portada del disco Rumble Hits

Nueva experiencia de disco compartido que propone el sello Rumble Records. En esta ocasión, Pablo, su responsable ofrece la posibilidad a Difuntos Recientes, de Zaragoza y Espermatozombies, de Madrid, de intentar la aventura conjunta, basándose en las similitudes que cree ver en ambas bandas a la hora de abordar temas lentos, con toques psychobillies y oscuros.

En una de las caras, la que Difuntos Recientes presenta con portada de la banda en foto distorsionada en lo que al aspecto cromático se refiere, y con la que parece la basílica del Pilar de fondo, tenemos los temas "1428 Elm Street" y "Aletas en Oropesa".

Empieza la primera con una combinación de juego de niños, atmósferas siniestras y unas sugerentes maneras de gestionar tensión, oscuridad y rabia desde la voz principal. Casi es el mejor de los cuatro que componen esta entrega.

"Aletas en Oropesa", o lo que es lo mismo, la fiesta en la playa interrumpida también derrocha energía. La letra no está mal, describiendo el caos generado por la irrupción de escualos no invitados al sarao en la arena, pero quizás se notan ciertos problemas en hacerla encajar, casi precipitadamente, en el hilo de la canción. La música es lo mejor, desde luego, con siniestralidades que harán las delicias de los amantes del género.

La portada de la contribución de Espermatozoides tiene un dibujo de Guillermo Díaz Molina. Mástil de guitarra que termina metamorfoseado en su extremo, en un pene eyaculante sobre el nombre del grupo. Como fondo, zombies deambulando por un cementerio en día de luna.

Los madrileños disponen de más de un tema en su repertorio en la que parecería línea argumental del sencillo, pero para éste, su debut en vinilo, han optado por dos píldorazos que apuntan otras maneras. En concreto, "La gente es gilipollas", viene a ser un descarnado punk con modos de los mismísimos Eskorbuto. Está muy bien, con momentos para devaneos más que interesantes en acoples y efectos de la guitarra. Hace suyo la canción algo que más de uno hemos pensado en multitud de ocasiones.

La inclusión de "Punki de Malasaña" suena a ganas por parte del grupo de dejar impresa su burla a imposturas desde el corazón de Madrid. Está bien aunque no sería de recibo ocultar lo atípico que puede resultar en la línea general de la banda. El teclado no se utiliza para aportar siniestralidad alguna, pero lo cierto es que hace un gran papel en colisionar con un fondo sucio y distorsionado de guitarra y batería especialmente lenta. Rut además opta por cambiar contundencia y explosión por un contoneo vocal con el que apoyar lo mordaz de la crítica. Se acepta con la condición de que publiquen sin más demora las oscuridades psychobillies que tienen en las bodegas.

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