portada del disco Retorno al Principio

Dos extraños personajes vestidos con armaduras futurísticas miran al espectador desde un paisaje de Marte. Si nos fijamos bien no llevan escafandra alguna. La conclusión es inmediata: son marcianos.

Esta imagen, que iría de perlas para el más famoso libro de Ray Bradbury o para las aventuras de John Carter de Marte, escritas por Edgar Rice Burroughs, no es otra cosa que la portada del primer disco de Sólo los Solo: “Retorno al Principio”  (Avoid, 1998), lo cual no significa necesariamente que hayamos salido del género de la ciencia ficción. Porque del ambiente árido salpicado de ruidos eléctricos y chirriantes de la “Intro”, Juan Solo y “el hábil y suave” Griffi, nos introducen directamente al disco de hip hop con el sonido más auténtico y fascinante de la joven historia del género en España.

Esas percusiones tan calorras -que recuerdan al comienzo de “Veneno”  (CBS, 1977) hecho por los hermanos Amador junto a Kiko Veneno- y esa cita directa de Los Chichos (“son son, para que tú la bailes, son son para cantarlas al viento”) no engañan a nadie. Esto es un disco directo, duro y que bebe de tantas fuentes que es único. Para Juan y Griffi da igual. Están por el “laíto” que más le gusta: la rumba, la salsa, el flamenco y el chachachá. Pero al final todo eso no deja de ser hip hop, o, como a ellos les gusta decir una y otra vez, funk. Por eso “Retorno al Principio” no es más que la confirmación de la fantasía marciana que es para George Clinton lo funky.

Ahora, cuidado. Dejemos las cosas claras. Este no es un disco de fusión. No son un par de raperos que samplean guitarras flamencas y le ponen una base 4x4. Decir eso sería mentir, y por mentiras más pequeñas que esa la gente va de cabeza al infierno. El sonido de Sólo los Solo es tan fresco como directo. No hay ninguna imposición en lo que hacen. Les sale “así de libre”.

En “Somos Sólo los Solo” firman su carta de presentación dejando claras sus intenciones: Juan, el más chulo del barrio de la voz arenosa (“Hip hop de puta madre”) e incluso Griffi, que le coge prestado al MCsu micrófono por un momento (“Cojo el 1200 y todo se levanta, mientras María acaricia mi garganta”) pone toda la carne en asador. Los Solo saben muy bien lo que hacen y que tienen la mano tonta. “Retorno al principio”, con su fraseo rumbero sobre skratches de la voz de Juan (“yo represento”), pasando por el divertimento especialmente lúcido de “Improviso” (1 y 2) hasta “La kasta”, uno por uno ejemplos únicos de lo que puede dar de sí un micro y un sampler. En “El funeral del plástico” (con la ayuda inestimable de El Payo Malo) resucitan al vinilo con aire caribeño. “Inspiración” es, así mismo, uno de los primeros acercamientos al rythm 'n' blues contemporáneo (gracias a la suave voz de Eddine Saïd) y “Quiero que ahora me folles”, que sigue el mismo camino pero con otras intenciones: las que canta Deluxe en el estribillo que da nombre a la canción (no confundir con Xoel López). Tampoco hay que olvidarse de “La del perro”, divertida historia en la que Juan y Griffi le dan su merecido a un facha y a su pobre mascota.

Con esto y mucho más, Sólo los Solo crearon un disco único y eterno. Pueden pasar diez años, o los que quieran: no envejecerá ni uno solo. Como se le escuchó decir a un aficionado mientras aplaudía en un concierto de Enrique Morente: “Viva el arte y la valentía”. Pues eso.

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