portada del disco Solo Para Escuchar

En el 2001, ya terminada la gira de despedida/homenaje a Enrique, viene la siguiente decisión para Jesús, Ramón y Álvaro ¿Era factible seguir sin él? La mayoría de sus seguidores pensaban que sí, e iban a seguir apoyando al grupo a muerte, pero ellos tenían sus dudas, producto sin duda de tantos sinsabores. Con todo y con eso, toman la arriesgada decisión de grabar su primer disco de estudio sin él, este "Solo Para Escuchar" (DRO, 2002). Un excelente disco que se vio arropado por muy buenas ventas y un amplio seguimiento en conciertos. Colaboraciones de lujo, buen sonido y un estilo que los admiradores disfrutaron muchísimo. Todas las dudas sobre el futuro de Los Secretos quedaban despejadas.

La producción corre a cargo de Nigel Walker, como viene siendo habitual en los últimos álbumes, y tenemos ya una base rítmica estable y no músicos de sesión: Juanjo Ramos al bajo, que ya fue miembro de Los Secretos desde los 90, y Santi Fernández a la batería. Este álbum reúne todas las características que tendrán los discos de estudio de la banda tras el fallecimiento de Enrique, es decir, cuidadísima producción, un sonido muy nítido e interpretaciones musicales de primera, con un sonido muy uniforme y equilibrado, y cuando digo equilibrado me estoy refiriendo a que no hay especiales sorpresas de un tema a otro sino que existe una dinámica muy uniforme, algo que ciertamente choca con los anteriores trabajos, donde Enrique era generalmente el que sorprendía con su divina inspiración.

Álvaro es ahora el compositor y vocalista principal, aunque lo cierto es que apoyado por Jesús, dando lugar a la configuración de un pop brillante y de primera clase. A ellos se unen composiciones del eterno José María Granados ("Mientras me enseñas", "Nada que decir") y de Quique González ("Discos de antes"), más una versión de Jackson Browne ("Como un corazón") en la que él mismo colabora.

Ciertamente, la temática del disco es diferente, de un romanticismo esperanzador como en "Cada vez que tu me miras", evocadores de una ausencia ("Cada día") o de una pérdida ("Está prohibido llorar"), o incluso reflejando el anhelo de encontrar quien nos ame y nos comprenda, como en "Alguien como tú". El resultado funciona bien a todos los niveles y desde la presentación hasta cualquier solo de guitarra de Ramón o Álvaro está muy cuidado. Tanto es así que es difícil decidir cuáles temas destacan sobre los otros, pues todos ellos rayan a gran altura. Una enorme parte del publico siente prejuicios hacia este disco (y los sucesivos de estudio), sin comprender su enfoque. Cierta parte de los fans piensan que Los Secretos murieron con Enrique Urquijo y que flaco favor se le está haciendo a su memoria continuando. Lo cierto es que Enrique Urquijo era el líder de Los Secretos, pero no era Los Secretos, pues hubo y hay músicos de valía y talento capaces de hacer un enorme disco como este: ahí están Álvaro, Jesús, Ramón o Juanjo, y ahí está este trabajo, que aunque no supone nada nuevo en su discografía, no quita para que sea de muy agradable su escucha.

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