portada del disco Relax

El disco elaborado tras la resaca del “Ultrasónica” (Warner, 2001) comienza con un inquietante “y estoy intentando encontrar las palabras”, continúa la senda iniciada con su anterior trabajo pero en esta ocasión surcan los cálidos mares del Sur alcanzando una mayor cohesión sonora. Apuestan en serio por la experimentación y el minimalismo llevando la electrónica a un nivel superior -ambient, chill out, blues, orquestaciones jazz…- perdiendo por primera vez las guitarras un protagonismo del que siempre gozaron en entregas anteriores. Es su disco menos inmediato y más sosegado, requiere varias escuchas para entenderlo en su justa su medida y quizás por ello ha sido en muchas ocasiones injustamente maltratado. Lo más fácil hubiese sido seguir con la fórmula del éxito asegurado pero la banda siempre se guió por el inconformismo y la autocomplacencia y eso es algo siempre valorable.

Iván en una entrevista concedida a la Mondosonoro el 16 de mayo del 2003 comentaba que "queríamos algo más austero a la hora de terminar las canciones y por eso todos esos elementos se han ido quedando fuera. Creo que el hecho de haber grabado todo en directo ha propiciado que las cosas que se han quedado al final lo han hecho porque tenían que estar ahí”. Lo cierto es que la banda se encerró a cal y canto en los estudios IZ en el País Vasco y desarrollaron las sesiones de grabación que fueron necesarias hasta encontrar la satisfacción.

El corte inicial “Ansiedad” desborda intimismo y sensualidad, susurros electrónicos que refrescan nuestra mente a modo chill out. “Inerte” llega con orquestaciones suaves, con Iván cantando relajado y confiado, bajando el tono y el volumen para articular sentimientos -“Mirando al techo podría sustraerme / y separarme de este mundo en un impulso… / Creo que aún mantengo un sentimiento dentro / que pudo ser el del comienzo”-.

Destaca el ambient paisajista de “Respuestas”, su poesía evocadora “Montones de nubes limpiando las mareas / tus ojos perdiendo la vista y la paciencia flotando tu pelo en mi memoria / y el cielo en mi bragueta” y el sentido de cercanía que transmite su grabación con esas respiraciones entrecortadas que acompasan el final. “Reiniciar” trae la oscuridad y la distorsión perdidas ante “mil bolas de luz”, y “Comernos” la dulzura y la adicción entre gotas de lluvia que rebotan contra el metal.

Bunker” suena sencilla y compleja a la vez, un ritmo perdido entre efectos y vacío con una gran riqueza instrumental, violonchelo incluido. “Audrey” trae el blues, el jazz y aires de cabaret imposible, un corte que no desentonaría en el repertorio de Bunbury.

Cierran el álbum el olor a plata quemada de “Mirna” y los casi once minutos de epopeya digital de “Dos partes”.

Podemos definir el disco como un ejercicio de estilo certero o siendo más prácticos, como su “OK Computer” personal.

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