portada del disco Rompecabezas de Moda y Perfección Moral

Ornamento y Delito vivían en su pequeño universo, autoeditándose un disco por año desde que se formaron como grupo. Pero claro, tarde o temprano alguien tenía que fijarse en su calidad, y ha sido precisamente ahora cuando Limbo Starr ha decidido apostar por ellos. La contundencia y el ruido de las anteriores grabaciones -medio disco está conformado por canciones de "Putas y Cocheros" (2009), regrabadas para la ocasión- y, sobre todo, de los directos, han quedado anestesiados por la producción de Abel Hernández, que convierte la agresividad en un sonido atmosférico que, de todas maneras, no está nada mal. Según el propio Gari, se quedaron algo sorprendidos con el resultado tan afterpunk de este "Rompecabezas de Moda y Perfección Moral" (Limbo Starr, 2010), pero están muy satisfechos con el producto final. Y si ellos están satisfechos, los demás deberíamos estarlo. Hasta ahora me fío de su criterio tanto como de sus canciones. O sea, mucho.

El disco se abre con “La policía”, inédita hasta el momento. En cuanto entra la voz lijadora de Quintanilla y la canción va despegando, es inevitable pensar que un montón de cosas buenas están por llegar. Le sigue “Loca por ti”, seguramente la más (oscuramente) pop (“felicidad / entre semana / es no salir / de la cama / ni para hacer pis”). Enseguida nos plantamos en “Madrid”, el auténtico himno de Ornamento y Delito, que ilustra como nada en el mundo esa otra cara de la ciudad (“Miles / millones / sex shops / y museos / en la capital / sólo hay coches y puteros”). Perfecta para escucharla a todo volumen al llegar a la capital de visita. Esta nueva versión pierde bastante suciedad, pero no importa demasiado: lo que cuenta es el mensaje.

“Madrid” inicia una pequeña trilogía que continúa con “Beñat”, de entre los nuevos temas, uno de los mejores. Décima Víctima a más no poder. Cuenta la historia de un joven ingeniero informático vasco que acaba de llegar a Barcelona. Melancolía y Razzmatazz. La tercera canción de la trilogía es otra vieja conocida: “Gora Aste Nagusia!”. En este caso el protagonista es, claro, Bilbao. Ese Bilbao tradicional que tres de los componentes del grupo conocen a la perfección y en el que las tradiciones están desapareciendo.

“La cita” y “Cocaína” también estaban incluidas en su anterior entrega. Aparentemente amable, tanto en la letra (nada más lejos) como en lo musical, la primera (“Vas / muy elegante / ¿una cita quizás? / no te entretengas o / se te hará tarde”) y definitivamente devastadora la segunda (“Nieva / dentro de tu cabeza feliz / nieva / y das saltos en la pista / de esquí”). Se me ocurre que ésta última habría encajado perfectamente en la banda sonora de "Trainspotting" (Danny Boyle, 1996), tanto por su temática como por su sonido, heredero directo de la Velvet Underground.

Todavía queda camino por delante. Suena “Abraham”, otra novedad llamada a transformarse en un clásico inmediato en el repertorio de la banda. La Biblia reinterpretada. “Plan de jubilación” entra poco a poco, con un nuevo sonido más próximo todavía a Joy Division, y está protagonizada por un hombre que “por fin / consiguió todo lo que deseaba / aunque aún no ha cumplido los cuarenta / y / ya está en el remanso final / aunque aún no ha cumplido los cuarenta”.

Hasta ahora ninguna de las canciones tiene demasiado de alegre, y que nadie espere otra cosa, porque la siguiente es “Canción de la muerte”. En palabras de Gari, “es una de las canciones con la que nos sentimos más orgullosos.” Y es verdad que es muy buena. Arreglos a lo Morricone incluidos. Algunas perlas: “no me molestes / en soledad / me estoy preparando para la muerte”, “si quieres vienes y te la presento / que la canción de la muerte es el único hit”, “me hablas de crisis / pobre infeliz / yo te estoy hablando de la muerte.”

Llegamos al final. Si "Putas y Cocheros" se cerraba con la espléndida “El Madrid de los Austrias”, "Rompecabezas de Moda y Perfección Moral"hace lo propio con una versión más limpia, siguiendo la constante del resto de temas. Termina la canción y el disco con una última frase: “Yo aún conservo mi revólver.” Por lo que a mí respecta, estaré contando las horas hasta que Ornamento y Delito vuelvan a desenfundar. Seguro que aciertan otra vez.

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