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LaFonoteca, Disco: Salda Badago
portada del disco Salda Badago

El tercer disco de Hertzainak coincide con la desaparicion de Soñua, el sello navarro que había editado sus dos discos anteriores. Marino Goñi, responsable de un tercio de la antigua compañía, terminó al cargo de Oihuka, una de las dos partes en las que quedó fragmentado el sello. El grupo mostró entonces su interés por trabajar por Elkar, asociado finalmente también con el navarro, pero en principio con más capacidad para poder proyectar el nuevo trabajo a un mercado más amplio. Las expectactivas sin embargo no fueron satisfechas como la banda había planeado.

La portada se diseñó a partir de un dibujo de Álvarez Plagado, quien conoció al grupo a través de Bingen Mendizabal, colaborador habitual de la misma con violines y teclado. En el boceto que les envió a Hertzainak tras recibir el encargo, tuvo que eliminar una parte en la que aparecía un tipo lamiendo los pies de un Cristo porque no les pareció comercial. El resultado final, que sí que incluye, en la esquina inferior izquierda una imagen lamiendo un pie, y una escena de un lavado de pies, está compuesta por dibujos de formas antropomórficas y animales.

Para la producción escogieron específicamente a Ruper Ordorika, a pesar de que conocido de la banda por su colaboración en "Hertzainak" (Soñua, 1984) y por haber trabajado Josu Zabala, bajista y acordeonista de la formación en alguno de sus discos. Su partipación se centró, a tenor de lo declarado tiempo después, en intentar eliminar todos los elementos de barroquización y complicaciones del disco anterior. 

El disco se concibió en principio sin la participación expresa de Tito, el saxofonista que había sido clave en la locura skatalítica y tropical de la banda en sus primeras entregas. Convaleciente todavía del accidente de tráfico que había sufrido volviendo de un concierto de Tudela, su separación coincidió con el intento de Hertzainak de despegarse de tropicalidades y de poner un punto más rockero a su música. "Salda Baldago" es ciertamente un pequeño logro en ese sentido aunque ni todo el disco es rock, ni se deja de oir el saxo, siempre enorme, ocupado eso sí, en otros aromas diferentes a los que tenía como especialidad antes.

El grupo trabajó con Jean Phocas (Errobi) en el estudio que tenía el sello en Lasarte. Aunque el binomio había asegurado a muchas otras bandas del momento en la escena vasca un buen resultado, la mala suerte se cebó con Hertzainak. Una vez grabada gran parte de las canciones que se habían programado, comprobaron que las cintas utilizadas eran de mala calidad y perdían material registrado en cada vuelta. A su vez, Gari, el cantante, sufre un accidente de moto (sería el segundo en su trayectoria) y se tiene que suspender la grabación por varios meses en lo que dura la convalecencia en el hospital.

Se negocia entonces con el sello el volver a grabar todo de nuevo. Josu concedía entonces una posible pérdida de frescura por esta doble grabación. Pero el caso es que el disco destaca por una extrema elegancia en muchas de sus aristas. El arrebatador comienzo de "Txantxean" o "Salda Badago", con una aparente estructura de rock and roll clásico y Gari con maneras mucho más sofisticadas que en ocasiones pasadas tiene una destacada continuación en momentos como "Gangster berriak" o la más que memorable "Ez dago ilusio falsurik".

Con este último tema tiene uno la sensación de que es a partir del momento en que Hertzainak comienza a producir canciones de este calibre cuando se convierte en un grupo grande. "Ez dago ilusio falsurik" atrapa y te hace cantar a gritos su estribillo. No hay ya falsas ilusiones.

El comienzo de "Salda baldago" tiene propiedades hipnóticas. Es un tema enorme, con letra de Karra Elejalde, el multidisciplinar actor, amigo e incasable colaborador de la banda. Comentaba en el libro "La Confesión Radical" (Aianai, 1993) de Pedro Espinosa y Elena López Aguirre, el tener la sensación de que la traducción al euskera de los textos que él escribía en castellano para las canciones de la banda hacía que se perdiera mucho de la ironía y retruécano con los que originalmente se concebía. En el caso de "Salda baldago" ("Hay caldo") jugaba con la superposición del caldo caliente que solía tomar la cuadrilla de amigos de la banda, la sensación de confort que produce, en comparación con el frío de la calle y la subida de temperatura que genera la aparición de la policía para sofocar las protestas callejeras.

No se llega sin embargo a "Ez dago ilusio falsurik" sin haber pasado por "Esaiok", un tema atípico que cantaba no Gari, sino Josu. Decían haberse dejado convencer por el resultado de una maqueta previa en la que era el bajista el que se había lanzado a cantar una canción que dedicaran además a Bingen. Es el tema diferente que siempre gustaba de incluir la banda en sus discos. Aires de música de raiz al acordeón junto con el aire dub-tropical de fondo para ambientar la indecisión y timidez atribuida al carácter vasco en una pareja que no termina de decidirse a expresar lo que sienten por el otro. También se ha de pasar por "Ganster berriak", muy buena canción de mafiosos y democracia, y el rock and roll de "Benetakoa", quizás algo más floja.

Hay quienes vieron en Hertzainak a los Clash vascos. Quizás sea posible establecer estos puentes en temas como "Kalea hutsik", crónica de desobediencia urbana y callejera para con el policía de turno. Eran muchas las ganas de orinar como para andar con contemplaciones cuando te piden el carnet. Está bien.

"Zigorraren zai" es uno de los momentos más brillantes en la parte final del disco. El saxo de Tito se deliza serpenteante y junto a la voz de Gari y el ritmo entrecortado del tema, uno piensa en las atmósferas de Radio Futura. No es una referencia descabellada a tenor de la admiración que por ejemplo el cantante de Hertzainak profesaba por el combo madrileño.

Igualmente interesante me parece "Animatzen hauena" que parece acompañada de una especie de teclado y un saxo en su versión más elegante.

Me parece un gran disco, quizás el álbum a reinvindicar de Hertzainak.

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