otro lado, este disco es un milagro en sí mismo). Igual que pasa con Outkast en Estados Unidos (que tienen un sonido único y bizarro que no obstante ha saltado al mainstream), Sólo los Solo hacen de una tacada su disco más comercial y su disco más extraño. Porque Griffi reta al oyente a bailar con unas bases escurridizas, pero tan perfectas, que nadie pierde un solo segundo planteándose si son raras o no.

“No te pedí que vinieras pero tus pies tuvieron que venir al ritmo aunque no quisieras, aunque no quisieras. Lo quieras o no quieras” dice Juan en “Algo más”, el portentoso prólogo de “Todo el Mundo lo Sabe” al que perfectamente podrían haber bautizado con el nombre de la cuarta canción: “Baila o te mato”. Y eso es lo que hay durante todo el disco, ya sea por la parte más hedonista y caribeña de “No cabe nadie”, donde parafrasean a Celia Cruz con toda la autoridad del mundo y sin despeinarse (“Pa fuera, pa la calle. Eh, hijoputas, que aquí no cabe nadie. Quítate ya tira p'atrás que corra el aire. Ey, que no pasen que aquí no cabe nadie…”) o en la reivindicación del hip hop en “Como podamos ser”: “Me llamo versatilidad, ¿tú sabes quien soy? Yo inventé el rap en español, niño..”.

¿Exageran? No tanto.

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