portada del disco Solo o en Compañía de Otros

Con 65 años y más de 45 en el mundo de la música, Miguel Ríos piensa que es hora de cerrar el círculo. Para ello se lanza en una nueva gira, "Memorias de la Carretera", que a su vez se presenta como su gira de retirada de los escenarios. Por ello, previamente publica este álbum, "Solo o en Compañía de Otros" (Warner, 2008), que en sus notas interiores huele mucho a despedida. Para que el cierre sea completo, la orientación del disco se plantea como decididamente rock, aunque encontramos restos del sonido de los últimos discos de Miguel. Esto se debe a que varias de las canciones incluidas aquí ya fueron publicadas previamente, haciendo una pequeña labor recopilatoria, en discos de otros artistas.

La única compuesta expresamente para este álbum es "Memorias de la carretera", y que por ello mismo da nombre a la gira, porque recoge mucha de la intención de esta. Hay otras dos inéditas, compuestas con anterioridad, que son "Subsuelo" y "Restos de stock", escritas junto a Jorge Salán (ex-Mägo de Oz) y por Quique González, respectivamente. Precisamente, y entrando ya en las ya conocidas, junto a Quique canta "Te lo dije", publicada dos años antes en su álbum "Ajuste de Cuentas" (DRO, 2006). Por mencionar algunas de las más destacadas, sobresalen "Mía", de Los Rebeldes y que ya apareciera en "Rebeldes y Rebeldes" (Blanco y Negro, 2003); "Ojos de gata" de Los Secretos, en el homenaje póstumo a Enrique Urquijo, y, especialmente, "Gran Vía", de Antonio Flores -otro talento perdido prematuramente-, en su disco tributo de 2002.

También hay hueco para las versiones; temas que, según dice Miguel Ríos en las notas interiores, le hubiera gustado haber compuesto. Son tres: "Donde pongo el cariño pongo el fuego", de Pedro Guerra; "En el ángulo muerto" del ex-091 José Ignacio Lapido, y "Bajo la lluvia" de, de nuevo, Quique González y publicada en "Salitre 48" (Universal, 2001).

Hay un hueco para todo, picoteado de aquí y allá, y por eso resulta tan sorprendente que el resultado final sea homogéneo. Y lo es, ya no simplemente por el común denominador de todas ellas que es su intérprete, sino porque este tiene la virtud de amoldarse a las exigencias de cada momento sin perder su carácter. Resulta así que, paradójicamente, el mejor disco de Miguel en esta década es el que anuncia una despedida.

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