portada del disco Su Nombre Era el de Todas las Mujeres

En “Balmoral” (DRO, 2009), Loquillo es capaz de reinventarse, recogiendo todas las versiones del personaje (el rockero, el cantautor, el crooner, el forajido cantante de country), y contando con todos los compositores que le han ido acompañando por el camino. Esto, unido a la caja retrospectiva publicada inmediatamente después, terminó de producir la sensación de punto y aparte. Así que este nuevo disco, tercero de los dedicados a musicar poemas, primero dedicado a la obra de un solo autor, Luis Alberto de Cuenca, se esperaba con cierta curiosidad, para ver exactamente el camino que iba a seguir.

Luis Alberto de Cuenca es uno de los poetas contemporáneos más reconocidos, un poeta moderno que ha compuesto letras de canciones rock (varios de los éxitos de la Orquesta Mondragón, por ejemplo), aficionado al cine y a los comics, políticamente incorrecto, y al que Loquillo ya se había acercado con éxito en “Con Elegancia” (Picap, 1998) realizando una excelente versión del poema “Cuando pienso en los viejos amigos”.

Partiendo de la afición al cómic de nuestros dos protagonistas, podíamos explicar su relación en diferentes viñetas. La primera nos traslada a principios de los 80, y nos muestra a un cantante que ronda los dieciocho años y los dos metros de altura, en un cuartel de la armada española, despertando todas las madrugadas de verano con el estruendo, en grandes altavoces, de una canción que decía algo así como: “Hola mi amor, yo soy tu lobo…”. Este largo cantante se juró ponerse delante alguna vez del autor de la dichosa canción y explicarle tres o cuatro conceptos claros. Mientras le hacía comer el disco, por ejemplo.

La segunda tiene lugar muchos años después, mediada la década de los 90; ese joven que hacía el servicio militar, ya es un cantante reconocido, que ha obtenido un gran éxito con sus discos de rock, y dispuesto a explorar, junto con Gabriel Sopeña, nuevos caminos, como el de musicar poemas. Así, se dispone a publicar “La Vida por Delante” (EMI / Hispavox, 1994), dedicado a poetas modernos y consagrados. Entre ellos, se baraja un nombre, el de Luis Alberto de Cuenca. Finalmente, con un número de canciones tasado, se deja para una segunda ocasión que, como hemos dicho, llegó unos años después, en su segundo trabajo dedicado a musicar la obra de poetas, el citado “Con Elegancia”. El poema de Luis Alberto de Cuenca: “Cuando pienso en los viejos amigos”, abre el disco, el resultado era francamente bueno, y Loquillo queda muy contento con él.

Una vez descubierto el poeta, según ha reconocido Loquillo, surge la idea de realizar un disco centrado en su obra, y aquí empieza la tercera de las viñetas. Decide que muchas de las obras de este poeta parecen hechas especialmente para el rock, o, mejor, especialmente para él, y empieza a fraguarse la idea de hacer un disco dedicado especialmente a este poeta que, casualmente, es el autor de la letra de la cancioncilla de marras, aquella con la que le despertaban en la mili. Así que en el año 2000, Loquillo se planta en el despacho oficial que, por entonces, ocupaba el poeta (que era Secretario de Estado de Cultura) y le plantea la idea. Sobre aquel encuentro, Luis Alberto de Cuenca ha comentado: “Cuando me dijeron que estaba Loquillo esperando me quedé patidifuso. Yo le admiraba mucho ya desde los tiempos de La Movida. Hablamos de música y de poesía, pero decidimos que habría que esperar a que yo saliera de ese despacho para poder colaborar. Y como mi vocación de estar en despachos se reduce a ratitos...”

Así que, terminada su aventura en la política, comienzan a verse más a menudo, descubriendo, a pesar de sus aparentes diferencias, muchos puntos de encuentro, naciendo una amistad y, poco a poco, comenzando a trabajar en el proyecto. Para la composición de la música y las adaptaciones, como es habitual, Loquillo recurre a Gabriel Sopeña y, para la producción y el sonido, cuenta de nuevo con Jaime Stinus, que busca una homogeneidad y una línea argumental. De esta manera, y esta es la cuarta viñeta, se cierra el círculo: Jaime Stinus es el responsable de la música de aquella insidiosa y lobuna canción despertadora de mañanas de mili.

La relación de amistad que, poco a poco, se va forjando entre Loquillo y Luis Alberto de Cuenca les lleva a menudo al bar Balmoral. Así, en el anterior disco de Loquillo, el poeta colabora en la letra de una canción, al tiempo que inspira alguna otra. Loquillo y sus colaboradores trabajaron con treinta poemas, seleccionando, finalmente, diez de los escritos por de Cuenca entre los treinta y cinco y los cincuenta años, por ser aquellos que, por edad e identificación generacional, resultaban más fáciles de creer e interpretar por el cantante. Estos diez poemas giran en torno al mundo femenino, la nostalgia y, cómo no, la ciudad de Madrid.

En cuanto al sonido, el disco es una continuación lógica del citado “Balmoral”, con las diferencias que, a la fuerza, ha de haber entre una obra coral que recogía temas de muchos compositores, en letras y músicas, y una más personal, con letras (Luis Alberto de Cuenca) y músicas (Gabriel Sopeña) de una sola persona.

En las anteriores adaptaciones de poemas, la diferencia con entregas anteriores era mucho más evidente, ya que venían precedidas de discos roqueros, grabados con Trogloditas. En esta ocasión, están unidas por una línea de continuidad, que marca la voz, la forma de cantar y la interpretación de Loquillo, excelente al hacer suyas tanto las letras como las músicas, y la producción y el sonido de Jaime Stinus que, además, se hace cargo de todas las guitarras del disco, con la elegancia y nitidez habituales ya en los últimos trabajos del loco, dando como resultado un disco brillante, variado, con temas que van del sentido del humor irreverente de “Political incorretness” al surrealismo de “Nuestra vecina”, pasando por la nostalgia de “Cuando vivías en la Castellana”, “El encuentro” o “Su nombre era el de todas las mujeres”; el romanticismo galáctico de “Alicia disfrazada de Leia Organa” (extraordinario poema y magnífica canción) o, en fin, el fantástico viaje de “La noche blanca”, la rabia de “La malcasada”, y el recitado inquietante de “La tempestad”.

En fin, el rock adulto en el que Loquillo ha sabido reinventarse y encontrar el sonido y la temática que mejor se adapta a su forma de cantar, cuidando hasta el menor de los  detalles.

Como en anteriores entregas, el extremo cuidado se extiende a la presentación, que es de las que invitan a comprar la obra: Un  disco-libro, prologado por Arturo Pérez Reverte con ilustraciones de Fernando Pereira y la letra de todas las canciones.

Ya no es una sorpresa, y puede gustar o no, pero no se puede negar el enorme trabajo para construir una obra que desprende elegancia, buen gusto y un enorme respeto por sí mismo, por el poeta y su obra, y por su público. Cosa que, obviamente, es muy de agradecer.

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Comentarios

foto del usuario Julián Molero
Julián Molero
12 diciembre, 2011 at 19:12

Excelente comentario de este último (de momento)disco de Loquillo

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angelxterminador
26 octubre, 2012 at 13:20

Maravilloso disco, y estupenda crítica, aunque no entiendo por qué se califica de surrealista a “Nuestra vecina”!!

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Rafa García-Purriños
28 octubre, 2012 at 11:37

Gracias, por la parte que me toca. Lo de surrealista, pues no sé, es un punto de vista muy personal, y es que a mí ese poema me lo parece.

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