portada del disco Resucitando Deprisa

Aunque con canciones que empezaron a gestarse en 2007, el momento en el que Diego, voz principal y guitarrista de Interceptores, vuelve de nuevo a Albacete desde Madrid, el disco no empieza realmente a grabarse hasta el verano de 2016, en un proceso que se alargaría hasta bien entrado el año siguiente, 2017. La razón principal no es otra sino las continuas idas y venidas de la formación, con continuas salidas de baterías y cambios de local.

Influyó también la devoción que en un principio sentía el cantante por la actitud de los hermanos Canut en sus proyectos de Los Vegetales e Intronautas, de no preocuparse por dejar legado grabado alguno. Pero el cambio de opinión fue radical en la, a la postre, resurrección definitiva de la banda y en un ahora-o-nunca, se desplazaron desde la capital manchega hasta los estudios La Chulona en Barajas (Madrid), antiguamente llamados Jaba, donde ddt (grupo en el que militó Diego cuando estaba en Madrid) grabó su tercer disco.

Precisamente con sus excompañeros de ddt quiso contar para los coros, pero siendo como fue la grabación en verano, y con ellos dispersos en diferentes sitios, no consiguió implicarlos todo lo que hubiera deseado. Mucho más éxito tuvo, por contra, con Maite (Viernes 13), a la que se puede apreciar en varios de los cortes de este "Resucitando Deprisa" en un capítulo especialmente cuidado, el de las melodías vocales.También es cierto que sí tuvo a Pelayo (cantante de ddt) totalmente volcado en las cuestiones de masterización y digitalización de lo grabado, procesos que llevó a cabo en su estudio móvil Sincutronic.

Tiene el disco, como en realidad anuncia ya con los huesos de la portada, una clara vocación por integrar tonos oscuros en una marco de guitarras y ambientación ramoniana. Y no sólo es por las letras, centradas en la mayoría de los casos, en cuestiones de serie B como asesinatos en serie, vampiros y monstruos de lepra contagiosa, sino en el sonido que logran. Otra indicación de las intenciones de la banda pasa por colocar para abrir el disco una versión de Parálisis Permanente, el "Esto no es". Sin desnaturalizar su origen, la llevan claramente a su terreno, haciéndola sonar con esa vocación de guitarras trepidantes que mostraron tiempo atrás Los Nikis.

Es en la primera cara donde mejor combinan esos dos elementos principales de sus preferencias (oscuridad y velocidad) y donde, a mi juicio, logran los momentos más sobresalientes del disco. Así es complicado decidirse entre la ya mencionada versión, la siguiente, "Vuelta a empezar", o "Quiere ser normal", con su arrebatador punto a lo Dandy Warhols, si es que hubiera que seleccionar la mejor canción.

Si Nacho está a la espera de pillar a todos en lo que va a ser un baño de sangre, Elizabeth no puede dejar de escuchar a esos seres extraños que la impulsan a matar. Si en la arriba mencionada "Vuelta a empezar" el protagonista utiliza el fuego redentor como elemento de dominación, la protagonista de "Al mejor postor" decidió acabar con la monotonía de su vida vendiendo su alma a un dios menor. La serie B que, efectivamente trataron desde los Ramones hasta los Vegetales y Pegamoides.

La cara B, tras el instrumental separador de fases que es "Go Interceptores", se decanta ya a una oferta más similar a la que ofrecieran un buen ramillete de bandas que podrían quedar englobadas en el espectro que determinan, por ejemplo, F.A.N.T.A. o Fast Food, banda esta última en la que uno piensa inmediatamente al escuchar el aparente guiño a The Muffs en "Desde tu local".

A destacar la electricidad de los reverbs y feedbacks con los que empiezan en "Trozos de carne"

Cierran el disco con un punto intimista con poco o nada que ver con la electricidad oscura derramada en sus primeros cortes. Y es que de hecho con su historia casi teenager de vuelta al barrio, "Puedes entrar", parecen no querer soltar amarras para caer decididamente en la zona oscura.

Me parece un gran disco, con dosis suficientes de ingredientes diferentes como para contentar a una gama amplia de oyentes. Sólo se requiere, eso sí, un gusto por las guitarras trepidantes.

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