portada del disco Satélite

La maqueta que habían grabado los madrileños Satélite en su local de ensayo de Lavapiés con sus propios medios en febrero de 2016 convenció tanto a No Thanks! como a Discos Enfermos. Tras escuchar los temas que había subido el cuarteto a su bandcamp, encargaron la masterización a Ojo y los presentaron en forma de vinilo con sobresaliente diseño. Cartonaje atractivo y diseño gráfico para la portada en un posible guiño a Sisters of Mercy.

Y es que realmente merecía la pena poder disponer de estas canciones con las que se estrenaban Satélite en formato físico. Son buena muestra de la vertiente oscura del afterpunk, la de guitarras frías, tensión eléctrica y atmósferas sintéticas que practican también, por ejemplo, Carne, Sect o Belgrado.

Empiezan las hostilidades con la crispación de de "Ojos en las paredes": la policía del pensamiento y el ojo que todo lo vigila y controla. El frío glacial de la onda siniestra puesta al servicio, no de la invocación de criaturas de ultratumba sino de la denuncia clautrofóbica ante la imposibilidad de escapar, de la ausencia de salidas. Ser fichas en un tablero en el que juegan mentes que manipulan, o cielos cubiertos de las líneas blancas de la química con la que nos quieren exterminar como a plaga de insectos. Las letras en modo anarcho-punk que dice la propia banda querer componer.

Recorre el disco una corriente eléctrica vertebrada en unas guitarras que suenan como Décima Víctima. Voces tamizadas en una dimensión casi de eco, mientras que bajo y guitarra sustentan el andamiaje de una colección de canciones realmente buenas.

"Parte del plan" tiene algo del post-punk de Gang of Four, del pop de los Pegamoides más oscuros. Algo que quizás también comparta con "Otro lugar", resultado de infiernos existenciales que consumen y que los aullidos de Raya, protagonistas en exclusiva del instrumental "El círculo" con el que abren la cara B, teatralizan tan acertadamente.

Disco plagado de momentos sobresalientes en el que se hace complicado seleccionar alguno en concreto, pero por ejemplo "Imborrables" sirve de muestra de esa combinación entre el aire oscuro de cold wave británica con la temática de opresión que transmiten las letras.

"Todo nuestro" por su parte, sirve para echar el telón congelando la atmósfera. Las voces hacen las veces de corrientes heladas de viento que dejan todo petrificado y sin viva a su paso. Mientras el tándem bajo-guitarra resulta poco menos que soberbio.

Entrega absoluta ante un disco de los que dejan huella.

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