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LaFonoteca, Disco: Repulsión
portada del disco Repulsión

Algo venía cociéndose con Claustrofobia desde hacía un tiempo. Perseverantes en una propuesta rompedora e innovadora que integraba aires flamencos y de bolero con electrónica de cajas de ritmo y sintetizadores, tenían ya tras de sí dos LPs, un sencillo compartido y una participación en un recopilatorio. Todo ello además sin haber disfrutado de una grabación con la que quedarse a gusto. Faltaba quizás ese trabajo de consolidación que les pusiera de una vez por todas en el panorama independiente.

“Repulsión” tuvo algo de eso. Editado a continuación que “El Silencio” (Justine, 1986), el otro trabajo que sacarían en el sello Justine, resultó elegido como el mejor disco de 1986 por la revista RockdeLux. Su grabación tuvo lugar en los estudios Aprilia Sonido de Barcelona donde J. F. Santandreu y Peter Eicmenberg se encargaron de las cuestiones técnicas. Para la misma contaron con unas cuantas colaboraciones para el piano, saxo, bajo y algunas programaciones y guitarras (estas últimas aportadas por el propio José Luis Escuer, el responsable de Justine).

Además de las palmas y voces de componentes de Relaciones Paralelas, un grupo gitano de Sabadell con el que ya habían coincidido a través del recopilatorio “Barcelona Ciudad Abierta: Patrik y la Marca Amarilla / Claustrofobia” (Wilde, 1983), Claustrofobia tuvo ocasión de incluir a Robert Wyatt en la nómina de colaboradores para un fraseo al más puro estilo spoken-word en el tema “Tu traición”. La oportunidad de contactar y convencer al británico para que les ayudara con la canción surgió del periodista Juan Bufill, que le había traído a la Ciudad Condal para una entrevista en el programa Estoc de Pop.

La canción se construyó sobre un fondo elegante y tranquilo combinado con coros en forma de lamentos de Pedro, en el que el recitado del artista invitado iba enardeciéndose llegando a adoptar tintes levantiscos y revolucionarios. Un tono que por otra parte coincidía a la perfección con el carácter y motivaciones de Wyatt, como el grupo tendría ocasión de comprobar una vez que éste se estableciera con su pareja durante una buena temporada en Cataluña.

Otra de las aportaciones externas relevantes llegaría de la mano de Aimé Loba, un artista de Costa de Marfil que el grupo dijo haber conocido en los bajos fondos de Barcelona y que se encargó de bongos, percusiones y voces. Inauguraban así, con la colaboración del africano, una etapa en la que su voraz apetito integrador de ritmos y tonalidades distintas incluía el mestizaje. “Mamma Winnie” fue el resultado, en el que además el sello vería ciertas posibilidades promocionales ya que fue el tema escogido para la cara A de un sencillo que acompañó al disco. La canción, en la que Pedro aportaba voz en clave de quejío flamenco como fondo a los ritmos tribales, adquiría su dosis de reivindicación reclamando igualdad para todos.

Podría decirse que algo de este mestizaje se adelantaba ligeramente en los pellizcos afro-rasta con la que se aderezaba el final de “Mis noches con Sherezade”, el tema justamente anterior, en el que, sin embargo, lo que realmente primaba era la atmósfera de placer remolón y de lasciva quietud, como de interior de club selecto, que creaban piano y percusiones.

En una especie de juego de encadenamiento a lo largo del disco, lo cierto es que, todo ese ambiente viene ya construido antes en “Velvet nights”. Las atmósferas de seducción al piano sólo se rompen con pequeños estallidos, pero la voz de María José recompone el karma justo acompañada de pinceladas de saxo.

Pero con todo, Claustrofobia expone sus principales argumentos en el arranque mismo con el tema que da título a todo el trabajo. Percusiones, programaciones, sintetizadores, palmas y voces flamencas en tono de lamento, prácticamente sin letra. Es ese matraz el que contiene lo principal, el esqueleto sonoro que probablemente mejor defina la propuesta del grupo.

Carlove” rebosa de la elegancia habitual confeccionada con guitarras, piano, las frases de Pedro completadas con maneras flamencas y el punto de electrónica básica que manejan de siempre. Es un tema completo, de los que gusta escuchar y que probablemente elijas si tienes que destacar alguno en especial del disco.

Algo parecido pasa con “La sombra sabe”, con ese aire de rumba etérea pasado por el filtro de los catalanes. Una pequeña delicia. Junto a “La elegancia de tus lágrimas”, a la que añadieron arreglos y vientos casi a la manera de Spandau Ballet, constituyen las credenciales ideales que probablemente animasen a Mario Pacheco para ficharles para engrosar la lista de aires de nuevo flamenco que apoyaba desde su sello Nuevos Medios.

Que el grupo gusta de combinar diferentes registros es para entonces cosa ya sabida. “¡Algo en el amor tiene un sabor tan amargo!” parece jugar a llevar al oyente a otro punto cardinal completamente distinto. Con guitarras que suenan tanto a algo a Byrds, a ese folk-rock anglosajón donde también transitaban The Go-Betweens o a unos Wedding Present ralentizados, construyen lírica a partir de fragmentos como “Soy un soñador entregado al placer”. Así lo proclama Pedro con ese timbre tan personal que, si bien en reposo deja campo abierto a la especulación de posibles desafinos, se aflamenca en los arrebatos raciales. Su aportación y las melodías en los coros de María José peninsulizan un tanto el resultado.

La versión del “Sex machine” de James Brown cabe englobarla igualmente en ese aire ecléctico del que hacían gala. Requiere quizás de cierta complicidad en su escucha, así como de cierto grado de pasión por ese funk explosivo.

Cierra el disco “Seppuku”, una nueva revisión de los sonidos del Imperio del Sol Naciente, al que ya se referían cuando cantaban a su querida geisha. Apostando por la lentitud para acercarse a aquellos aires, es de nuevo la voz de Pedro la que pone las pinceladas de dramatismo.

Como indicábamos al principio el disco fue un verdadero logro con el que Claustrofobia supo convencer con esa combinación multirracial, multicultural y polifónica con la que enriqueció la música de sus comienzos. El disco se hizo acompañar del ya mencionado sencillo promocional “Mamma Winnie / Los Milicianos” (Justine, 1987) y de un EP con cuatro canciones “La Elegancia de tus Lágrimas” (Justine, 1988). Se reeditaría casi al momento incluyendo acertadamente el tema “Los milicianos”.

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