portada del disco Slowly

Ahonda Aute en lo que ya había más que apuntado en su anterior “Ufff!” (BMG Ariola, 1990); es decir, en una querencia pop, una premeditada búsqueda de la intrascendencia y es que con casi cincuenta tacos a las espaldas la trascendencia socio-cultural y todas esas zarandajas parecían traer al pairo a este cantautor, que se baña en las suaves aguas del soft-pop de la mano de sus nuevos productores y arreglistas: Gonzalo de las Heras y Suso Sainz, que además se encargan de las guitarras y teclados respectivamente. De todos modos, esto es una evolución y no una ruptura, pues músicos habituales como Tino di Geraldo (batería y percusión), Javier Paixarino (saxos) e incluso Luis Mendo siguen apareciendo en los créditos.

Y es precisamente la canción que da título al disco la que define esa aludida evolución. Basta con echar un vistazo a los primeros versos de su letra para ver que algo ha cambiado: "Por más que me encuentre un tesoro en las fuentes del Nilo, quiero bailar un slow with you tonight, tonight. Y aunque seas la Mona Lisa o la Venus de Milo, quiero bailar un slow with you tonight, tonight. Por más que yo sea una bestia y tú seas tan bella, quiero bailar un slow with you tonight, my life. Ya puede caernos encima un diluvio de estrellas, quiero bailar un slow with you, como aquel: Till the end of time I love you slowly. Sha la la la la Sha la la la la Sha la la la la Slowly, slowly”. Y si aún cupiera alguna duda la música intercala pasajes de “Unchained melody” una de las piezas definitorias del pop. En 2000 este tema sería grabado también por Duncan Dhu.

El álbum se abre con “Animal”, una balada moderna con un Luis Eduardo incitador lúbrico entre guitarras tormentosas. Sigue el ambiente misterioso entre el oleaje y las percusiones más o menos étnicas de “Prodigios”, algo aburrida y con claras influencias de los cantautores cubanos del momento. “L'amour avec toi” y "Jacques", dos canciones con títulos –solo títulos- supuestamente franceses. La primera una piececita de pop y la segunda una balada, casi un recitativo, en la que el cantante apela entre arpegios de piano clásico a un compañero de fatigas para sobrevivir a una noche más sin amor.

Aproximación al rock urbano en “La locura que todo lo cura”, uno de los temas importantes del álbum en la que el cantautor se nos muestra tan contrariado y decepcionado como casi siempre, pero esta vez a tiempo de rock y cantando realmente muy bien.

El Aute más reconocible, el de canciones de desamor y guitarra acústica se nos aparece casi al final del CD en “De tripas corazón”. Cierra “Enamorarse o morir” con un saxo colándose por la ventana en una noche de calor para desatar el ritmo del bajo, el teclado y la batería en una nueva pieza a tiempo de rock, resultona y movida, digna de cualquier buen grupo garajero con un final entre experimental y desmadrado en el que se entrecuza una radio mal sintonizada, el “Volare” de Modugno y un cantante cambiando de idioma. Una pieza, en fin, que no queda tan lejos de un Brian Ferry, pongamos por caso.

Un disco, este “Slowly”, que demuestra varias cosas: que Aute puede funcionar como un maduro cantante pop sin dejar que las letras ahoguen la música, y, también, que demuestra las ganas de cambio de un cantante bastante cansado de ser cantautor.

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